En el mundo globalizado nada hay que sea extraño

Señor Director:
Si estamos en un mundo globalizado, aunque no reconocido explícitamente, razones sobran para justificar a quien, tratando de entender el momento político de su país, ponga atención en lo que pasa más allá de unas fronteras que nunca ha sido tan frágiles como ahora.
Debe observarse la parálisis que de hecho sufre en estos días el Mercosur por la resistencia de Paraguay y Brasil y en forma menos aparente, la Argentina, a aceptar que la presidencia pro tempore pase a Venezuela, como corresponde de acuerdo a la pauta de relevo semestral, se enlaza con uno de los temas fuertes que se ha perfilado en el debate de las candidaturas y de sus respectivos programas para la próxima presidencial de los Estados Unidos.
Puede haber sido sorpresivo, mas no por eso es menos real, conocer que existió una coincidencia entre el candidato Donald Trump (republicano) y el precandidato Bernard Sanders (demócrata) en objetar la iniciativa en desarrollo de Estados Unidos para generar un Tratado que una a naciones de todo el arco del Pacífico con fines de intercambio y de integración comercial, según lo declarado, pero en el fondo como una estrategia para socavar la presencia china en todo el sector. Uno y otro, Trump y Sanders, objetan este proyecto, aunque no con los mismos argumentos. Trump, que aparece menos claro en sus motivos, lo hace porque no ve con buenos ojos que su país, con motivo de su competencia con el gigante asiático, haya permitido primero que parte de la industria y de sus secretos propios fueran puestos a disposición de los chinos, cuando las empresas de Estados Unidos (multinacionales) quisieron beneficiarse con el menor costo de la mano de obra y la tentación del enorme mercado chino.
Al parecer, los sectores obreros más lúcidos de Estados Unidos objetan esta política porque significa seguir creando empleos en el exterior, con la consiguiente reducción del mundo laboral propio. En alguna medida influye en este mismo sentido una tradición de aislamiento que Estados Unidos comenzó a romper en la primera guerra mundial y completó en la segunda, al condicionar su participación solicitada desde Europa, primero contra Alemania y luego contra Rusia (OTAN). La nueva ATT, la alianza del Pacífico, tiene una finalidad mercantil declarada, pero hay también un objetivo militar implícito y determinante. Sobre este punto da detalles Martín Granovsky, periodista de Página/12, remitiéndose a lo publicado días atrás por el Washington Post en un artículo firmado por su comentarista David Nakamura. Por lo que se lee, la alianza transpacífica se articula sobre la experiencia de la OTAN, concebida para frenar el avance ruso.
La convención demócrata, que consagró a la Clinton, aprobó el programa de gobierno y así se pudo ver que ella ha aceptado las reservas de Sanders sobre la alianza transpacífica y también sobre otros puntos del programa del senador socialista, quien condicionó su apoyo a tal decisión. Hay quienes recelan de la sinceridad de Hillary, pero algunos de sus allegados dicen que es una política que será defendida por ella de llegar a la presidencia. El motivo de esta política tiene otras connotaciones no menos significativas.
La relación de lo acontecido en las convenciones de Estados Unidos con lo que sucede con el Mercosur está clara. Paraguay y el actual gobierno de Brasil no aceptan a Venezuela para debilitar la alianza económica y comercial entre estos países y se sabe que el gobierno de Caracas, fuertemente jaqueado, objeta la alianza del Pacífico, que ya cuenta con la participación de Chile, Perú y Colombia. Argentina tiene una posición menos definida, tal vez porque está a la espera de la definición del intento de destituir a la presidenta brasileña, sometida a juicio político. Brasil es nuestro principal socio económico y su crisis viene condicionando con fuerza al gobierno argentino.
Atentamente:
Jotavé

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