Entre dos fuegos

¿Los hechos se encadenan al azar o hay un hilo conductor, una voluntad detrás de ellos, que los ordena? La pregunta surge al observar la sucesión de conflictos que sacuden a la Municipalidad de Santa Rosa.
El más apremiante de ellos es el fuerte reclamo gremial por una suma fija pactada a nivel provincial que el gremio entiende que también obliga a la comuna. El intendente y sus secretarios objetan esa postura y, en especial, el nivel de agresividad. La huelga por tiempo indeterminado lanzada por los municipales le termina dando la razón a las autoridades y a su queja de ser tratados con una dureza injustificada. Es que el sindicato no puede desconocer que el estrangulamiento económico de la comuna no es responsabilidad del actual intendente sino del anterior, que hasta dejó una deuda por “vacaciones no gozadas” de su equipo de funcionarios que hoy siguen gozando, buena parte de ellos, de conchabo en ignotas oficinas de la burocracia provincial, como si hubieran merecido tal premio. (En realidad el obsequio les llegó por el “pacto” electoral entre el ex intendente y el actual gobernador).
Otro desencuentro es el que tiene la municipalidad con la Casa de Gobierno, desde donde los prometidos apoyos económicos no están llegando. El ministro de Hacienda se ufanó de un envío de 40 millones de pesos, pero desde el Frepam le retrucaron que el rojo que heredaron de la gestión anterior asciende a 160 millones. Aquellas promesas formuladas meses atrás de honrar la “vieja deuda” que la Provincia tiene con la capital pampeana -así fue presentado el problema- están lejos de cumplirse.
Este doble frente de conflicto -con el gremio y el gobierno provincial- es lo que justifica la pregunta inicial de esta columna. Y también otras: ¿ya están en marcha los aprontes para comenzar el “operativo retorno” del peronismo a la codiciada comuna santarroseña? Los dos frentes ¿son en realidad un único juego de pinzas destinado a asfixiar al jefe comunal y su fuerza política?
Quizás abrumadas por un escenario tan complejo y conflictivo a los pocos meses de asumir, las autoridades comunales no estuvieron acertadas en algunas intervenciones recientes en las que mostraron escaso tacto político. La embestida contra la Cooperativa Popular de Electricidad, descargándole un tarifazo superior al mil por ciento por la tasa de “espacio aéreo” fue uno de esos casos. Como si la comuna no tuviera ya suficientes problemas, añadió innecesariamente un nuevo foco conflictivo. Hasta el apoyo de los bloques peronistas en el Concejo Deliberante puede leerse en clave política y despertar suspicacias. Es bien sabido que el justicialismo nunca vio con buenos ojos a la conducción de la CPE porque, en su voluntad hegemónica, no logró arrastrarla bajo su ala. De ahí que su voto en favor del tarifazo pudo aparecer en superficie como un respaldo al Ejecutivo, pero también una oportunidad para hacerle las cosas difíciles a la cooperativa y, de paso, abrir la puerta a un nuevo dolor de cabeza para el intendente, lo cual sirve a sus propósitos de desgastarlo y pavimentar el regreso a San Martín 50. Otra jugada pudo verse con la propuesta de los bloques opositores de “autorizar” el uso de los plazos fijos para afrontar el pago de la reclamada suma fija, una iniciativa “inocua”, según el Frepam, pues no hace falta tal “permiso”, sin embargo sirvió para poner en una situación incómoda al oficialismo comunal.
El acercamiento del intendente al PRO en momentos en que su partido está alejándose de la alianza, aparece como una búsqueda de apoyo ante tantas turbulencia que enfrenta. Necesitado de recursos económicos, con un gremio belicoso y un PJ que desde la Provincia y el propio CD no le hace las cosas fáciles, al intendente le queda el gobierno nacional. La pertenencia a Cambiemos debería abrirle puertas pero, como suele suceder, Buenos Aires está demasiado lejos y desde su despachos no siempre se comprenden las urgencias del interior.

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