En las sombras

Poderosos intereses que siempre se mueven en las sombras están intentando torpedear la sanción de la ley que buscará regular definitivamente el uso de las columnas de las cooperativas eléctricas pampeanas. Como informó ayer este diario, empresarios de la televisión por cable son la cabeza visible de esta avanzada pero, detrás de ellos, no es difícil advertir la presencia de las grandes compañías de las telecomunicaciones que, como el Grupo Clarín, siguen con gran atención el tema.
Reconforta saber que el oficialismo mantendrá la iniciativa pese a los embates de estos poderosos lobbistas, pues se trata de un proyecto de gran importancia para el movimiento cooperativo que viene reclamando su sanción desde hace tiempo. Si las cooperativas construyen o compran las columnas, las instalan y luego las mantienen, todo a costa de su economía, es de una lógica inobjetable que sean las encargadas de administrarlas y, llegado el caso, autorizar su uso por parte de un tercero y cobrar el canon correspondiente, tal como lo estipulará la nueva normativa. El Estado, a través de la Administración Provincial de Energía, será la autoridad de aplicación y, de tal modo, el nuevo sistema buscará asegurar que no se terminen imponiendo intereses foráneos.
No es muy diferente esta incursión corporativa a la que se registró semanas atrás con motivo de discutirse la instalación de la antenas para telecomunicaciones en el Concejo Deliberante de Santa Rosa. Aunque en aquella oportunidad se apersonaron en la ciudad representantes directos de las compañías que fueron recibidos por el intendente con una hospitalidad que no les ofreció a los dirigentes de la Cooperativa Popular de Electricidad.
Quizás fue aquella experiencia y la negativa repercusión que generó en nuestro medio lo que provocó el cambio de metodología, pero a nadie le quepa duda de que el interés que persiguen es el mismo. En este caso aprovechar una infraestructura levantada con los recursos de las cooperativas -es decir, de la comunidad toda- para obtener un beneficio empresario a expensas de su uso por centavos.

El beso de la víctima
La imagen que capturó un reportero gráfico de este diario en un juzgado de General Pico no quedará en el olvido. El beso que la víctima le da a su victimario habla por sí solo de los extremos a los que puede llegar un vínculo perverso en un ámbito de violencia de género. La mujer no se detuvo en ese acto y proclamó en voz alta la inocencia del hombre que la había sometido con golpes, amenazas y hasta uso de armas.
El tribunal finalmente condenó al agresor quien, en uno de los episodios violentos, llegó a rociar con combustible el cuerpo de la mujer. Pero también encomendó una tarea muy delicada a la Unidad de Violencia Familiar de la comuna de la ciudad norteña: respaldar a la víctima mediante apoyo psicológico y “cualquier tipo de asistencia que considere necesaria”.
La violencia que ejerce un hombre sobre una mujer puede alcanzar derivaciones insospechadas. El nivel de vulnerabilidad de la víctima no puede analizarse únicamente desde la inferioridad física. Los entornos económicos, laborales, familiares adquieren también una gran relevancia a la hora de identificar los antecedentes que se manifiestan en estas relaciones patológicas.
La ligereza con que se suele prejuzgar las conductas a simple vista incomprensibles de una mujer sometida por un varón violento, obedece a la ignorancia de aquellos antecedentes que alimentan el vínculo. El conocimiento de esos factores ayuda a entender también que el problema no siempre finaliza con un juicio y una sentencia. Con frecuencia hay mucha tarea para seguir realizando, de no menor importancia que la intervención judicial. Y es allí en donde el Estado debe estar presente para reparar el daño y acompañar a la víctima en su recuperación personal y social.