Error corregido luego de pasados once años

Señor Director:
El caso fue presentado por el periodismo con la frase “masacre de Pompeya”. Un ladrón que escapaba en automóvil embistió a un grupo de personas y produjo la muerte de dos mujeres y un niño. Pompeya es un barrio porteño (el del tango Sur).
El que conducía ese automóvil fue sometido a juicio y condenado a treinta años de prisión, que comenzó a cumplir de inmediato. Fernando Carrero estuvo más de siete años en la cárcel y recién el pasado 25 de octubre un fallo de la Corte Suprema de Justicia lo ha reconocido inocente en la causa. Carrero había sostenido su inocencia y logró que creciera la sospecha de haber sido víctima de una operación policial para ocultar la responsabilidad por un error policial. Una película tomó la versión de Carrero. Se tituló Rari Horror Show y creó un estado de expectativa. El director, Piñero, recibió comunicaciones de personas que le mencionaban casos similares de error judicial a partir de una “puesta” de pruebas hecha por policías. En esa atmósfera el caso pudo llegar a la Suprema Corte, pero en esta ocasión lo que se obtuvo fue que Casación redujese la pena a la mitad y esta decisión hizo posible que Carrero recuperase la libertad. A poco sufrió un atentado en su casa y ante la inseguridad se trasladó con su familia a una localidad de la Patagonia. Su defensa insistió y el caso volvió a la Corte, con el resultado mencionado, la absolución del acusado, que acaba de ser dado a conocer. El pronunciamiento de la CSJ fue tomado por cuatro votos contra uno, luego de varios años de espera. Por lo que se sabe, hubo un robo en Pompeya y los testigos dijeron que el ladrón huyó en automóvil. La policía salió en su búsqueda y Carrero, que regresaba en su coche a su casa, fue confundido. Los policías lo atacaron con más de veinte disparos, ocho de los cuales dieron en el vehículo. En esas circunstancias, el auto de Carrero embistió a un grupo de personas con el resultad trágico mencionado. Probablemente no se buscará ya a los verdaderos ladrones y la muerte de tres personas quedará sin la mínima satisfacción del castigo. La defensa del primer acusado posiblemente requerirá que se investigue el accionar policial.
Carrero, entrevistado por un diario porteño (Página/12) dice que quiere seguir viviendo con su familia. Cuando fue a prisión, su hija mayor tenía diez años, cuando salió en libertad ya era una mujer de 18. Con los otros hijos y su mujer se repitió esta ruptura de la convivencia durante más de siete años. “Soy gomero”, le dice al periodista, “y quiero emparchar gomas, agarrar a martillazos las cubiertas de los camiones. Tomar unos mates y vivir. Lo que perdí es irrecuperable y no me lo va a devolver nadie. Quiero mirar para adelante”. Es mejor así para su tranquilidad. El encono por la injusticia prolongaría su drama.
Este caso de error judicial no es único en el mundo, Ni siempre, siquiera, se trata de un error. En el diario mencionado leo una nota de Ariel Dorfman, escritor chileno, quien dice estar realizando un viaje por lo que fue el mundo de William Faulkner, en el sur de USA. Recuerda que en l955, Faulkner, que fue premio Nobel de Letras, dijo esta frase: “No merece vivir este país”. Lo dijo públicamente, por haber terminado de conocer el caso de un joven negro de 14 años, que había sido mutilado y muerto en un pueblo de Mississippi, por la osadía de silbarle a una mujer blanca. Faulkner murió sin conocer los cambios que se produjeron poco después en la situación de los negros de su país, que ganaron algún reconocimiento social y eso posibilitó que un afroamericano llegase a la presidencia.
Antes y después los negros siguen siendo muertos a mansalva por policías o civiles. Y no son solo negros los que son reconocidos inocentes después de morir en la prisión, permanecer encerrados durante décadas o haber sufrido la pena capital. Esto acontece en nuestro país y en el mundo, no necesariamente cuando se nace negro.
Atentamente:
Jotavé

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