Esas cosas que nos hacen maldecir

PUNTO DE VISTA

FELIX VERDUN
El ciudadano común debe reconocer, y reconoce, que la municipalidad de la ciudad atraviesa por uno de sus peores momentos en cuanto a dificultades y problemas. Sin embargo también tiene derecho a preguntarse sobre otros aconteceres, pequeños pero significativos, vinculados también a la comuna. Vayan algunos ejemplos.
Todos sabemos que el tránsito santarroseño está lejos de ser ordenado; también que los semáforos contribuyen a disminuir ese desorden. Por qué entonces no funcionan esos artefactos en forma sincronizada es una pregunta sin respuesta. Al margen de unas pocas avenidas y calles donde sí se da esa condición tan útil al tránsito automovilístico y peatonal, abundan las arterias ciudadanas en las que los vehículos habilitados por la luz verde, apenas una cuadra después deben frenar ante la señal roja. También se da el caso que la sincronización existe, pero circulando a mayor velocidad que la permitida en la zona urbana. Una mínima coordinación de esos equipos no debería ser tarea demasiado difícil de cumplir.
Otro misterio urbano es el desarrollo anárquico de árboles en las aceras, y esto sin distinción de barrios; de hecho en pleno centro pueden advertirse ejemplares en situación de riesgo para con personas, servicios o vehículos. La situación se debe, en parte, a la colocación de especies inadecuadas pero no es demasiado extraño que algún transeúnte se tope con una rama baja, con el consiguiente daño para su integridad física.
Un rasgo de nuestra ciudad, francamente chocante, es la abundancia de excrementos de perros en las veredas, especialmente en la parte céntrica. Esta desagradable presencia parece originarse en la cantidad de animales sin dueño que pululan por nuestras calles pero también -y en no menor medida- en la desaprensión de propietarios que, cuando salen a pasear sus animales se desentienden de los desechos que dejan. Por cierto que en muchas ciudades resulta obligatorio que los dueños salgan munidos de bolsa y palita para recoger esos desechos lo que, si bien se mira, es una obligación de convivencia. Entre nosotros esa desaprensión es más manifiesta en la escasez de lugares sin cobertura artificial, que naturalmente buscan los animales; por esa causa los más afectados suelen ser parques infantiles y áreas de recreo.