Entre las promesas y las acciones

Con una propaganda política muy eficaz el macrismo pudo ganar las elecciones presidenciales de 2015 haciendo eje en tres temas sensibles: la inflación, la unión de los argentinos y la lucha contra el narcotráfico. En ninguno de los tres puntos ha logrado -a dos años y medio en el poder- avances sustanciales, más bien puede decirse que hoy las cosas están peor que antes. Con respecto al último de ellos, el narcotráfico sigue en ascenso junto con el deterioro de las condiciones sociales; es sabido que la miseria es una de las fuentes privilegiadas de donde abreva la delincuencia.
La Pampa no es ajena al problema. Y en este contexto resultan alarmantes las declaraciones que días atrás formulara a este diario un médico forense local, quien expresó con toda crudeza que la circulación de estupefacientes en La Pampa se mantiene en niveles altos y aseguró que “cada vez que tenemos un hecho de violencia, o accidentes extraños, y hacemos los estudios, se detecta que hay una vinculación directa con las adicciones”. Todavía más: afirmó que en la Unidad 4 y en las alcaldías, “llueven los ravioles (de cocaína) por arriba de los techos”, y que hace dos años un muchacho detenido en la cárcel “murió porque tenía cuatro ravioles en el estómago y uno se le reventó”.
Semejantes expresiones en boca de un funcionario vinculado al problema de la delincuencia ofrecen dos interpretaciones, a cuál más inquietante: por un lado esa vinculación directa entre el crecimiento del delito (con algunos casos muy graves de violencia homicida) y el consumo de drogas está evidenciando que también entre nosotros se ha arraigado la tendencia nacional, con los orígenes y actores que ya son bien conocidos. Por otra parte la “lluvia de ravioles” es una metáfora que perturba pues habla de la introducción de la droga a las instituciones carcelarias lo cual conduce a pensar en una marcada falta de vigilancia o, peor aún, en complicidades.
Los hechos -decisivos a la hora de realizar los diagnósticos-, no resultan para nada alentadores, especialmente si se considera que la solución debe pasar por decisiones políticas al más alto nivel. Por estos días, acaba de saltar un caso escandaloso: un intendente macrista de una importante ciudad del Litoral, procesado por narcotráfico y con varios de sus colaboradores ya presos. Desde el gobierno nacional solo se ha mantenido silencio al respecto, junto a la esperable complicidad mediática de la gran prensa oficialista.
El tema está plagado de expresiones hipócritas y falsas (“no pude ocuparme del asunto del aborto porque estoy muy ocupada estudiando el narcotráfico”, dijo recientemente una diputada). También de inquietantes declaraciones sobre las “nuevas formas” de combate del flagelo que proponen la intervención de las Fuerzas Armadas y hasta de cuerpos de seguridad extranjeros para operar dentro del territorio nacional. Las experiencias traumáticas de otros países, como México, parecen ser ignoradas por los más altos niveles del gobierno nacional. En síntesis: una cosa es hacer marketing electoral sobre un problema, y otra muy distinta gobernar para solucionarlo.