En La Pampa suceden hechos muy llamativos

Señor Director:
Por la modalidad que me he impuesto como columnista, me obligo a estar al día de las novedades de Santa Rosa, de La Pampa y el mundo, tarea que si bien va a mi gusto, me ocupa tiempo y me lo priva para otros quehaceres y lecturas.
Digo lo anterior para explicar que dedico este jueves a temas locales que han llamado mi atención. Quedé inquieto al leer que los que robaron en una mercería de Santa Rosa, mediante un ardid, fueron localizados como marplatenses, donde estaban condenados por una maniobra similar (su modus operandi). La inquietud me sobrevino por algunos detalles: el perjuicio por el robo fue estimado en 40 mil pesos y los delincuentes acordaron con la propietaria de la mercería devolver ese importe en cuotas, por cuyo motivo no irán a juicio. También consta que la empleada que atendió a los habilidosos delincuentes (si está bien llamarlos así) fue despedida por la propietaria, presumiblemente porque no fue lo bastante lista al dejarse engañar. Dado que no se ha dicho que estuviese de alguna manera en complicidad con los marplatenses y que el acuerdo no parece haber contemplado su caso, esta persona viene a ser la única perjudicada. ¿No merecía, al menos, obtener una indemnización por el perjuicio sufrido?
General Pico nos hace saber que la tumba de Arquímedes Rafael Puccio, en el cementerio municipal, se ve abandonada. La fama que en vida aquilató este Arquímedes no fue matemática, aunque sí ingeniosa: urdió la manera de atraer a su residencia porteña a empresarios que eran desaparecidos, al tiempo que su dinero pasaba a manos de lo que se llamó en su momento El Clan Puccio. Esto sucedía en los ’80. Descubiertos los Puccio, el padre, Arquímedes, fue condenado a prisión, que terminó en el penal abierto de Pico. Recuperada la libertad, se quedó a vivir allí, valiéndose del título de abogado que había obtenido ya encarcelado. Muerto y no reclamado por sus deudos, fue enterrado en el camposanto piquense, donde atraía la curiosidad de alguna gente. No reclamado por sus deudos ni por alguno de los curiosos que quizás admiraron su ingenio, ahora, a poco andar (murió en 2013 a los 84 años), padece el olvido que espera a todos los vivientes y que solamente se demora en los casos de gentes como el Arquímedes de Siracusa, que sigue en la memoria humana a veintitrés siglos de distancia de su tiempo.
En la misma Pico acaba de ser vista y escuchada Norma Lambrechi, que pasó su infancia en Ojeda (zona rural), fue luego destacada modelo y ahora se dedica a escribir. Precisamente, fue a presentar su libro “Almas encadenadas”, donde relata su niñez en Ojeda y la violación sexual a que fue sometida por su padrino desde los 6 a los 11 años de edad. Dijo que ha necesitado hacer este relato como parte del proceso personal que ha debido afrontar para superar el trauma de aquella experiencia y de la no hallada respuesta acerca del papel de sus padres y familiares. Todo un tema, como es fácil advertir, aunque no sea tan fácil de imaginar sus efectos sobre la persona víctima. Contó también a nuestro corresponsal que ella se ha peleado con un juez porque éste dispuso la libertad de un violador de niños que había estado nueve años preso con buena conducta. Le dijo a ese juez que para estimar la conducta de tal individuo debería haberlo dejado dos horas con una niña…
En Santa Rosa, para cerrar, alumnos de quinto despidieron a sus compañeros de sexto, que egresaban del secundario de una escuela privada. Lo hicieron por su cuenta, alquilando un local. Y lo hicieron a su modo, cerrando la fiesta con una serie de acciones violentas, que dejaron de saldo un herido (un botellazo), un perro muerto y daños en la propiedad. Si un buen final toda una vida honra, según el famoso dicho, un final de este tipo no habla mucho en favor de la preparación con que se abren a la vida estos jovencitos. Parece que los padres pagarán daños y asunto cerrado. El perro continúa muerto.
Atentamente:
Jotavé

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