Fadea: de fábrica a solo un taller

PUNTO DE VISTA

MIGUEL RODRIGUEZ VILLAFAÑE*
La Argentina avanzó cuando se impuso metas que permitían ingresar al mundo con valor agregado y con la inteligencia cumpliendo un papel fundamental. Así, en términos generales, hubo proyectos de envergadura como el aeronáutico, el espacial, el de la energía nuclear, entre otros.
En 1927, Córdoba se potenció cuando se instaló la Fábrica Militar de Aviones. El desarrollo aeronáutico permitió grandes logros industriales. La fábrica produjo el Pulqui I, que fue uno de los primeros aviones a reacción del mundo. De la inteligencia y el trabajo de muchas generaciones de argentinos además, nacieron las aeronaves llamadas DL 22, I Ae 24 Calquín, Pulqui II, Huanquero, Guaraní, Pucará, Pampa y otras. Todas ellas orgullo de la industria nacional, resultados de la inteligencia y dedicación de nuestros ingenieros, técnicos y operarios. A lo que hay que agregar, la investigación y desarrollo tecnológico que se llevó a cabo en el ámbito de la cohetería, con visión hacia lo espacial.

Polo de desarrollo.
De la misma fábrica nació el denominado IAME (Industrias Aeronáuticas y Mecánicas del Estado) que generó, a partir de 1952, un nuevo polo de desarrollo tecnológico e industrial que transformó aún más el perfil de Córdoba. El emprendimiento se constituyó en “madre de nuestras industrias”, ya que también se hicieron motores, máquinas y herramientas.
De allí nacieron clásicos de la vida cordobesa, como la moto Puma y sus diversas series; los automóviles Institec, como el Graciela; el tractor Pampa y el inconfundible Rastrojero diésel, este último incorporado todavía hoy, activamente, al paisaje de la Córdoba urbana y rural.
En 1957, la fábrica pasó a denominarse Dinfia (Dirección Nacional de Fabricaciones e Investigaciones Aeronáuticas) y luego, esa área de desarrollo y producción se transformó en Industrias Mecánicas del Estado (IME). El polo industrial dio trabajo a más de 11.000 personas y Córdoba, gracias a su proyección en otras industrias metalmecánicas que se asentaron fue, por largo tiempo, una de las ciudades más industrializadas de Sudamérica.

Desmantelamiento.
En 1979, se dispuso el cierre de IME. Comenzaba la paradoja inaceptable del desmantelamiento de la Argentina que ponía valor agregado intelectual y tecnológico a su producción. Con la medida adoptada, se cerraba ese polo de desarrollo y perjudicaron a los trabajadores y al país. Lo pretendían fundar en la ineficiencia, pero los que tomaban la decisión de cerrar la fábrica eran corresponsables directos de lo que pasaba.
Luego, vendría la segunda avanzada desactivadora en el gobierno de Carlos Menem, cuando se terminó con el proyecto Cóndor, nacido de la inquietud de dominar el espacio. Además, se hizo morir el proyecto conjunto de hacer un avión con Brasil de uso civil, turbohélice de 19 pasajeros, el CBA 123. En esa época, el gobierno también otorgó la concesión de la fábrica, por 25 años, a la empresa norteamericana Lockheed. Lo primero que hizo fue despedir a 800 operarios.
Los años de gestión de la Lockheed fueron un rotundo fracaso, no obtuvo ningún contrato nuevo de peso para nuestra producción y mientras tanto, la empresa norteamericana se apropió, sin costo, de toda la investigación y desarrollo que tenía la fábrica.
En diciembre de 2009, el Estado Nacional estatizó nuevamente la fábrica y se conforma la Fábrica Argentina de Aviones “Brigadier San Martín” (Fadea). Allí se anunció que se harían 40 aviones IA-63 Pampa III, se mejoraría el Pucará, que se buscaba avanzar en el proyecto de un avión de la Unasur y sobre la base de un prototipo chino, se construiría un helicóptero. También, en coordinación con la sociedad estatal Invap (Investigaciones Aplicadas) se buscó trabajar en el desarrollo y producción de Vehículos Aéreos No Tripulados (VANT), los populares drones.

¿Solo un taller?
Los objetivos referidos están hoy, en gran medida, desactivados, paralizados o se realizan a ritmo muy lento. Y para dolor de todos, el secretario general de la Asociación del Personal Aeronáutico (APA), Luis Ortega, ha señalado que “varios programas de trabajo no se concretaron; se están produciendo chalecos antibalas y vallas, pero no otras tareas relacionadas a la aeronáutica”. Mientras tanto, el gobierno nacional no plantea una política de largo alcance en la materia y solo busca achicar “gastos” despidiendo trabajadores. Para colmo, el ministro de Defensa, Oscar Aguad, el 2 de octubre, cuando estuvo en Córdoba para presentar aviones que fueron comprados a EE.UU., declaró que la fábrica debe ser “un gran taller de mantenimiento y reparación de aviones”.

*Abogado constitucionalista, ex juez federal.