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En lo económico, industricidio; y en lo político, «gatillo fácil»

LA SEMANA POLITICA

Hasta ahora el gobierno de Cambiemos venía enfatizando en la destrucción de puestos de trabajo. El eje sigue puesto allí, pero ahora retoma la doctrina Bullrich-Chocobar de «gatillo fácil» policial.
SERGIO ORTIZ
Los datos negativos de la economía siguen siendo el rasgo principal del gobierno de Mauricio Macri; la comparación con el industricidio de José Martínez de Hoz es perfectamente posible. Con la importación abierta de par en par, la caída del consumo, las altas tasas de interés y una inflación anualizada del 55,8 por ciento, la economía está en zona de descenso mundial.
Quienes más sufren las consecuencias del modelo de valorización financiera, monopolización y extranjerización de la economía, y sobre todo su «fondomonetarización», son los trabajadores y sectores populares. Son las víctimas principales, en un listado con boleto de entrada de capas medias, cooperativas, Pymes, empresas medianas y algunas grandes.
El dato saliente, en base a datos oficiales, lo dio la Universidad Nacional de Avellaneda: en lo que va del gobierno macrista se han perdido 137.000 puestos de trabajos industriales. Súmele el resto de los perdidos en otros rubros privados y estatales y tendrá una idea más acabada de los daños profundos a la economía, pero sobre todo al tejido social que viste mamelucos, guardapolvos y otras prendas de trabajo.
La Undav informó una caída del 32 por ciento en el primer cuatrimestre del año en la producción de autos y del 28 por ciento de la producción de acero. La construcción bajó casi el 12 por ciento en el primer trimestre y los bienes de capital el 40 por ciento.
Los dos cretinos que se bajaron de un auto y prendieron fuego a dos personas en situación de calle, filmando su acción, merecen la cárcel. ¿Qué pena darles a los neoliberales que ponen en la indigencia a centenares de miles de argentinos?
Todos los pronósticos macristas son interesados y mentirosos, hasta que deben admitir entre dientes otros datos. Así tuvo que reconocer Nicolás Dujovne que el PBI de este año caerá 0,8 por ciento; posiblemente se haya quedado corto y la caída sea mayor. Dante Sica declaró que la inflación está decayendo, algo que desmiente la alta tasa de inflación de precios mayoristas que aún no se ha trasladado a los minoristas.
Dicho sea de paso, en las góndolas escasean los «Precios Esenciales». Otro fraude a las expectativas de muchos que querían adquirir productos dentro de esa lista acotada, con alimentos muy necesarios excluidos de la misma.

¿Más Fondo Monetario?

El plan económico vigente tiene la marca registrada del FMI, por más que la presidencia de Macri se esfuerce en decir que es de su autoría.
Como el 80 por ciento del préstamo de 57.100 millones de dólares se habrá entregado a la actual administración, salta a la vista que el Fondo ha prestado no a un país sino a este gobierno, como bien acotó el flamante candidato presidencial Alberto Fernández que ayer debutaba en un acto en Merlo.
En las actuales condiciones políticas y económico-sociales no parece un milagro vencer electoralmente a Macri, incluido al desmentido plan V (Vidal). Lo verdaderamente difícil será gobernar la Argentina el 11 de diciembre y de allí en adelante, sobre todo cuando empiecen a sentirse los millonarios pagos de ese préstamo del FMI y demás obligaciones de la deuda externa.
Es que en simultáneo, desde los trabajadores, capas medias y medias altas habrá un reclamo muy potente para que el nuevo gobierno repare los daños más sangrantes producidos por el presidente de los Panamá Papers.
El FMI, que es imperial pero no tonto, abre sus paraguas y entabla diálogos con la CGT, así como antes con Axel Kicillof y otros dirigentes de la oposición. Incluso considera que el kirchnerismo y sus aliados pueden ser gobierno y manifiesta interés en seguir cultivando su relación con Argentina. Así lo expresó Roberto Cardarelli, encargado del caso argentino, de visita al país y que volverá a autorizar más desembolsos del último préstamo.
El gobierno de Macri es fondomonetarista obediente. Lo que está por verse es cuál es la política de la fórmula Fernández-Fernández, teniendo en cuenta que en el pasado inmediato, a partir de 2006, los kirchneristas rompieron con la entidad que regentea hoy Christine Lagarde.
Los FF están haciendo claras señales de reconciliación. El antecedente fue la referida reunión de Kicillof con Caldarelli y otro funcionario a cargo de la oficina del FMI dentro del Banco Central. Lo nuevo desde que Cristina distribuyó su sorpresivo video del sábado 18 fueron las declaraciones del promocionado Fernández en la entrevista de TN, con Eduardo Van der Kooy. Dijo que se le va a pagar al Fondo y que siempre se abonaron esas deudas. Por otro lado, Guillermo Nielsen, un economista que como él procede del riñón de Sergio Massa, declaró que hay FMI por lo menos por ocho años más.
Parece la cuadratura del círculo: ¿cómo atender los reclamos urgentes de 43 millones de argentinos, descontando el millón que se forró bien con Macri, y al mismo tiempo cumplir las obligaciones con el Fondo?
Y se remarca una cosa. Cumplir con esa entidad imperial no es sólo pagar en término los intereses y amortización de capital. Es mucho más. Es cumplir con las condicionalidades pactadas, o sea «déficit cero», reforma previsional y reforma laboral, ítems que Macri incluyó en sus tristemente célebres 10 puntos para la «Unidad Nacional».
Desde que Cristina movió sus piezas y dio un paso al costado, ungiéndose como candidata a vicepresidenta, todo el avispero político se alborotó.
En lo inmediato, esa jugada favoreció un fortalecimiento de esa fórmula, FF, pues la acompañó la mayor parte del Partido Justicialista, con seis gobernadores de ese palo y más de una docena de partidos dispuestos a cobijarse bajo la frazada de un «Frente Patriótico». Un nombre muy sugerente, pero por ahora sólo tiene su fórmula presidencial aunque carece de programa. Sus pasos inmediatos sobre temas importantes, como la deuda y la relación con el FMI, son contradictorios con su historia del decenio reciente.

Para colmo, «gatillo fácil».

Resta saber cuántos votos habrá ganado la movida cristinista; se supone que pueden ser unos cuantos.
De allí la desesperación del gobierno, por reacomodar su equipo y propuesta. En rigor, no tanto de Macri, quien pretende seguir sin modificaciones, sino sobre todo por el lado de los radicales y ministros como Rogelio Frigerio que muestran matices con el PRO. El gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo (UCR) sugirió abrir Cambiemos para sumar a Lavagna y parte del «peronismo federal». Julio Cobos, traidor a Cristina, ahora traiciona a Macri y pide que la candidata sea Vidal.
No se espere claridad del gobierno, sumido como está en un fracaso tras otro. Puede mantener a Macri como candidato o cambiarlo, pero aún así su resultado final no diferiría en más de cinco puntos, siempre abajo. Por eso cada día que pase hasta el 12 de junio, cuando se inscriban las alianzas, será de frenéticas idas y venidas, rumores, cambios y desmentidas.
Tampoco hay claridad en «Alternativa Federal», de Sergio Massa, Miguel Pichetto, Juan M. Urtubey y Juan Schiaretti, convertido en gran elector tras su victoria con el 54 por ciento en Córdoba.
Hasta hoy no pudieron alumbrar una fórmula unificada ni un procedimiento para elegirla, pues menear el mecanismo de las PASO les costó el alejamiento de Roberto Lavagna. Este se cortaría solo con Consenso 2019, con el módico acompañamiento de los socialistas y el GEN.
Si el macrismo lograra que la oposición fuera con tres fórmulas diferentes (FF, Alternativa Federal y Lavagna) entonces sí sus posibilidades casi nulas podrían tener un poco de oxígeno, por lo menos de ir a un balotaje.
Si la fórmula kirchnerista logra atraer a Massa, entonces no sería imposible un triunfo suyo en primera vuelta que hoy es improbable. Esa sumatoria es muy dudosa y el 30 de mayo se sabrá, tras el plenario del Frente Renovador.
Si Alternativa Federal puede sumar a Lavagna y sus socios menores, haciendo las PASO, entonces sí su candidato podría tener chances. De lo contrario, partidos al medio por la grieta, terminarán divididos y en la lona.
Esas son las especulaciones de los dirigentes políticos. No son todos iguales ni todas las hipótesis son negativas. Pero, sin subestimarlas, lo más importante para la población es poder alimentarse, vestirse e ir al trabajo o la escuela, dormir en su casa, no morirse de frío, etc, cosas que el macrismo ha puesto en tela de juicio cuando no las negó abruptamente.
Y otra cosa, porque no sólo de pan viven el hombre y la mujer. Que cuando cinco chicos salen y cantan en un autito usado, no los coimeen los policías corruptos ni los tiroteen por la espalda, como en San Miguel del Monte, donde el «gatillo fácil» mató a cuatro y dejó otro en terapia intensiva.
Macri tendrá que rendir cuentas, igual que Dujovne por el ajuste y Patricia Bullrich por los crímenes de su doctrina chocobariana. El tribunal no será tan indulgente como ayer el cardenal Mario Poli en la Catedral, donde solamente lo amonestó con que «es hora de ir a un gran pacto nacional». ¿Quién le dijo que Macri es parte de un acuerdo nacional? Con todo respeto monseñor, ¿quién le dio vela en este entierro?