Esclavitud moderna y trabajo infantil

Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo, un organismo de la Organización de Naciones Unidas, casi 200 millones de personas son víctimas de la esclavitud moderna o del trabajo infantil en todo el mundo. En 2016, 40,3 millones de hombres y mujeres fueron víctimas de la esclavitud moderna y 151,6 millones de niños -uno de cada diez- de trabajo infantil.
El informe define la “esclavitud moderna” como “las diversas formas de coerción prohibidas en los instrumentos internacionales sobre derechos humanos y normas laborales”. Una de cada cuatro víctimas de trabajo forzoso son niños, y el 71 por ciento del total de víctimas son mujeres.
El estudio también informa que 4,8 millones de personas son víctimas de explotación sexual forzada. En promedio, las víctimas permanecen detenidas durante 23,4 meses antes de escapar o ser liberadas. La gran mayoría son mujeres y niñas.
Por región, Africa tiene la tasa más alta de esclavitud moderna, con 7,6 por cada mil personas. La tasa es de 6,1 por cada mil personas en Asia y el Pacífico; 3,9 por mil en Europa y Asia Central; 3,3 por mil en los Estados árabes; y 1,9 por mil en las Américas. Los países que están siendo o han sido recientemente devastados por la guerra experimentan niveles más altos de explotación.

Definición limitada.
La OIT no incluye en su definición de trabajo infantil a quienes trabajan en formas legales de empleo. La definición utilizada en el estudio incluye trabajos peligrosos, la demanda de horas de trabajo excesivas, que a menudo privan a los niños de tiempo para juego y educación, y labores que ponen en riesgo su bienestar. A pesar del alcance limitado de la definición, el estudio aún da una idea del asombroso nivel de trabajo infantil en todo el mundo.
Según el trabajo, poco menos de la mitad de los niños que realizan trabajo infantil (72,5 millones) están realizando trabajos peligrosos que ponen en riesgo su salud y seguridad. Más de 19 millones de niños de entre 5 y 11 años; más de 16,3 millones entre 12 y 14; y 37 millones entre 15 y 17 están involucrados en trabajos peligrosos. Las horas que los niños son obligados a trabajar también son terribles. Aproximadamente el 63,3 por ciento de los niños entre 15 y 17 años que están involucrados en trabajo infantil se ven obligados a trabajar 43 horas o más por semana.
Casi un tercio de los niños involucrados en el trabajo infantil están fuera del sistema educativo. Quienes asisten a la escuela tienden a desempeñarse peor que sus compañeros que no trabajan.
Al igual que con la esclavitud moderna, una proporción significativa del trabajo infantil se encuentra en países afectados por conflictos y desastres. Aproximadamente el 17 por ciento de los niños en países devastados por la guerra están involucrados en el trabajo infantil, casi el doble del promedio mundial. Los países incluidos en el informe como afectados por conflictos armados incluyen Afganistán, la República Centroafricana, Colombia, Iraq, Mali, Nigeria, Filipinas, Sudán del Sur, Ucrania, Yemen y la República Democrática del Congo. Otros países, como Siria y Libia, no fueron incluidos ya que no hay estimaciones disponibles.

Ganancias obcenas.
Si bien el porcentaje de niños involucrados en el trabajo infantil ha disminuido ligeramente con respecto a 2012 en todo el mundo, en realidad ha aumentado en la Africa subsahariana. La epidemia de la esclavitud y el trabajo infantil es uno de los aspectos de la explotación. La OIT estima que cada año se generan 150 mil millones de dólares en ganancias en el sector privado por trabajo forzoso. El problema se agrava en los países que son víctimas de la explotación neocolonial. Un video publicado por CNN mostró que jóvenes fueron subastados como trabajadores agrícolas en Libia, un país devastado por una guerra lanzada por el ex presidente de EE.UU. Barak Obama.
Una investigación del 2016 de Amnistía Internacional reveló que niños de tan solo siete años trabajan en condiciones peligrosas en la República Democrática del Congo para extraer cobalto que termina en teléfonos inteligentes, automóviles y computadoras vendidos a millones en todo el mundo. Dichas minas les suministran materiales a corporaciones como Apple, Microsoft y Vodafone. (Trevor Austin. World Socialist Web Site. Rebelión).