En vilo por el acueducto

La nueva rotura del acueducto que obra como principal abastecedor de agua a la capital de La Pampa y varias poblaciones más -la segunda en una semana y cuarta en un mes- es demasiado importante como para no prestarle atención. En primer lugar porque evidencia que la obra está lejos de ser confiable en lo que respecta a su función y que pende sobre la ciudad como una hídrica espada de Damocles.
La segunda consideración apunta a la entidad y construcción de la obra. ¿Es concebible que uno de los mayores emprendimientos ingenieriles realizados por la provincia, y que demandara un gasto multimillonario en dólares, no funcione siquiera medianamente bien, con la continuidad que cabe esperar en razón de su estratégica finalidad?
Hoy se hace necesario volver a recordar que el acueducto no nació bajo buenos auspicios. En su momento se entendió como un empecinamiento de las autoridades en construirlo, pese a la opinión crítica de los más calificados especialistas de la provincia, que se inclinaban por soluciones más económicas, sencillas e igualmente efectivas. Lo mismo en cuanto a la adjudicación de los trabajos, encomendados a una empresa foránea que arrastraba pésimos antecedentes en obras realizadas en provincias vecinas.
Años atrás una alta autoridad provincial tuvo que admitir que buena parte del acueducto carecía de las necesarias pruebas hidráulicas previas a su aceptación y puesta en funciones. Esa negligencia se tradujo, como no podía ser de otra manera, en un funcionamiento deficiente. Pero a pesar de tan graves resultados nada se aclaró ni investigó, la obra quedó como estaba -mal- y los ciudadanos pampeanos debieron seguir no solamente pagándola sino también sufriendo sus fallos, cuya ocurrencia sería interesante cuantificar en cuanto a oportunidades, lugares, causas y costos de reparación. Y lo peor: creando una especie de resignación general frente a lo incorrecto.
Cada corte del suministro de agua conlleva un riesgo sanitario, especialmente en los meses más calurosos. ¿Quién asumirá responsabilidades en una desgraciada eventualidad? Por de pronto las diversas instancias que entienden en el tema han preferido minimizar el tema, diluyéndolo en sus partes en lugar de considerar el todo. De hecho, la principal de ellas, Aguas del Colorado, continúa sin dar explicaciones concretas y claras. También llama mucho la atención el hecho de que varias perforaciones del acuífero de Anguil están fuera de servicio. Esta situación merece una explicación (y una corrección) ya que se trata de la única alternativa de suministro de agua a esta capital ante cualquier rotura del ducto.
La repetida interrupción del servicio del acueducto ha sonado como un timbre de alarma en varios oídos políticos, ya que el justificado malhumor de los usuarios se torna más sensible en un año electoral. Con cercana definición de candidaturas y elecciones eludir tan pesada responsabilidad endilgándola a otros -facción o persona- se constituye en una necedad. Quizás sea tolerable desde el punto de vista estrictamente electoralista, pero ese tratamiento liviano de un problema tan grave aparece como un gesto de egoísmo hacia la sociedad.