Fidel y sus “primeros” noventa años de edad

Señor Director:
Fidel Castro, líder de la revolución cubana de hace más de medio siglo (57 años), ha cumplido 90 años de edad y el hecho ha tenido resonancia internacional.
La revolución que encabezó Fidel debió luchar contra un régimen despótico para con su pueblo y sumiso para con el poder de los Estados Unidos. Parecía una misión imposible. Atrajo a un puñado de líderes, entre ellos el argentino Ernesto Che Guevara.
Las relaciones con el poderoso vecino se han acomodado parcialmente después de más de medio siglo, en cuyo transcurso se registraron varios intentos de asesinar a Fidel, y un frustrado intento de invasión desde los Estados Unidos.
No es el propósito de esta nota el relato de acontecimientos que están en la memoria de dos o más generaciones. Cuba quedó en la zona caliente de la llamada “guerra fría”. Este es el dato fuerte sin el cual no se entiende mucho de lo acontecido allí. Tampoco es fácil de entender cómo fue posible el triunfo de la rebelión contra el régimen de Batista y la acción de gobierno que ha habido que desarrollar en la isla para que el pueblo cubano hallase justificación en el esfuerzo que se le exigía para posibilitar y consolidar el cambio en la situación social. Este cambio se pudo llevar a cabo a pesar de la resistencia de los sectores desplazados, gran parte de cuyos miembros emigraron para establecerse en la cercana costa de Florida desde donde conspiran sin pausa. El reciente acuerdo para restablecer las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, reconocido como un acontecimiento de proyección mundial, decepcionó a estos anticastristas, pero ahora la generación del éxodo ya tiene hijos y nietos que son ciudadanos plenos de Estados Unidos, obligados a planificar su vida dentro de esta condición. Esto crea una expectativa favorable para que este factor de conflicto pierda intensidad.
Fidel tuvo un comando sobresaliente para las operaciones que lo llevaron desde su desembarco hasta La Habana. Luego tuvo la tarea de gobernar durante décadas, hasta que su salud se resintió y dejó la tarea en manos de su hermano, actual presidente, quien ya anuncia su próximo relevo. Esto hace patente que los Castro han entendido bien que no hay pueblo que pueda vivir en estado de revolución permanente durante más de medio siglo.
Fidel, al superar los riesgos de su salud, ha asumido un papel no menos exigente, como es el de confirmar el proceso revolucionario sin negarse a las adaptaciones necesarias. No ha sido tarea simple generar y mantener un sistema de vida que satisfaga necesidades y expectativas comunes de un pueblo, y que al mismo tiempo, prevea los cambios necesarios para convivir con las cambiantes circunstancias económicas y políticas que se van dando en un mundo que si bien dice haber dejado atrás la guerra fría, prolonga hasta nuestros días un estado de belicosidad larvada que depara la novedad de una guerra que no cesa, aunque no enfrenta directamente a las grandes potencias. La guerra permanente se desarrolla en una franja fronteriza que dibuja las zonas de contacto de los intereses de esas naciones, como se aprecia actualmente en Medio Oriente y zonas vecinas, hacia el norte y hacia el sur. Dado que Cuba no está en esa zona fronteriza, sino bien adentrada en el ámbito de dominio norteamericano, se entiende porqué el acuerdo Cuba-Estados Unidos para restablecer relaciones diplomáticas haya sido celebrado como un acontecimiento mundial, aunque no incluya el levantamiento del boicot económico, que Cuba padece desde hace más de medio siglo.
En sus 90 años, Fidel ha querido dar un mensaje de paz. Ha recordado que está pendiente el riesgo nuclear y que la población mundial crece hasta un extremo peligroso. Hasta ha creído necesario decirle a Obama (o sea, a EE. UU.) que desperdició una oportunidad al visitar Japón y no hallar palabras adecuadas para el dolor de Hiroshima y Nagasaki.
Atentamente:
Jotavé

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