Está bien el hospital. ¿Y las industrias?

Por estos días, mientras en la provincia de San Juan la propia ministra de Industria de la Nación inauguraba una enorme planta fabril, en La Pampa el ministro de la Producción tuvo que viajar a Buenos Aires y trajinar los pasillos de las reparticiones porteñas para que el frigorífico de Uriburu pueda seguir vivo como una “empresa recuperada por sus trabajadores”.
En un acto realizado en el transcurso de la semana pasada en Buenos Aires, la Presidenta de la Nación elogió al gobernador pampeano por ser un “excelente administrador” y le otorgó a nuestra provincia un monto de dinero de 330 millones de pesos para construir el nuevo hospital regional tanto tiempo demorado.
El gobierno nacional se congratula de su par pampeano y le transfiere recursos para mejorar el servicio de salud. Está bien ese acto porque se trata de una iniciativa largamente esperada, demorada por los sucesivos gobiernos provinciales que prefirieron dedicar más tiempo y recursos a gigantescas obras deportivas como el fracasado Megaestadio y el exitoso autódromo. De paso debe decirse que a la hora de las prioridades Nación se mostró más criterioso que la Provincia, pues no puede olvidarse que aquellas grandes obras deportivas se realizaron con fondos provinciales. Los mismos que se le negaron al hospital que ahora sí se podrá levantar aunque con dinero del tesoro nacional.
Pero más allá de los elogios presidenciales y de la gestión del gobernador que se trae bajo el brazo los recursos para el establecimiento de salud, sigue habiendo una deuda pendiente que cada día se nota más. Está bien que haya nuevo hospital, pero estaría mejor que la gente viva bien y no se enferme. Y no se trata solo de medicina preventiva, sino de calidad de vida; concretamente, de trabajo. “El trabajo es salud”, reza el sabio refrán, y nadie puede negar su validez. Y en materia laboral es una realidad que no se puede negar el hecho de que nuestra provincia está enferma, casi con pronóstico reservado, para ser más gráficos.
En tanto, mientras vernistas y jorgistas se muestran los dientes y no ocultan que no los une el amor sino el espanto, en los últimos días, en el marco de esas escenas de pugilato se dedicaron a hablar de problemas que aquejan a la sociedad en materia de desocupación y pobreza. El jefe de los plurales habló de muy altas cifras de desocupación en General Pico; el jorgismo le replicó con las estadísticas oficiales. Uno tiró de la cuerda para arriba; el otro para abajo. Según uno, estamos casi como en España; según el otro, como en Suecia.
El desprestigio de las estadísticas oficiales no contribuye a saldar esta discusión, por la sencilla razón de que en Santa Rosa, en donde los datos que se brindan desde el gobierno hablan de números mínimos, casi insignificantes de desocupados y de pobreza, la comuna está distribuyendo cinco mil tarjetas alimentarias y acaba de solicitar una gran ampliación de esa ayuda superior al 50 por ciento de la que hoy se brinda. La incongruencia no es menor. Funcionarios municipales, en sintonía con estas apreciaciones, ya habían reconocido que “existe una grave situación”.
Es evidente que esta “grave situación” tiene que ver con la ausencia de fuentes laborales genuinas, un punto que no parece estar en la agenda del Centro Cívico, o al menos no se advierte demasiada preocupación más allá de algún funcionario. Si no fuera así, la ministra de Industria vendría a La Pampa a poner en marcha algún emprendimiento fabril como lo acaba de hacer en San Juan. Pero eso no ocurre, nunca se vio a tan alta funcionaria por estos pagos. Ni siquiera hay anuncios ni proyectos al respecto a pesar de que el año pasado feneciera la injusta promoción industrial que solo beneficiaba a cuatro provincias y perjudicaba al resto.