Expresiones de la vida en ciudades integradas

Señor Director:
Hablo de ciudades integradas como una manera de dar cuenta el caso cierto de que hoy Santa Rosa y Toay se han fusionado de hecho. Son un único conglomerado urbano y han impuesto la necesidad de que ambos municipios asuman la nueva realidad, como lo vienen haciendo desde hace años, aunque se haya demorado el proyecto para los problemas e intereses que han pasado a ser compartidos.
Vuelvo sobre este tema ante el hecho judicial que llegó a su fin cuando el Tribunal de Audiencia absolvió a los catorce integrantes del colectivo conocido como Chakra Raíz. Dicho grupo debió afrontar un juicio penal por haberse instalado en un predio del Instituto Provincial de la Vivienda, en el municipio vecino, donde han construido sus moradas y han adoptado también medidas colectivas para la conservación de rasgos ambientales valiosos. Contra lo que esperaba la mayoría el fallo fue absolutorio, porque el tribunal apreció el comportamiento de este grupo, que nunca se negó a negociar con el ente propietario las condiciones necesarias para alcanzar la propiedad de los terrenos. El tribunal entendió que no se ha probado la invasión clandestina del predio y valoró la intención de hallar una vía de solución.
La cobertura que dio nuestro diario a este hecho de justicia me exime de repetir detalles. Sí quiero sumar mi punto de vista aprobatorio de la elaborada decisión del tribunal interviniente que, se diría, dejó de lado aspectos de la causa que otros tribunales resuelven con sanciones y desocupación forzosa, para ponderar la actitud constante del grupo de encontrar un entendimiento y su compromiso con la protección del ambiente y la convivencia legal.
El mismo día, el pasado martes, nuestro diario pudo presentar una elaborada nota sobre el estado de cosas existente en una intersección de la calle denominada Niñas de Ayohuma, en Santa Rosa, en lo que hace de límite entre el sector que separa un barrio del IPAV del terreno que ocupa desde hace veinte años, por compra, un vecino que cría cerdos y gallinas y hace acopio de cartones. También existe allí una construcción abandonada que los vecinos denuncian como “aguantadero” de personas que son miradas como un riesgo para las familias instaladas en ese núcleo. Un hundimiento de la calle mencionada, ha sido rápidamente ocupado con basura y, con el agua de superficie que abunda en el lugar, se constituye un lodazal en el que se ve jugar a niños de la vecindad, con los riesgos consiguientes para su salud. Una demora en rellenar el sitio, iniciado por la municipalidad y abandonado sin concluir, prolonga y agrava la penuria de los vecinos inmediatos. Por cierto que no es el único caso problemático y amenazador que se presenta en una ciudad desbordada por el crecimiento poblacional y la crisis de cloacas y subida de napas cuya superación se encara en un estudio comunitario en preparación que va en busca de un proyecto para el desarrollo de la ciudad en un tiempo prolongado. La mirada preocupada de gran parte de la población capitalina tiene fundamento, aunque, repito, la búsqueda participativa de un proyecto parece bien encaminada.
Como periodista que ha participado en un largo tramo de este quehacer y asiste hoy a una transformación que oscurece el futuro de los medios con soporte de papel, consistente en buscar la vía rápida para la noticia (por su emisora radial y su expresión digital) y dedicar mayor espacio a un tipo de notas que da expresión a los problemas de la vecindad, los comenta con fundamento y los propone al propio vecino lector como un tema de su incumbencia. Esta complementación de lo informativo no es nueva, pero ya no se limita a la clásica nota editorial y creo marca un camino de perdurabilidad para el diario impreso: atraer la atención del vecino y ayudar a que se desarrolle un espíritu comunitario comprensivo más que dado al traslado de culpas. La ciudad es cosa nuestra.
Atentamente:
Jotavé