Falta un poquito, pero Trump e Hillary llevan las de ganar

PRIMARIAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DE EE.UU.

Realizada la mayor parte de las primarias en EE.UU. y aunque restan algunas importantes, como la de California, todo indica que Donald Trump entre los republicanos e Hillary Clinton entre los demócratas, serán los candidatos.
EMILIO MARIN
Parece un hecho que el magnate inmobiliario Donald Trump será el candidato republicano a las presidenciales de Estados Unidos, el próximo 8 de noviembre.
Es que después de sus victorias en las primarias de cinco estados donde se votaba el 26 de abril y la de Indiana, el 3 de mayo, ha acumulado tantos delegados que a sus adversarios internos les será prácticamente imposible detenerlo.
Más aún, tras su victoria amplia en Indiana, desertó el senador por Texas, Ted Cruz, que era su competidor más cercano (es un decir, venía lejos en el recuento de delegados). Y como coletazo de ese resultado también dio a conocer su abandono de la competencia el único republicano que seguía en carrera, el gobernador de Ohio, John Kasich.
A Cruz de lo reconoce como un ultraderechista y conservador evangélico, anticubano y antiaborto, en tanto Kasich era reputado como un político más centrista y moderado. Habían firmado un pacto antes de la cita de Indiana, según el cual Kasich no participaba en ese estado, dejando el voto anti-Trump para que lo recogiera Cruz. Y éste hacía lo propio con otros dos lugares donde se votará en estas semanas.
Sin embargo, ese arreglo de dos perdidosos y ganados por la desesperación tampoco sirvió. Fue visto como una señal de debilidad de ambos y Trump lo cuestionó en los discursos y las urnas, sacando más del 50 por ciento de los votos.
De ese modo se embolsó los 57 delegados en danza en Indiana y los sumó a los 936 que ya contabilizaba, incluyendo los 90 ganados en el otro súper Martes del 26 de abril, cuando triunfó en los cinco distritos.
El discurso xenófobo, machista y ultra conservador de Trump no ha tenido demasiados remilgos, luego de esas victorias. En cierto modo se profundizó, por ejemplo ahora se metió contra China, diciendo que no permitirá que ese país socialista siga “violando” a EE.UU. con sus trampas (léase superioridad comercial). El imperio tiene con Beijing un déficit comercial de 365.000 millones de dólares anuales. Y esos números en rojo prenden las alarmas en una parte del empresariado norteamericano y su establishment político, que toman al magnate como su vocero de prensa. Para el candidato lo importante es aparentar que defiende los puestos de trabajo amenazados por el “peligro comunista”.
Hubo 17 precandidatos republicanos que comenzaron las primarias en Iowa y sólo quedó uno. Ahora el único enemigo de Trump es él mismo: no tiene que meter la pata con ninguna declaración alocada. Y hacer la plancha hasta el 7 de junio venidero cuando se vote en California, el estado con mayor población del país. Si gana allí entonces sí que habrá podido llegar a la cifra mágica de 1.237 delegados para ser investido como el candidato opositor a la Casa Blanca. Después de Indiana ya cuenta con 993 porotos.

