Falta de perspectiva para una emergencia

Al margen de cualquier intención partidaria, los voceros de distintas agrupaciones políticas parecen coincidir en que la situación sanitaria de la ciudad está sobrepasando los límites críticos, pudiendo a llegar a transformarse en calamitosa. En verdad, ya algunos años atrás no se precisaba demasiada agudeza para avizorar ese mismo riesgo; al margen de las probabilidades climáticas (que se dieron en un sentido negativo) lo insinuaban factores efectivos y demográficos -una red cloacal colapsada y técnicamente insuficiente, el crecimiento desordenado y manifiesto de la ciudad…– pero pareciera que hubo en todos los órdenes una falta de perspectiva del problema acompañada de una firme determinación política al respecto. Debe considerarse, además, que ya hace una década algunos conocedores en materia de recursos hídricos zonales habían advertido sobre el riesgo cierto de introducir enormes cantidades de agua en una cuenca cerrada y con dificultades para trasladar los excedentes. Los resultados de esas advertencias, capas freáticas mediante, están la vista.
Todos los aspectos enumerados se han trasformado en muy serio problema diario para vastas porciones de la población santarroseña, especialmente la que vive en los sectores más deprimidos de la ciudad. En esas zonas, la rotura de caños conductores de líquidos cloacales convierte calles y aledaños en vaciaderos de la peor condición; los derrames que no pueden alcanzar el área de las lagunas de decantación (ubicadas, por otra parte, peligrosamente cerca del área urbana) forman espejos de inmundicias que no solamente ofenden la vista y el olfato sino que aumentan una potencialidad: la de las epidemias.
Es tiempo de mirar la circunstancia con una seriedad total; se avecinan los calores del verano, que son considerables en La Pampa, donde no es raro que se alcancen los 40 grados de temperatura, con el agravante de que el posible máximo de las lluvias de temporada todavía no se ha descargado ¿Se precisa más para incrementar el riesgo sanitario, de cualquier clase que sea?
Al respecto cabe hacer constar que son varios los vecinos, decenas acaso, que ya se quejan por la abundancia de insectos -mosquitos especialmente- surgidos en aledaños de sus casas y favorecidos por la conjunción ideal de calor y aguas estancadas.
Precisamente, y la observación hace como un detalle singular a la generalidad del problema, el tratamiento público del mismo ha producido una suerte de “destape linguístico” provocando en los afectados un sinceramiento del uso del lenguaje, con la utilización de términos anteriormente tenidos como inexpresables en público.
La circunstancia -que implica un cierto despojo de hipocresía idiomática mucho menos frecuente en otros países de habla hispana- conlleva, como decíamos, una singularidad evidentemente relacionada con los momentos que se viven y en los que se avizora un riesgo cierto que, entre otras cosas, obliga a llamar a las cosas por su nombre.