Falsa visión macrista de la realidad local y regional

LA SEMANA POLITICA

Para el gobierno de Macri los malos son los K, que deben ir presos. También los cooperativistas que venden berenjenas o regalan cuadernos. Y el “dictador” Maduro. Los buenos son rubios, con plata y poder, de acá y EE UU.
SERGIO ORTIZ
A los pequeños horticultores de cooperativas no les permitieron su pacífico Verdurazo el viernes 15 en Plaza Constitución. Les pegaron y arrojaron gas, como para que tengan. Esta semana la escena se repitió ante el Congreso, donde fueron reprimidos cooperativistas de la imprenta Madygraf, ex Donnelley, que reclamaban ser tenidos en cuenta en una licitación del ministerio de Educación. Su grave ofensa al poder era repartir cuadernos, de su buena producción desde que se fueron de la empresa los exdueños, integrantes de los “fondos buitres” que con Macri cobraron miles de millones de dólares.
En el Cuadernazo también hubo golpes y detenciones de manifestantes y dos fotógrafos; uno de los cuales, Bernardino Ávila, había tomado la conocida foto en Constitución de una señora que recogía berenjenas del suelo, con muchos policías detrás.
La escena de trabajadores con variados reclamos reprimidos por las policías a nivel nacional y de provincias (también sucedió en Salta), puede ser una postal muy frecuente.
Es que por un lado se acumulan una serie de demandas vinculadas con los cierres de empresas, despidos en fábricas y comercios, retraso salarial, pérdida de poder adquisitivo de las jubilaciones y nuevos tarifazos imposibles de pagar para muchísimos hogares.
Y por el otro está la decisión política de Cambiemos de mantener el ajuste a rajatabla, para seguir gozando del apoyo crediticio y político del Fondo Monetario Internacional. En reuniones con economistas del palo del neoliberalismo extremo, el presidente les ha prometido que en caso de ganar la reelección encarará el segundo mandato sin “gradualismo”. Traducción: hará un ajuste aún mayor que el de estos tres largos años. Un ajuste más salvaje, si cabe el término, porque el actual es criminal.
Esta semana se volvió a Washington el encargado del caso argentino en el FMI, Roberto Cardarelli, quien acá se entrevistó con funcionarios pero también con dirigentes no oficialistas, como Axel Kicillof y Roberto Lavagna. Cuesta encasillar a otros contertulios como los dirigentes de la CGT, que hace meses están puestos en modo avión, leáse en modo electoral. Cavilan sobre la posibilidad de una medida de fuerza para marzo, como para disimular y aliviar presiones.
Cardarelli informará a su jefa Christine Lagarde de que el gobierno viene haciendo bien los deberes, aún cuando hubo aumentos del dólar que superó los 41 pesos y motivó nuevas elevaciones de las tasas de interés para evitar más subas del “verde”. Y Lagarde, no sin preocupaciones, que también tiene Cardarelli, ordenará desembolsar otros 10.800 millones de dólares del crédito concedido en 2018.
De todos modos, hay dos visiones. La que surge mirada con los ojos del gobierno y del FMI y la opuesta, de los ojos de quienes repartían berenjenas y los cuadernos, retinas afectadas por los gases de la policía.

