Evo Morales y su lucha por afianzar un cambio

Señor Director:
Evo Morales, el presidente de Bolivia, agotó su posibilidad formal de continuar en esas funciones porque el referendo autorizante le resultó adverso.
Ante ese voto popular la primera actitud de Morales fue acatar el veredicto de las urnas. Sin embargo, hubo un factor que influyó fuertemente en la opinión pública de su país: durante la campaña para el referendo se puso en circulación una denuncia que, de ser fundada, lo descalificaría moralmente. Se dijo que existía un muchacho que era hijo de Evo, que éste no había querido reconocer y que sobrevivió penosamente.
Posteriormente se pudo establecer que el que ahora es denominado Caso Zapata, fue un invento que pudo prosperar por una triangulación de influencias: la de los adversarios políticos de Evo, la intervención de la embajada norteamericana y el papel de grandes medios de prensa. Hay ahora una película, del argentino Sal Lari titulada El Caso Zapata, que muestra aspectos sustanciales de esa trama. De alguna manera repitió lo ocurrido inicialmente en Paraguay que volteó a un presidente de la misma línea que la encabezada por Evo, también lo puesto en ejercicio en Brasil para sacar de la presidencia a Dilma Rousseff y lo que se ensaya actualmente en Venezuela para terminar con el chavismo. Si se eligió la opción del hijo abandonado fue porque una parte sustancial de los votantes bolivianos son personas que no están intectualmente preparadas para distinguir los hilos maestros de una trama de esa especie.
En esa situación el gobierno de Evo y sus aliados políticos, luego de demostrar la falsedad del Caso Zapata, analizan si existen alternativas. Una de ellas sería invalidar el referendo ya realizado, porque se provocó una desorientación y una reacción emocional de los votantes, y la realización de una nueva consulta. También se consideran otras opciones, todas ellas condicionadas por Evo y sus aliados a que no contradigan lo que pretende la constitución, cuya validez y sentido trascendente (a las circunstancias) ha sido siempre reconocido por ellos.
Para quienes no conocen suficientemente la realidad boliviana, con una población
aborigen importante, pero siempre discriminada, desde la colonia hasta una sucesión que no alteró esa política de exclusión, es posible que se pregunten por qué solamente Evo, por qué no ha surgido otro líder que pueda ser aceptado por la mayoría. ¿Acaso Evo es quien se declara irreemplazable? Y, además, ¿acaso no estamos de acuerdo en que el continuismo es un riesgo muy grande para cualquier democracia? ¿Quiere Evo una autocracia de por vida?
Hay, al lado de Evo, personas leales y valiosas. Tal es el caso del vicepresidente García Linera´, intelectual destacado, mano derecha de Evo, quien ha declarado que él no será candidato porque la tarea que ahora corresponde realizar para asegurar la continuidad del proceso transformador e integrador en desarrollo es formar políticamente a las nuevas generaciones y que tal es la empresa que se auto asigna.
Algo que el gobierno actual ha puesto en claro es que el marco y las condiciones a que se somete es lo propio de una democracia. Si hay una nueva opción que posibilite la candidatura de Evo, será la definitiva, incluso sabiendo que la oposición sigue contando con aliados de afuera y de adentro, incluyendo el apoyo de medios de prensa que, como sucede en la región, bregan por poner fin al proceso de integración del aborigen, secularmente relegado. Confían, Evo Morales y sus aliados en que pueden recuperar la holgada mayoría expresada en las anteriores oportunidades.
Una elección es siempre una apuesta llena de riesgos, sobre todo cuando el adversario se nutre de una historia de exclusión de la población originaria. En la Argentina, cuya situación socioeconómica no es la de Bolivia, un gobierno transformador arriesgó, perdió y aceptó el veredicto de las urnas en 2015.
Atentamente:
Jotavé