Entre el cumplimiento de las promesas y las nuevas complicaciones

A LAS PUERTAS DEL FAMOSO SEGUNDO SEMESTRE

Si hay algo que el gobierno Macri está cumpliendo al pie de la letra de su campaña son las promesas de
desregulación de la economía y la “integración al mundo”, sin embargo cada medida genera nuevas complicaciones.
EDUARDO LUCITA*
La desregulación de la economía sigue en general el curso que traza la economía neoclásica a la que adhieren los principales economistas de cabecera del presidente. En los primeros seis meses de gobierno las promesas se materializaron en a) la devaluación y el dejar librado el tipo de cambio al libre juego de la oferta y la demanda, claro que aquí sus supuestos eran que los precios ya se habían anticipado al nuevo valor del dólar, por lo tanto no incidiría en la inflación. Obviamente esto no fue así y los empresarios remarcaron antes, durante y después de la devaluación. b) El abandono de una política de administración de las reservas (mal llamada cepo), para esto debió tomar un crédito puente de cinco mil millones de dólares a tasas bastante onerosas. c) Quita de las retenciones a las producciones agrarias de las economías regionales, reducción a las que gravan las exportaciones de soja y eliminación de los derechos de exportación a los productos industriales, con lo que redujo importantes ingresos al fisco. La reducción de los subsidios a los servicios públicos (léase tarifazo) fue de tal magnitud que no pasa día que nuevos sectores se sumen a distintas variante de tarifa social, con lo que la reducción del déficit público no es lo que se esperaba, por el contrario diversos cálculos estiman que será igual al del 2015.
La integración al mundo (en el supuesto de que antes el país estuviera aislado) tiene sus puntos más destacados en la participación del presidente en el Foro de Davos (el cenáculo neoliberal de los principales empresarios y financistas del mundo); los encuentros con los presidentes de Estados Unidos, de Francia y el primer ministro de Inglaterra; sus posiciones frente a la crisis venezolana y su acercamiento a la Alianza para el Pacífico. Pero el punto central de esta integración está en el regreso del endeudamiento externo.

Reendeudamiento.
Desde enero a hoy se convirtieron yuanes del swap chino por 3.086 millones de dólares con los que se reforzaron las reservas. Se efectivizó el llamado nuevo megacanje, el cambio de 16.000 millones de pesos en letras del tesoro nacional, intransferibles y a muy baja tasa, en poder del BCRA, por bonos con vencimientos a 7, 10 y 12 años con tasas levemente inferiores al 7 por ciento, que nuevamente incluyen la sesión de soberanía jurídica a favor de los tribunales del Estado de Nueva York.
Estos bonos fueron la garantía del préstamo puente por cinco mil millones de dólares negociado con siete bancos internacionales (HSBC, BBVA, JPMorgan, Citi, Deutsche Bank y UBS). Con esta operación se cambió deuda interestatal por deuda externa. Claro que se trata de deuda potencial porque el Estado podría recuperarla a fin de año o tal vez antes.
Por la negociación con los fondos buitre el Estado nacional realizó una emisión récord de bonos a cinco, diez y treinta años por 16.500 millones de dólares a una tasa promedio del 7.5 por ciento. A los buitre les pagó un total de 11.684 millones de dólares (2.190 corresponden a tenedores que no tenían sentencia, 6.562 a los que tenían fallos a favor y 3.311 a los bonos con legislación de otras jurisdicciones) a esto hay que sumarles unos 300 millones que serían los honorarios de los abogados de los fondos y otros ítems. La diferencia de unos 4.500 millones va a financiar déficit y obras de infraestructura según resolvió el Congreso Nacional.
A la emisión del Estado nacional debe sumarse la colocación de deuda de los estados provinciales (Buenos Aires, Neuquén, Mendoza, Córdoba y CABA) y la de empresas como YPF e IRSA.
En estos seis meses de gobierno Macri se emitieron bonos por la cifra récord de 22.960 millones de dólares. No se incluye aquí la deuda potencial de cinco mil millones de garantía por el préstamo puente.

Esto recién comienza.
El gobierno presenta como su principal virtud la buena letra frente a los organismos y al poder financiero internacional para generar confianza y atraer capitales productivos, lo que hasta ahora no rindió frutos. Es una lógica inversa a la del gobierno anterior, que hacía eje en el desendeudamiento, del que ahora saca buen partido el gobierno actual ya que se encuentra con una relación deuda externa/PBI baja en términos de comparaciones internacionales.
Si se estima provisoriamente un PBI anual de unos 500 mil millones la deuda pública total (externa e interna) representa un poco más del 50 por ciento del PBI. Pero para este año faltan resolver vencimientos de capital e intereses por 2.600 millones de dólares a lo que hay que agregar el financiamiento en pesos del déficit fiscal, que el gobierno parece estar decidido a no reducirlo rápidamente ya que las últimas medidas de corte social implican mayor gasto público. Por otro lado está también el financiamiento de los altos intereses que se pagan por las Lebac y que en el proyecto de blanqueo de capitales estaría incluida la emisión de un nuevo bono.

Complicaciones.
Todas las medidas detalladas tenían por objetivo resolver el problema de la restricción externa, fortalecer las reservas y dar curso a pagos por importaciones y giro de dividendos que la administración kirchnerista autorizaba por cuentagotas. De hecho el gobierno lo ha conseguido, sea por las exportaciones de soja, por los préstamos a las provincias, por el aprovechamiento de las tasas del BCRA y un tipo de cambio garantizado, ingresan divisas. Claro que no al sector productivo, pero este ingreso obliga al BCRA a comprarlas para evitar que el tipo de cambio se coloque por debajo de los 14 pesos por dólar. Incluso ya surgen voces que señalan el atraso del tipo de cambio, que estaría en un nivel similar al de diciembre del 2001. Algunos analistas explican que el dólar debiera estar hoy en los 16 pesos. Si el blanqueo diera buenos resultados, la situación empeoraría.
Se está entonces en una disyuntiva. Si el BCRA dejara de comprar, el tipo de cambio caería más aún y se perdería mayor competitividad, por el contrario si lo empujara cerca de los 16 pesos se ganaría competitividad pero se alimentaría el proceso inflacionario, que hoy está cercano al 42 por ciento para los últimos 12 meses.
Adicionalmente para comprar esas divisas excedentarias el BCRA debe emitir pesos, con lo cual aumenta la circulación monetaria. Para la teoría neoclásica la inflación es producto de un exceso de emisión por lo tanto las herramienta casi únicas que dispone el gobierno para controlarla es la tasa de interés, que quita dinero del mercado. Pero esto también es contradictorio. Por un lado se achica la base monetaria pero por el otro se la expande, mientras tanto la inflación resiste la baja, los cálculos más optimistas hablan de un 35 por ciento para todo el 2016.
Nada de esto es nuevo, se repite una y otra vez con cada crisis, producto de una estructura de nuestro capitalismo dependiente que muestra un desarrollo insuficiente y deformado de las fuerzas productivas que desde la segunda mitad del siglo pasado ningún gobierno ha logrado resolver.

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

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