En Gaza se reiteró el genocidio de Israel contra los palestinos

Los dirigentes políticos y militares de Israel están compitiendo para ver quién se muestra más agresivo contra la población de Gaza. Las legislativas de febrero serán ganadas por el más duro entre los duros.
EMILIO MARIN
El sábado 27, a dos días de haber expirado una tregua de seis meses entre el gobierno de Israel y el de la Franja de Gaza dominada por el Movimiento de Resistencia Islámica Hamas, el premier Ehud Olmert dio la orden de bombardear aquella población. Los ataques se centraron en la ciudad capital de Gaza y dos poblaciones ubicadas hacia el sur, Jan Junis y Rafah, este último paso fronterizo hacia Egipto.
Los misiles y bombas fueron arrojadas por aviones F-16 y helicópteros Apache, ambos de fabricación norteamericana. Lo que produce la propia industria armamentista israelí es generosamente complementada por la provisión bélica de Estados Unidos. El Estado de Israel es por lejos el mayor receptor de “ayuda militar” estadounidense en el mundo, además de otras recompensas por jugar el rol de “portaaviones” norteamericano en Medio Oriente.
El número de víctimas mortales palestinas en los bombardeos del sábado fue estimado primero en 220, luego en 280 y los últimos cálculos en 370. Pero como los heridos suman más de 1.500 y de éstos hay 120 de extrema gravedad, la lista de bajas será aún más ominosa.
Tomando este aspecto de los crímenes israelitas se puede apreciar su tendencia al agravamiento. A mediados de 2006, cuando Olmert lanzó el operativo “Lluvias de la Ira” con bombardeos, artillería y disparos de tanques contra Gaza, luego de la captura a manos de Hamas del soldado Guilad Shalit, los muertos fueron 165 en todo un mes. Ahora mataron el doble en sólo dos días.
El inventario del agresor dice que los muertos son militantes de Hamas, policías y funcionarios. Y de hecho murieron el responsable de la policía de Gaza, Taufiq Yaber; el jefe de la seguridad, Ismail El Yabary, y el gobernador del distrito de Gaza central, Abu Ashun. Pero también quedó a la vista que la nómina de fallecidos tiene un gran componente de hombres, mujeres y niños. Según agencias internacionales, que no simpatizan precisamente con la causa palestina y menos aún con la de Hamas, al menos un tercio de los muertos son civiles.
Decenas de edificios fueron derribados con gente adentro y esa cantidad excede a las oficinas gubernamentales. Viviendas, la Universidad islámica y la mezquita del hospital principal de la ciudad de Gaza fueron destruídos por los misiles poco inteligentes de Israel. Olmert, su ministro de Defensa Ehud Barak y la canciller Tzipi Livni consideran estos crímenes de guerra como “daños colaterales”, siguiendo la doctrina de George Bush y sus generales de la campaña contra Irak y Afganistán.
Hay que llamar a las cosas por su nombre. Lo que ha hecho Israel en Gaza es, otra vez, un genocidio. Esto es un holocausto contra palestinos. Ese gobierno se comporta como neonazi.

