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Feminismo popular y plurinacional

NI GOLPE DE ESTADO NI GOLPES A LAS MUJERES

El 25 de noviembre se conmemoró el Día de la No Violencia contra las Mujeres, y en la ocasión se marchó en repudio al golpe de Estado en Bolivia, también apoyando la rebelión popular en Chile. En ambos países, la represión se ensaña con las mujeres.
IRINA SANTESTEBAN
El asesinato de las hermanas María Teresa, Minerva y Patria Mirabal, el 25 de noviembre de 1960, por sicarios de Leónidas Rafael Trujillo, en República Dominicana, originó el Día por la No Violencia contra las Mujeres. Las «Mariposas» eran parte de un movimiento político que luchaba para derrocar al sangriento dictador, ejecutado al año siguiente por un comando revolucionario.

Femicidios.
El asesinato de mujeres por la violencia patriarcal, ha sido incorporado a la legislación argentina, por ley 26.791 del año 2012. Es el homicidio perpetrado por un hombre contra una mujer, en un contexto de violencia de género.
En 2018 hubo 273 femicidios, uno cada 32 horas; pero en los primeros nueve meses de 2019 ya se registraron 235, esto es, una muerta cada 26 horas por la violencia de género: casi un femicidio por día, según el relevamiento de medios gráficos y digitales de todo el país que realiza el observatorio de violencia de género Ahora Que Sí Nos Ven.
Pero además de la violencia de género que tiene como víctima casi excluyente a las mujeres, generalmente a manos de parejas o ex parejas, y casi siempre dentro del ámbito doméstico, existe otro tipo de violencia que hace referencia al ensañamiento del sistema contra las mujeres, en particular las que luchan.
Chile y Bolivia son noticia por la convulsionada situación social, con levantamientos y manifestaciones populares, reprimidas salvajemente por las fuerzas de seguridad. En el primer caso, se trata de una rebelión encabezada por los jóvenes, pero que involucra a vastos sectores populares, contra el gobierno neoliberal de Sebastián Piñera y un sistema social con enormes desigualdades. En el segundo, contra el golpe de Estado que ha instaurado un gobierno ilegítimo luego que el presidente constitucional Evo Morales se viera obligado a renunciar por «sugerencia» de las Fuerzas Armadas.

Chile.
El accionar represivo de los Carabineros demuestra pocos cambios en derechos humanos desde la dictadura pinochetista. El despliegue de carros hidrantes, lanzagases, detenciones violentas, disparos a los ojos de los manifestantes, desapariciones y muertes, son datos objetivos.
Según el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), se han presentado 74 querellas por violencia sexual, de ellas, 40 casos corresponden a mujeres y 16 a niñas. Las detenciones son más violentas en caso de las mujeres, sean jóvenes, niñas o adultas, pues son obligadas a desnudarse, manoseadas, insultadas, y sufren todo tipo de vejaciones y golpizas.
Por ello, desde el movimiento de mujeres se denuncia esta situación como «violencia político-sexual», porque se intenta sacar a las mujeres de la calle y las manifestaciones.
Aunque la violencia de un sistema excluyente y profundamente desigual, en Chile, está dirigida hacia la mayoría de la población que lo sufre, el ensañamiento hacia las mujeres es expreso y se manifiesta en la actuación de los Carabineros. Hasta el propio Piñera tuvo que reconocer sus «excesos».
En Argentina, la teoría de «los excesos» intentó durante más de 20 años cubrir con un manto de impunidad a los genocidas de la dictadura militar-cívico de Videla y Martínez de Hoz. Los juicios por los crímenes de lesa humanidad demostraron que no hubo «ni errores ni excesos» sino un plan sistemático de exterminio de quienes se oponían a ese gobierno de facto.
El caso de la artista callejera Daniela Carrasco es un dato más de la crueldad de las fuerzas de seguridad en Chile, sin que hasta ahora la OEA se haya planteado alguna intervención para detener esa represión. Daniela era mimo y fue encontrada colgada de una reja en los primeros días de las manifestaciones, tras haber sido detenida por Carabineros. El colectivo Ni Una Menos de Chile ha denunciado que fue violada y torturada, pero la Fiscalía que interviene en su caso, lo ha negado.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos relevó en Chile 42 muertos, 12 mujeres violadas, 121 personas desaparecidas y miles de heridos y torturados.

Bolivia.
La violencia de género en Bolivia, como en casi todo el mundo, se mantuvo oculta durante muchísimo tiempo, y fue durante el gobierno de Evo Morales que las mujeres, en particular las de los pueblos originarios, las collas «de pollera», fueron reconocidas en igualdad en sus derechos civiles, políticos, económicos, en las comunidades, las familias, etc.
No obstante ello, los femicidios son elevados, tal como surge de reportes como el de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina – ONU), que indica que en Bolivia dos de cada 100.000 mujeres son asesinadas por violencia de género.

Derrapó Rita.
Hace algunos días, la antropóloga feminista Rita Segato sorprendió por sus declaraciones negacionistas respecto al golpe de Estado contra Evo Morales, justificando la caída del presidente constitucional porque habría provocado un «vacío de poder». También criticó sus supuestas actitudes «machistas».
Sin embargo, el empoderamiento de las mujeres bolivianas, incluidas las indígenas, históricamente ninguneadas y discriminadas, es innegable, y fue el gobierno del MAS el que las promovió para ocupar importantes cargos en el parlamento, el gobierno y el Poder Judicial.
El ministro de Justicia -hoy depuesto- Héctor Arce, reconoció autocríticamente que no se avanzó igual en los temas de género como en otros: «No hemos logrado generar una conciencia de igualdad entre hombres y mujeres como nación boliviana (…) el hombre siente que tiene un poder de dominio sobre la mujer. El hombre no asume su condición de igualdad con la mujer y por eso se cree con el derecho, incluso, de tomar su vida. Nuestra mente, nuestro sentido patriarcal no ha evolucionado cuatro veces, como lo ha hecho nuestra economía» (BBC News, 09/08/2019).
No reconocer los avances logrados en materia de reconocimiento de los derechos de las mujeres, es de una ceguera injustificable en una intelectual como Rita Segato, quien parece hablar desde un lugar de ahistoricidad, en franca contradicción con su calidad de antropóloga.
La violencia ejercida por la «presidenta interina» Jeanine Áñez contra las mujeres de los pueblos originarios y la resistencia que éstas están ofreciendo, contradicen también las declaraciones de Segato.
El movimiento feminista en nuestro país marchó el lunes 25 en muchas ciudades con la consigna «Ni golpe de Estado, ni golpes a las mujeres». Vinculó la lucha contra la violencia de género con la más general de los pueblos contra el ajuste de los gobiernos neoliberales y el FMI, reclamando una sociedad más igualitaria, sin discriminación de ningún tipo, ni de clase, ni de género, ni de nacionalidades.