Fatal resignación

LA SEMANA PAMPEANA

I – ¿Qué hubiera pasado en La Pampa si en cuatro días murieran doce personas, la mayoría jóvenes y niños como consecuencia de una enfermedad? ¿Qué medidas se hubieran tomado si esas muertes hubieran sido causadas por grupo de delincuentes que salieran a matar personas por la calle? ¿Qué si esas doce muertes fueran producidas por comida en mal estado o medicamentos truchos? Las respuestas parecen obvias. Una batería de medidas sanitarias, de seguridad, bromatológicas o de otra índole se hubiera descargado inmediatamente para frenar semejante matanza, como ocurrió cuando una epidemia de meningitis provocó muertes de niños hace un cuarto de siglo y se lanzó un extendido programa de inmunización con la recordada “vacuna cubana”, o cuando se prohibieron medicamentos truchos o alimentos adulterados.

II – La pregunta está motivada por la aparente resignación con la que los pampeanos reaccionamos ante una serie de fatales accidentes de tránsito que le costaron la vida a doce personas en pocas horas en los momentos previos y posteriores a la Navidad. El mayor y más horroroso de ellos, segó la vida de tres niños, dos mujeres, una de ellas embarazada y un joven que conducía. Ocurrió en el cruce de la ruta nacional 5 y la provincial 7 en un tramo donde no está permitido el sobrepaso y la velocidad debe ser reducida. Uno de los vehículos dobló en la cinta asfáltica y otro que venía detrás lo embistió en uno de sus laterales matando a todos sus ocupantes. El resto de los muertos lo fueron en choques frontales de dos vehículos en plena ruta, en vuelcos y en choques contra árboles. En todos los casos se presume que operó como desencadenante la imprudencia de alguno de sus protagonistas sumado probablemente a otros factores como una velocidad excesiva para el lugar o para la pericia del conductor o para los elementos de control del vehículo así como la presunta inobservancia de reglas de tránsito y de formas de conducción inapropiadas para las rutas.

III – Ninguna de esas personas, es de presumir, creyeron que salir a la ruta iba a ser el último acto de sus vidas. Porque el automóvil y los viajes que en él hacemos es algo tan cotidiano que asumimos que hacerlo es como sentarse a almorzar, ir a trabajar o salir de compras. Pero la realidad indica otra cosa. En el año las muertes en accidentes de tránsito en La Pampa sumaron 65 al momento de escribir esta columna y es posible que al ser impresa la edición sean más. Salir a la calle y ser parte del tránsito vehicular implica un riesgo cierto de muerte que no parece ser evaluado como tal. Pero las estadísticas no dejan lugar a dudas: la probabilidad de muerte en accidente de tránsito es la mayor en los menores de 35 años y esas probabilidades aumentan 15 veces para los ciclistas y motociclistas.

IV – La mayor parte de los accidentes se producen en rutas o avenidas donde las velocidades son mayores y donde las distracciones y faltas a la seguridad tienen consecuencias mucho más graves que las que pueden tener en el tránsito urbano. Pero las autoridades no parecen preocupadas en buscar soluciones a la detección y sanción de esas faltas potencialmente fatales que se producen en todo momento. Ni tampoco parecen estarlo en la realización de pruebas más severas de manejo. Estas suelen limitarse a comprobar la pericia con la que un conductor puede estacionar su vehículo marcha atrás dejando sin evaluar su comportamiento en rutas o avenidas de alto tránsito. De la misma forma, la preocupación por identificar faltas de tránsito se agota en un afán de recaudación en general por infracciones menores mientras se deja sin detectar otras mas graves.

V – La colocación de cámaras para vigilar el tránsito y detectar maniobras peligrosas en rutas y avenidas así como la detección de patentes es desconocida en La Pampa. Su alto costo y una operación que exigiría operarios calificados para que sirvan a su fin es, desde luego, una dificultad (solucionable si hubiera “gestión” política, la gran ausente). Pero hay otra forma de detectar a los conductores díscolos y potencialmente peligrosos. Es a través de los registros de siniestros de las companías de seguro que tienen un minucioso historial de accidentes de cada uno de los conductores que debería ser elemento de consulta y análisis permanente de evaluación de los encargados de la seguridad en el tránsito. Allí, más que en las multas a personas mal estacionadas, debería volcarse el esfuerzo por identificar y sancionar patrones de conducción potencialmente peligrosos que permita prevenir que esa conducta termine por engrosar la lista de víctimas del tránsito de las estadísticas. (LVS)