En busca de la demanda perdida

A cada regreso de un nuevo viaje internacional la presidenta CFK se aboca al anuncio de paquetes de diversa naturaleza para enfrentar la crisis. Lo que indica un reconocimiento no solo de que el país no estaba blindado sino que el impacto puede ser más profundo que lo esperado.
EDUARDO LUCITA*
Cuando comenzó a insinuarse la crisis, poco antes de mediados del 2007, el debate en los círculos internacionales era si el ciclo alcista de la economía de los EE.UU. tendría un aterrizaje duro o suave. Entre nosotros se decía que los superávit gemelos y el nivel de reservas ponían al país a resguardo de los sacudones del mercado mundial.
Hoy este debate quedó atrás, la dureza del aterrizaje y su impacto en el resto del mundo están fuera de discusión. El debate giró entonces a si la economía se desaceleraría o entraría lisa y llanamente en recesión. Con la caída de Lheman Brothers la crisis dio un salto en calidad y su propagación fue vertiginosa, no quedó más espacio y la propia presidenta ha reconocido que ningún país del mundo escapará a sus impactos, tampoco la Argentina.

Recesión en los países desarrollados
Al día de hoy todos los integrantes del G8 (EE.UU., Canadá, Japón, Francia, Alemania, Italia, Inglaterra y Rusia) que explican casi el 60% de la economía mundial se han declarado oficialmente en recesión. Y tres de los miembros del BRIC (China, India y Brasil, el cuarto es Rusia) ven día a día como sus economías se desaceleran.
¿Cuál es entonces la discusión ahora? El tiempo de duración, y aquí es determinante como se define el origen de la crisis. Si se la ve como la explosión de una burbuja financiera que se reabsorberá no bien se termine la limpieza de capital ficticio, o si se la ve como un proceso que se desenvuelve y toma sus tiempos.
Más allá de las diferencias que las hay, conviene aquí recordar que la famosa crisis de 1930 se desató en el ’29, pero tuvo su punto máximo en 1933, cuando el PBI se desplomó y la desocupación llegó al 25%. Luego, con la nueva administración americana la economía inició un proceso de recuperación no exento de altibajos, pero como es conocido la verdadera solución lo fue la 2da. Guerra Mundial y la enorme destrucción de fuerzas productivas que significó.

Las formas de la crisis
Al desconocerse cuál será la profundidad y cuál es el piso, se dificultan los pronósticos. Para quienes la ven como la explosión de una burbuja la crisis tomará la forma de una V. Esto es que la caída será profunda pero de corta duración, y que sobre fines del 2009 comenzaría el rebote y la recuperación.
Por el contrario para quienes la ven como un proceso, que estalló por el sector financiero pero que la base de la misma está en el sector productivo y su enorme capacidad de producción instalada, se abren otras perspectivas menos alentadoras.
Por un lado se dice que tomará la forma de una U: esto es, que la caída aún no ha concluido que la recesión será profunda y de una duración media de tres años antes de iniciar la recuperación. Por el otro se dice que tomará la forma de una L, fuerte caída del PBI, desinversión y desempleo, una fase depresiva extensa.
En las últimas semanas, dentro de la forma L, comienza a hablarse de la posibilidad de una crisis “a la japonesa”. Se refieren así al estrangulamiento que sufrió la economía del Japón en los años ’90, cuando dejó de crecer durante casi una década, el PBI no se desplomaba pero tampoco tenía fuerza para desarrollarse. De acuerdo a esta interpretación marcharíamos a un estancamiento con deflación de larga duración a escala mundial.

La visión del gobierno
Si bien el gobierno no suele hacer pronósticos o moverse con caracterizaciones que superen lo coyuntural, parece haber asumido que la crisis en el país será tipo V, fuerte desaceleración que se resolverá rápidamente. De ahí que paquete tras paquete la orientación no sea otra que recuperar el nivel de demanda que todos los indicadores muestran que está en baja.
El blanqueo de capitales y la moratoria impositiva y previsional, más allá de cuestionamientos éticos y suspicacias varias, no buscan un gran éxito, con solo ingresar dos ó tres mil millones de dólares frescos por el blanqueo e ingresos fiscales adicionales por la moratoria piensan, será suficiente para mantener los equilibrios macroeconómicos en el corto plazo.
El subsidio al crédito para la adquisición de automóviles y electrodomésticos; la eliminación de la “tablita Machinea” a los salarios alcanzados por el impuesto a las ganancias buscan mantener el nivel de consumo de los que ya consumían que, además se pretende sean de ejecución inmediata. Como lo demuestra la inclusión del aguinaldo en la excepción a ganancias, el pago adicional de doscientos pesos a los jubilados en diciembre y la celeridad con que se están licitando los fondos destinados a financiar el consumo.
El plan de obras públicas, que engloba numerosas obras ya en curso o ya anunciadas, tiene el objetivo de crear 100.000 puestos de trabajo en el próximo año, compensando así los que se pierdan por terminación de obras en curso e incluso por proyectos que el sector privado congele hasta que la situación aclare.
Así el conjunto de paquetes lanzado al mercado está pensado para tener fuerte impacto en el primer semestre del 2009 -no se puede obviar el componente político y el horizonte electoral de estas medidas-. Pero la pregunta ahora es: ¿Qué pasa si la crisis no es breve? ¿Si es una crisis más duradera con el impacto social que es de prever?

* Integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda