Este “ómnibus” no es para todos

Finalmente el macrismo pudo imponer su “ley ómnibus” mientras los diputados y senadores de la “oposición” -por llamarlos de algún modo- tratan de explicar lo inexplicable: que había que pagarles a “nuestros abuelos”, que se introdujeron cambios “fundamentales”, que “el blanqueo no nos gusta pero que muchos gobiernos lo hicieron”, etcétera. A pesar de esas excusas lo medular del proyecto quedó en pie: el blanqueo no exige traer de regreso al país los dólares fugados, con lo cual se minimiza la posibilidad de que esas fortunas desviadas a las guaridas fiscales se vuelquen en “inversiones productivas”, como pretende el relato macrista.
La reducción sustancial del Impuesto a los Bienes Personales y la eliminación a la Ganancia Mínima Presunta y a la compraventa de acciones es otra perlita escondida en los pliegues de la voluminosa ley. Con la máscara sensible por la necesidad de los “abuelos” se sigue beneficiando a los que están más arriba de la pirámide social y se consolida la transferencia de recursos hacia los más ricos. Ya se habían dado otros pasos en el mismo sentido como la reducción de impuestos a los automóviles más caros y otros artículos de lujo o la eliminación de las retenciones a las compañías mineras y agroexportadoras.
La degradación de la jubilación en una pensión a la vejez es otro “cambio” sustancial. Lo que había sido consagrado como un derecho por el gobierno anterior se convirtió ahora en una concesión graciosa para el trabajador cuyo patrón se quedó con los aportes previsionales. Y encima para las mujeres se eleva la edad a los 65 años.
El otro “dulce” que puso el macrismo en el anzuelo fue la devolución a las provincias del apetecible 15 por ciento de la coparticipación y la financiación de las cajas previsionales. Así arrió a los gobernadores quienes, a su vez, se encargaron de que sus diputados y senadores levanten sus manos.
Pero lo más preocupante de este paquete legislativo es la puerta que abre para vender acciones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad. Esa enorme masa de dinero es el ahorro social de todos los trabajadores y lo que garantiza el cobro de sus jubilaciones. No solo es un bocado muy apetecible para el mundo de las finanzas -que nunca se resignaron a perder las AFJP- sino objeto de reclamo de los grandes empresarios que no quieren cederle al Estado parte de las utilidades de sus compañías. El macrismo, fiel representante de la clase más pudiente, les sirvió en bandeja la posibilidad de iniciar un camino de regreso al “paraíso” fondomonetarista de las jubilaciones privatizadas.
La astucia de Cambiemos de mezclar en un mismo paquete temas tan diversos fue auxiliada por la docilidad de una “oposición” que se llena la boca en los medios criticando al gobierno pero a la hora de pasar a la acción en el Congreso claudica y vota leyes que degradan derechos, bajan impuestos a los ricos o vuelven a agrandar la deuda del Estado nacional. Con el radicalismo resignado a ser un socio útil y sin poder de decisión, el massismo con su disciplinamiento oportunista y el kirchnerismo en desbandada y golpeado por la amplificación de las denuncias de corrupción, el escenario no podía ser más favorable para Cambiemos. Aún en situación de minoría en ambas cámaras del Congreso, viene imponiendo sus iniciativas más ambiciosas casi sin resistencia.
Mientras tanto los diputados y senadores “opositores” pretenden justificar su apoyo a estos proyectos regresivos apelando a explicaciones “técnicas” y evitando hablar de las consecuencias políticas en el mediano plazo de la fragilización de las mayorías sociales y, como contracara, las suculentas ventajas que sacan las minorías poderosas. Otra vez se vuelve a ver el distanciamiento de la clase política de la suerte de sus representados. Como si la historia reciente no hubiera demostrado en qué terminan estas derivas.

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