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Exterminadores de industrias

Los números que muestra la economía del país en este comienzo de un nuevo año electoral no podían ser peores. Las cifras que reflejan la evolución de la desocupación, la caída del consumo, el aumento en las tarifas públicas, el incremento de la pobreza, la baja de venta de vehículos y motocicletas, lo mismo con los electrodomésticos nos hablan de un ajuste y una recesión que se encamina a pasos agigantados a repetir la crisis de 2001-2002.
En las últimas horas se sumaron los datos de dos actividades centrales en la economía de cualquier país: la industria y la construcción y, al igual que los otros rubros, estos también reflejaron un cuesta abajo contundente. La actividad industrial cayó en noviembre último el 13,3 por ciento con relación a igual mes de 2017, lo que constituye el peor desempeño del año que recién finaliza. Desde 2002 que no se registraba una caída tan pronunciada lo cual da una idea del nivel crítico al que ha llegado el sector.
En cuanto a la construcción la baja interanual en el mismo mes fue catastrófica: 15,9 por ciento, superando por lejos al peor mes de 2017 que había registrado una merma de «solo» el 5,6 por ciento durante febrero.
No hay semana sin que se mencione el cierre de plantas fabriles emblemáticas de nuestro país que llevaban mucho tiempo de actividad constante. Aquí mismo en Santa Rosa la desaparición de una de las fábricas de la firma Alpargatas conmocionó a nuestro medio y contribuyó decididamente al ascenso del nivel de desocupación. El mismo grupo industrial ya había cerrado varias plantas en otros puntos del país y redujo sustancialmente su dotación de personal.
Ahora se conoció que dos empresas reconocidas también cerraron sus puertas en estos días. Una de ellas era la última firma que fabricaba máquinas de coser en el país y que llevaba 64 años de actividad: Singer. La otra una tradicional compañía de maquinarias agrícolas con 134 años de historia en Argentina: Deutz.
La caída del mercado interno y la apertura de las importaciones han provocado una catástrofe en la industria nacional cuya capacidad ociosa no deja de crecer mes a mes. El macrismo, con su neoliberalismo de manual, que ningún país del mundo aplica con este nivel de fanatismo porque las consecuencias son calamitosas, será reconocido por los futuros historiadores como un gobierno exterminador de industrias. Y no es una exageración. Días atrás desde una de las cámaras empresarias se dio a conocer un dato estremecedor cuando denunciaron que se están cerrando a razón de 25 Pymes por día. Estas advertencias no son nuevas pero no encuentran respuesta en un gobierno que continúa, a cualquier precio, empecinado en mantener un rumbo económico que está destruyendo el aparato productivo del país.
Pero en este escenario hay otros actores que también tienen una gran responsabilidad. Con contadas excepciones, los máximos dirigentes gremiales nucleados en la CGT han convalidado pasivamente el avance del gobierno, mostrándose mucho más preocupados por los negocios que les generan las obras sociales y otras «actividades conexas» que por la defensa de los derechos y el bienestar de los trabajadores que dicen representar.