Expulsados de su ciudad

En apenas cuarenta y ocho horas este diario publicó dos informes que revelan una preocupante falta de acción o de iniciativa de la comuna santarroseña que la deja mal parada y persiguiendo de atrás los problemas sin demostrar capacidad de anticipación y planificación.
La primera información se refiere al ofrecimiento de una vecina para que la municipalidad incorpore un enorme predio de su propiedad al ejido urbano con el fin de habilitarlo para realizar loteos. La segunda es una crónica que refleja el alejamiento de muchos santarroseños que deben “huir” de su ciudad de origen para instalarse en localidades vecinas porque “la mano invisible del mercado” infló tanto los valores de los terrenos en esta capital que terminó por expulsarlos. Son, evidentemente, dos caras de la misma moneda.
Hace varios meses, LA ARENA, tomando datos de fuentes municipales, publicó que una enorme cantidad de terrenos urbanos y suburbanos se encuentran concentrados en muy pocas manos en lo que muy bien podría catalogarse como una operación de especulación inmobiliaria. No es nada nuevo para esta capital que supo de esa rémora desde sus orígenes pues su propio fundador y su familia obtenían enormes réditos con la especulación y comercialización de tierras. Pero ha pasado largamente más de un siglo y hoy se espera que el Estado municipal se ponga los pantalones largos y haga prevalecer el crecimiento armónico de la ciudad en favor del interés de la mayoría.
Es evidente que el plan Progresar, esa iniciativa que lanzara el gobierno nacional para permitir a millones de argentinos acceder a su vivienda, además de constituir un avance innegable al posibilitar el acceso al crédito a quienes lo tenían vedado, también por la “mano invisible del mercado”, tuvo como indeseable contracara, la codicia de los grandes propietarios de terrenos. Como es bien sabido, éstos se enriquecen parasitariamente sin invertir un peso, con el esfuerzo ajeno de quienes sí promueven el progreso de las comunidades e invierten en sus viviendas y promueven la extensión de los servicios públicos.
Que un vecino elija levantar su casa en otra localidad más o menos cercana por propia convicción o por gusto personal, es una cosa. Pero que se vea obligado a hacerlo porque el valor de la tierra urbana llegó a extremos siderales por la especulación y la puso fuera de su alcance es otra muy distinta. Hace años que viene alargándose indefinidamente el debate sobre la ampliación del radio urbano postergando las respuestas a quienes están urgidos por el otorgamiento de los créditos del Progresar. ¿Apurará las cosas ahora el ofrecimiento de esta vecina que pone a disposición terrenos muy bien ubicados?
Otra cuestión nada menor. ¿Cuando va a decidirse el municipio a castigar selectivamente la especulación con la tierra aumentando las tasas a los baldíos improductivos que llenan los bolsillos de unos muy pocos y perjudican la inmensa mayoría? Ya lo citamos aquí: en la provincia de Buenos Aires han aprobado interesantes iniciativas en esa dirección, por lo tanto no se está hablando de medidas aisladas ni demasiado innovadoras. Sería, nada más y nada menos que privilegiar el bien común por sobre el particular.