Es la realidad y no Lavagna

Iracundos ante cualquier opinión adversa, desde el presidente para abajo en el gabinete nacional hacen gala de una muy baja tolerancia a las críticas, a pesar del discurso autoelogioso de PRO que se atribuye las virtudes cívicas más ilustres. Las últimas quejas oficiales se escucharon por la evaluación negativa del economista Roberto Lavagna con respecto a la combinación de endeudamiento, caída del salario, retroceso del mercado interno y apertura indiscriminada de las importaciones que fomenta el gobierno.
Sin embargo, mucho más que las palabras del ex ministro de Economía de Néstor Kirchner es la realidad la que confronta con los enojados funcionarios macristas como lo muestran las últimas cifras oficiales sobre la marcha de la economía al término del tercer trimestre, en septiembre. Algunas de ellas son demoledoras: la actividad económica cayó un 3,7% con lo cual el famoso segundo semestre va peor todavía que el primero a pesar de las promesas de recuperación. La producción industrial acumuló una caída media del 4,6% con niveles del 12,8% en la construcción, en tanto las Pymes mostraron una baja del 6,5% en su actividad y duplicaron la pérdida de puestos de trabajo. Pero no todo cae; el ingreso de productos importados trepa indiscriminadamente: heladeras 210%, lavarropas 75%, textiles 55%, manzanas 776%, carne porcina 113%, quesos 119%… La invasión de manufacturas y alimentos extranjeros castiga sin piedad la actividad económica doméstica y de ahí las estadísticas tan lúgubres.
La velocidad de caída del poder adquisitivo de los salarios no registra antecedentes en mucho tiempo: entre el 8 y el 12% según el convenio, y el encima el proyecto oficial para modificar Ganancias a la cuarta categoría parece un mal chiste. El recordado anuncio electoral de eliminar ese impuesto los trabajadores quedó -como tantos otros- en el arcón de las promesas incumplidas. Para colmo ni la inflación cede a pesar de semejante hachazo al salario: en octubre midió un 2,4%, acumulando 44% en doce meses, casi el doble que durante el kirchnerismo.
De ahí que bien puede decirse que es la realidad la que desmiente al gobierno nacional y no Lavagna. Es la orientación del plan económico que beneficia a las grandes empresas agroexportadoras, mineras e hidrocarburíferas y a los bancos y tritura los salarios y las jubilaciones la que pone en aprietos al macrismo frente a los crecientes reclamos de los trabajadores, Pymes y movimientos sociales y no los diagnósticos de quienes solo se limitan a observar lo que está sucediendo y señalar las desastrosas consecuencias que ya se están manifestando y las peores que están por venir si no hay cambios.
No es novedosa esta hoja de ruta. La misma orientación ortodoxa -con leves matices- se aplicó durante los años setenta con Martínez de Hoz y los noventa con Domingo Cavallo con el ferviente apoyo del FMI que hoy reaparece para volver a dar su bendición. Aquellas experiencias terminaron en sendos terremotos sociales y nada indica, como lo advirtió Lavagna, que esta vez será diferente. De hecho, el establishment económico que respaldó aquellas dos gestiones es la que hoy, directamente y sin intermediarios, está gobernando.

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