En dónde está el poder real

En ningún país que tenga una sola fábrica de papel para diarios, ésta es propiedad de los dos periódicos de mayor circulación. Clarín y La Nación concentran las tres cuartas partes del capital accionario de Papel Prensa en tanto el cuarto restante está en manos del Estado.
Esta anomalía argentina del “capitalismo moderno” es la que impide alegar citas a la “competencia” como lo hizo un senador peronista “confiable” al defender su voto en la Cámara Alta en favor de la nueva “Ley Clarín”. (La anterior fue sancionada en tiempos de Eduardo Duhalde bajo el simpático nombre de “Ley de bienes culturales” para blindar al super-grupo mediático de su acreedores extranjeros con quienes se había endeudado para edificar la enorme red de canales de TV por cable que tejió en todo el país).
Se trata de “una ley que apoya la competencia y el libre mercado” dijo sin ruborizarse aquel legislador y levantó la mano para desregular la producción y venta de un insumo estratégico para todos los diarios del país -no solo para los dueños de PP- y por lo tanto vital para el ejercicio de la libertad de expresión. Un senador salteño le respondió a su colega: “esta ley viene a resolver el problema de Papel Prensa sociedad anónima y no del papel prensa para hacer diarios”.
El proyecto entró por Diputados de la mano de un legislador peronista -también “confiable”- y demandó apenas un par de semanas para convertirse en ley. Tal celeridad mostró cómo el Congreso de la Nación puede ser también una “escribanía” bajo el macrismo, especialmente cuando se trata de normas que favorecen al poder económico, es decir al poder real.
Resultó oportuna la discusión que se dio en el recinto sobre este tema porque mostró a las claras la forma en que el sistema político es elástico hasta la genuflexión cuando gobiernan expresiones que responden al establishment económico. Y este gobierno de CEOs es un fiel representante -como ningún otro en el actual período democrático- del, correctamente definido, poder real.
Sería muy largo de citar aquí la historia de Papel Prensa y su apropiación por los actuales poseedores. Ocurrió bajo la última dictadura cívico-militar mientras sus anteriores titulares estaban encarcelados y eran sometidos a aplicación de tormentos. El caso no fue investigado sino hasta hace pocos años y concluyó con el archivo de la causa por parte de un sistema judicial también muy dócil ante las exigencias del poder de las corporaciones.
Debe recordarse que apenas asumió Cambiemos, el presidente modificó por decreto la Ley de Medios Audiovisuales en su articulado antimonopólico para evitar la adecuación del Grupo Clarín el que, de tal modo, continuó ejerciendo su posición dominante desnaturalizando la “competencia” que tanto le preocupa al senador “confiable”.
Esta sucesión de presiones y concesiones nos revela con crudeza cómo los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial son cartón pintado ante otro poder que no tiene nombre oficial ni sede palaciega ni funcionarios públicos. Pero tiene más fortaleza y capacidad para imponer sus intereses particulares que aquellos tres juntos que dicen actuar en nombre de la República y la Constitución.