Mentiras a granel
Ante la crítica internacional a los crímenes, las autoridades israelitas apelaron a la remanida explicación de que “debían hacer algo” para frenar el lanzamiento de cohetes por militantes islámicos desde la Franja. Esa visión de las cosas, repetida por muchos medios de difusión, cae por su propio peso de embolsar tantas mentiras. La parte agredida, desde 1967 en adelante, es la palestina, que perdió allí la parte oriental de Jerusalén, Gaza y Cisjordania (Egipto fue privado de territorios que luego recuperó, Siria se quedó sin las Alturas de Golán hasta el día de hoy y El Líbano vio amputada la franja del sur, recuperada hace poco gracias a la lucha de Hizbollah).
Los acuerdos de 1993 entre Arafat y el premier Itzhak Rabin estipularon un plazo de cinco años para que los palestinos tuvieran su autonomía completa, tras lo cual se negociaría el estatus de Jerusalén oriental para plantar allí un estado independiente. Vencido con creces ese plazo, aún la mayor parte de Cisjordania permanece ocupada por Israel, de Gaza se fueron los colonos en 2005 pero cada tanto la invaden y bombardean, como en 2006 y en estos días; y de devolver parte de la Ciudad Santa no hay ni noticias.
La otra falsificación israelita es que debieron bombardear debido a los cohetes que caen en Sderot y Askhelon, ciudades suyas del sur. Esto tampoco es verdad. La prensa israelita ha publicado esta semana que el operativo “Plomo fundido” fue planificado a partir del 19 de noviembre de 2007, el mismo día que con la gestión de Egipto se estableció un cese del fuego con Hamas de seis meses de duración y que finalizó el viernes 19 de diciembre último.
Esa planificación de la agresión con tanta antelación fue fruto del cálculo del gobierno hebreo: no quería ser acusado de imprevisión. Esta última había sido la crítica que le hizo la Comisión Winograd, luego de la desastrosa invasión al Líbano a mediados de 2006 y que terminó en derrota. Esta vez no querían que sucediera algo similar. Por eso es falsa la historia de que los cohetes Qassam disparados desde Gaza fueron la “causa” del plan militar israelí. Además esas armas son bastante rudimentarias y muy esporádicamente producen alguna muerte. Números sobre la mesa: luego de que la potencia de Medio Oriente hubiera devastado Gaza, un cohete de Hamas o la Jihad Islámica, no se sabe, mató a una mujer judía en la ciudad de Netivot. 310 a 1, ese es el score de muertos. Más aún, en el semestre que duró la tregua, Israel mató a 49 palestinos en tanto éstos no causaron ninguna muerte civil a la otra parte.

Condenar al agresor
Cuando Olmert se pone en víctima, está ocultando que su administración -como continuidad de la del super halcón Ariel Sharon- está estrangulando de hambre a la población de Gaza. Y que eso genera desesperación y el lanzamiento de los Qassam. Tal bloqueo no viene sólo de los últimos meses sino desde enero de 2006, cuando los candidatos de Hamas se impusieron en las elecciones a los de la lista de Al Fatah, el partido del titular de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas.
Desde ese momento Tel Aviv dijo que “pondría a dieta” a los pobladores de Gaza. Esto debe traducirse como “matar de hambre”. Y vaya si lo hizo, pues cerró intermitentemente durante meses los pasos fronterizos para no dejar pasar alimentos, combustible ni medicinas. Por ejemplo, en el último mes de vigencia de la tregua, solamente durante siete días los camiones venidos de Egipto pudieron traspasar Rafah y otros pasos.
Los funcionarios de UNWRA, oficina de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos, clamaron al mundo para que ese bloqueo fuera levantado pues había creado una situación de crisis humanitaria. No fueron escuchados.
Miente entonces Olmert cuando afirma que reaccionó en defensa propia. Y miente también el gobierno de George Bush cuando por medio de Condoleezza Rice, al pronunciarse sobre la situación de Gaza, dice que la culpa de todo la tienen “los repetidos ataques con misiles y morteros contra Israel” y que “Hamas es responsable de la ruptura del alto al fuego”.
Sin llegar a ser tan sesgado y proisraelí, el comunicado de la cancillería argentina expuso una falla estructural, no idiomática, al criticar por igual a las dos partes en conflicto e instarlas a “poner fin de inmediato a todo acto de violencia”. No se puede ubicar en pie de igualdad al agresor y al agredido, so pena de incurrir en una lamentable versión de la “teoría de los dos demonios”. En Medio Oriente hay un solo demonio: la cúpula política y militar del Estado de Israel.
Lo que exacerba la bestialidad del gobierno de Olmert es que el 10 de febrero próximo habrá elecciones y su gobierno, del partido Kadima, lleva como candidata a sucederlo a la canciller Livni. Esta se ha corrido bien a la derecha para tratar de impedir el triunfo del ultraderechista Benjamin Netanyahu, del Likud. Los palestinos están siendo asesinados para dirimir esa interna.
Bombardear desde el aire no es tan complicado para una potencia militar de primer orden. Resta saber si Israel pondrá infantería y tanques en el terreno, invadiendo Gaza. Esto podría demorarse porque allí sí habrá bajas numerosas entre los invasores y nadie quiere pagar ese costo en plena campaña electoral.