Rubios versus morochos.
Se dice que una imagen vale más que mil palabras. Y esto se extiende a los memes y dibujos, como el de un folleto del ministerio de la Producción de Dante Sica, tratando de ilustrar su versión de irracionalidad del esquema tributario. Se ve a siete ejecutivos rubios y rubias que sostienen, como si fuera un techo, a una manga de morochos y morochas que vivirían a sus expensas.
Ese aspecto crudo de la historia, es falso y muy elitista, pero importa más refutar el fondo del cuento.
El tremendo endeudamiento del país, más de 100.000 millones de dólares durante el actual gobierno, no lo está pagando el grupo de rubios y rubias, sino el grueso del pueblo. Este hace el sacrificio de que 13 de cada 100 pesos del total de gastos del presupuesto nacional sean destinados al pago de intereses de la deuda pública.
Los rubitos como Luis M. Etchevehere de la Suciedad Rural, los de las mineras como Barrick Gold y de los exportadores industriales como Techint se vieron beneficiados con el cese de las retenciones dispuesta por Macri en sus primeros días de gobierno. Y eso benefició en 5.000 millones de dólares a esa minoría de tez blanca.
Los rubitos y rubitas de los bancos ganan 154.000 millones de pesos al año solamente con las Leliq al quedarse con la diferencia entre los intereses que rinden esas Letras y los que ellos pagan a sus clientes por sus depósitos.
Lo único positivo del falso planteo de Sica es que ayuda a reabrir uno de los debates claves para la sociedad: la necesidad de una reforma impositiva. Pero en tal caso deberá ser integral y progresiva, acentuando la presión sobre los capitales monopólicos, bancarios, industriales y exportadores, con énfasis en los propietarios rurales y latifundistas que tienen tierras muy valiosas de baja estimación fiscal y pagan monedas por ellas.
Por supuesto, el gobierno de los CEO, que además es el de los rubios y de ojos celestes como Mauricio Macri, no hará nada por el estilo de lo recomendado. Seguirá favoreciendo negocios de sus amigos, para que fuguen capitales, total después habrá algún nuevo blanqueo para que aproveche la familia y el círculo empresarial offshore.
La imagen del ministerio de Sica viene a demostrar que era falsa también la promesa de Cambiemos de “unir a los argentinos”. La realidad es que están con los rubios contra los morochos, o en lenguaje más gorila, contra “los negros” o “cabecitas negras”.
Otro morocho que está pasándola mal es Luis D’Elía, a quien la sala III de la Cámara Federal de Casación Penal, de Liliana Catucci, Eduardo Riggi y Carlos Mahiques, le rechazó una presentación de su defensa. Lo quieren ver preso cuanto antes, acusado de la toma de la comisaría en la Boca, en 2004, luego que esa dependencia no hiciera nada por detener al asesino del militante social Martín Cisneros.
Una gruesa contradicción bien al estilo de la Cloaca Py: el criminal afuera, vendiendo merca en conexión policial, y D’Elía condenado y yendo a la cárcel, pese a su precario estado de salud.

Tiren contra Maduro.
Las visiones políticas son contrapuestas en lo nacional y también en uno de los puntos candentes de Latinoamérica, Venezuela.
Macri estaba regresando al país luego de su gira asiática por la India y Vietnam, porque de lo contrario es probable, no seguro, que hubiera ido a Cúcuta (Colombia). Allí sus pares Iván Duque, Sebastián Piñera y el paraguayo Mario Abdo formaron un círculo junto al “presidente encargado” (sic) Juan Guaidó, más el concurso del asesor norteamericano Elliot Abrams, para montar la provocación contra el gobierno de Nicolás Maduro.
Aunque no estuvo físicamente en el lugar, el presidente argentino es carne y uña con ese grupete, parte a su vez del Cartel de Lima junto a otros diez países, donde hay que descontar a México, en desacuerdo con la embestida imperial contra Caracas.
La pulseada del sábado 23 en torno a las fronteras cerradas de Venezuela no ha terminado, pero en principio se puede estimar que la maniobra injerencista ha fracasado. No se movilizaron multitudes del lado venezolano para atacar de atrás a las tropas de su país que custodiaban las fronteras cerradas desde la jornada anterior por orden de Maduro. No pudieron en consecuencia forzar el ingreso del material supuestamente “humanitario” acarreado hasta Colombia por aviones militares norteamericanos. En Caracas hubo una multitudinaria concentración chavista donde habló el presidente legítimo, quien reafirmó que no piensa retroceder ni renunciar ni nada por el estilo.
Más aún, Maduro clavó un puñal en el argumento “constitucionalista” de Guaidó y su socio mayor, Donald Trump, desafiándolo a que convoque a elecciones para revolcarlo en las urnas. La Constitución bolivariana dice que un presidente interino debe convocar a elecciones en 30 días. Guaidó se autojuramentó, como mandatario “encargado” el 23 de enero y transcurrieron esos 30 días sin convocar a elecciones. El libreto seudo legal se les ha quemado. Lo suyo es cada semana más violencia, injerencia, sanciones, posible invasión, etcétera, dejando de lado las artimañas “jurídicas”.
Sería una muy buena noticia el fracaso de la campaña de Trump para derrocar al gobierno legal de Venezuela. En el carro guerrerista de EEUU está subido Macri, lo que no es novedad.
Quizá sí lo sea que también se hayan colado personajes como Miguel Pichetto, quien presentó un proyecto de declaración en el Senado para que la Inspección General de Justicia y la Comisión Nacional de Valores tomen las medidas para que la filial argentina de la petrolera venezolana Pdvsa pase a ser controlada por el golpista Guaidó y quitada de la órbita de “la dictadura de Maduro”.
Eso se llama correr por derecha a Macri. Sino fuera trágico, sería bastante cómico. Y lo doloroso es que otros dirigentes de ese espacio, como Sergio Massa y Juan M. Urtubey, comparten la postura imperial de Pichetto.
Una razón más (y van..) para que Cristina Fernández de Kirchner termine con su silencio oportunista en este punto y se pronuncie alto y claro a favor del gobierno de Venezuela, que tanto ayudó a la Argentina en sus gobiernos y el de Néstor Kirchner.