Escandalosa maniobra para voltear a un juez

En una sesión bochornosa el Consejo de la Magistratura nacional le inició juicio político y suspendió al camarista federal Eduardo Freiler. La decisión tuvo lugar mediante una maniobra que ensució todo el procedimiento y demostró hasta dónde es capaz de llegar el macrismo para colonizar el Poder Judicial. El objetivo final es eliminar a todos los jueces y fiscales que no se subordinen a los deseos del Ejecutivo y sus operadores, y colocar en su reemplazo a quienes se resignen a aceptar que la independencia de la Justicia es una entelequia.
El juego de pinzas se inició con la estrategia ya muy conocida: primero una nota en La Nación acusando de enriquecimiento ilícito al camarista para habilitar luego a una denuncia en los tribunales. Paralelamente los operadores del macrismo en el Consejo de la Magistratura objetaron a un integrante de la oposición por no tener título de abogado.
En cuanto a la primera estocada, un juez dictó el sobreseimiento de Freiler; y con respecto a la segunda, la Constitución Nacional no impone requisito alguno sobre títulos. (Un dirigente nacional justicialista, entre sorprendido e indignado, expresó que con esa absurda interpretación, si no hubiera abogados entre los senadores, la representación del Poder Legislativo en el CM no se podría concretar).
Pero la ofensiva oficialista no se detuvo: apelaron el fallo absolutorio y la causa se elevó a una cámara; y en cuanto al otro cuestionamiento lograron dos sentencias a favor. Paralelamente se tornó más virulenta la campaña mediática contra el juez con acusaciones infundadas de corrupción. Otros magistrados han sufrido embestidas mediáticas de igual calibre que luego fueron desmentidas por los hechos. Pero el grave daño infligido no se repara con diminutas aclaraciones tardías.
Lo que en verdad no tolera el macrismo y sus aliados del poder económico es que Freiler procediera con independencia de criterio y se manifestara en favor de indagar a los CEOs de Clarín y La Nación por la apropiación de Papel Prensa; de apartar a Bonadío de la causa Hotesur; o de mandar al archivo la disparatada acusación de Nisman contra la ex presidenta de la Nación por encubrimiento. También falló a favor de Mauricio Macri en la causa por las escuchas telefónicas, pero está visto que hoy impera la ceguera vengativa en quienes desean ver a los jueces convertidos en dóciles instrumentos del poder.
En la vergonzosa maniobra que se urdió en el CM este jueves, el oficialismo aprovechó una transitoria ausencia de un miembro de la oposición para juntar los votos contra Freiler. Hasta se pidió que la votación se realizara sin debate para terminarla más rápido. Las miradas apuntan también al presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, quien demoró, inexplicablemente y por varias horas, la toma de juramento del miembro suplente que debía reemplazar al titular cuestionado por el macrismo.
Mientras esta parodia se llevaba a cabo, en la provincia de Buenos Aires se siguen acumulando las denuncias por falsificación de los telegramas de las PASO del domingo último. En este caso, el ardid consiste en fraguar los telegramas en forma ostensible con respecto a las cifras de los votos registrados en las actas; en la inmensa mayoría de las urnas las groseras irregularidades perjudican al kirchnerismo. No son casos aislados, al contrario, las denuncias se amontonan y superarían las quince mil. Un número que estremece por la magnitud de la felonía y por el nivel escandaloso de impunidad que sintieron quienes la llevaron a cabo.
Resulta a todas luces evidente que el buen desempeño electoral de Cambiemos en las internas abiertas operó como una suerte de “vale todo” pues se lanzó, de inmediato y sin frenos, a desbordar todo límite institucional.