Hillary con ventaja.
Por el lado demócrata, la puja hace rato se vino dando sólo entre dos precandidatos: la ex secretaria de Estado y ex primera dama Hillary Clinton, y el senador Bernie Sanders, representante de Vermont.
En el último round de los librados hasta ahora, en Indiana, el veterano Sanders logró la mayoría, pero en el súper martes del 26 de abril, cuando se sufragaba en Pennsylvania, Connecticut, Rhode Island, Delaware y Maryland, la ganadora había sido Clinton. Ella también había arrasado unos días antes, el 19, en el segundo estado más poblado del país, Nueva York, con el 58 por ciento de los votos.
En la interna demócrata no sólo se tienen en cuenta los delegados ganados en las asambleas o caucus y en las elecciones propiamente dichas, a veces con un padrón de inscriptos o afiliados y en otros con posibilidad de que voten los independientes, sino también los llamados “súper delegados”, dirigentes nacionales partidarios. El vulgarmente llamado en todas partes, “el aparato”.
Y así las cosas, la ex secretaria de Estado de Barack Obama viene agrandando las diferencias con su rival, pero sin haber podido hasta ahora ponerlo KO. Hillary cosecha la mayor parte de sus adhesiones entre el público acomodado, blancos pero también latinos y afroamericanos, y gente de edad media o mayores.
Paradojalmente, Sanders, de 74 años, ha logrado captar el voto e incluso la militancia activa de franjas etáreas de jóvenes y en particular de personas instruidas y universitarios, entre otras capas sociales que lo mantuvieron con vida desde la competencia de Iowa hasta aquí contra un “peso pesado” como Clinton.
Ella tiene el aval del grueso de la nomenclatura demócrata y también de los financistas de Wall Street, que la apoyaron con generosos aportes. Y Sanders, al denunciar a ese capital financiero parasitario y sus preferencias, ganó simpatías y apoyo popular. No hay que olvidar que luego de la pavorosa crisis financiera y bancaria de 2007 y 2008, floreció en el país y Europa una serie de movimientos contestatarios, como “Occupy Wall Street”, duramente combatido por la policía neoyorquina y los alcaldes de ese tiempo.
Mientras Clinton se presenta como la continuidad de la administración Obama, sugiriendo mejorar o completar asignaturas pendientes en materia de empleo, inmigración y seguro de salud, su rival de Vermont consiguió una respetable fuerza política con el voto de la gente atraída por su propuesta de estudios universitarios gratuitos y seguro de salud para todos merced a impuestos que deberían oblar los potentados de Wall Street, o sea los amigos y financistas de Hillary.
Esta última circunstancia redondea algo que en las próximas semanas tendrá una resolución. Las cosas pintan como que Sanders es el más progresista y atractivo para las franjas de jóvenes, pero por eso mismo lo suyo puede ser visto como utópico y poco realista para el grueso del electorado. Este preferiría ir por lo seguro, Clinton, aunque sepa o intuya que eso mismo no será muy seguro que digamos vista la tirante relación de EE.UU. incluso con sus socios europeos. Recuérdese que ya Francia anticipó que no firmaría el TTIP (Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones) entre EE.UU. y Europa, luego de filtrarse al público cláusulas lesivas al Viejo Continente negociadas en secreto por la superpotencia.

Cleveland y Filadelfia.
Sanders ha reiterado que dará batalla hasta el último día y debería creérsele que no hará lo de Cruz y Kasich entre los republicanos, que tiraron la toalla.
El antagonista demócrata a Hillary Clinton pretende llegar de pie a la convención demócrata que se realizará entre el 25 y el 28 de julio en Filadelfia. Y en todo caso perder dignamente allí en caso que la mujer, que lleva las de ganar, sume los delegados necesarios, que son 2.382, entre los simples y los súper delegados.
Como ya se señaló, por el lado republicano el único candidato de pie es Trump, que precisa 1.237 delegados para ser oficializado como el aspirante al Salón Oval. Por lo pronto, el 7 de junio próximo querrá llevarse los 172 que hay en juego en California. Y obviamente los demás que se disputen antes de esa puja clave.
De lo contrario, si no logra ese número de 1.237, la asamblea republicana a realizarse entre el 18 y el 21 de julio en Cleveland, adquiriría el carácter de “abierta”. Los delegados podrían votar entonces según su criterio, sin la obligación de respetar el mandato partidario de su estado.
Sin embargo, tal extremo no se da desde hace 40 años; hay que remontarse a 1976 para registrar una convención de ese tipo, cuando Gerald Ford derrotó a Ronald Reagan. Lo más probable es que Trump, con su discurso de recuperación de la gloria norteamericana, el muro contra “los delincuentes mexicanos”, la prohibición de ingreso a territorio norteamericano para los musulmanes, el discurso antichino y la mayor presencia militar del país para “asegurar el mundo”, sea finalmente la carta republicana.
Esa puede ser una buena noticia para Clinton, a quien los sondeos de estos días dan como ganadora por 7 puntos, en caso de competir en noviembre contra el magnate xenófobo.
Como dato de color, de color del verde billete estadounidense tan importante en esa versión plutocrática de la democracia yanqui, hay aportistas millonarios de los republicanos que empiezan a variar de canasta donde poner los dólares. Uno de los principales donantes republicanos, Charles Koch, declaró en abril pasado que Clinton podría terminar siendo “la mejor candidata”.
Aunque plata no es precisamente lo que le falta a Trump, el dato importa como realineamiento político. Es que los hermanos Charles y David Koch habían prometido una donación de 1.000 millones de dólares a quien resultare proclamado como presidenciable republicano. Ahora se ve que Trump y su paradigma de la antipolítica no los convencen. Y no quieren tirar su plata.
¿Puede alguien que tiene más de 10.000 millones de dólares y un discurso tan reaccionario llegar a la presidencia del país reputado más poderoso de la Tierra? Sí, como poder, puede. Aunque ese mismo peligro puede generar anticuerpos y hacer que mucha gente hoy dudosa se decida a votar en contra del multimillonario en la recta final. Ojalá así sea, por ellos, por nosotros, la región y el mundo.