sábado, 21 septiembre 2019
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Fin a un calvario

LA SEMANA PAMPEANA

I – El fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación rechazando el recurso interpuesto por un grupo de padres que acusó sin pruebas a cuatro docentes de un jardín de infantes de 25 de Mayo dio fin en la semana a uno de los procesos judiciales más vergonzosos que se tenga memoria en la provincia. La causa deberá ahora volver a La Pampa donde, por orden del Superior Tribunal de Justicia, se deberá dictar un nuevo fallo, esta vez absolutorio, pues el máximo tribunal falló que en la causa, pese al esfuerzo imaginativo de familiares, abogados, fiscales, jueces y camaristas, no había pruebas que incriminen a los docentes.

II – Cómo fue posible que una psicosis colectiva de un grupo de padres en un pueblo se haya convertido en una cacería de brujas judicial, es la pregunta que la sociedad debe abocarse ahora a encontrar la respuesta. En esa respuesta está en juego nada menos que el derecho a la libertad de los ciudadanos de la provincia, cuatro de los cuales fueron injustamente encarcelados, agredidos, perseguidos y abandonados por el propio Estado, cuyo Ministerio de Educación los dejó sin su trabajo. Es que la ausencia de pruebas y las acciones judiciales en el armado de la causa, asusta. La lectura del expediente pone en evidencia cómo se fue construyendo la falsa acusación y también cómo se fue cayendo como un castillo de naipes a medida que las pruebas que se pedían daban negativo. El peritaje del auto que supuestamente usaba uno de los docentes para llevar y abusar de los niños no arrojó ningún rastro de ADN. El mismo resultado negativo dieron los peritajes de la quinta donde supuestamente se los abusaba en su pileta (en el mes de abril con temperaturas bajísimas para meterse a la pileta y sin que ningún padre se haya dado cuenta poco después que sus hijos además de haber sido abusados se habían bañado con temperaturas de 15 grados). Las pericias de los teléfonos celulares no arrojaron llamadas ni mensajes entre los docentes que, según la acusación formaban una banda de pedófilos. También dio negativa la búsqueda de un perfil psicológico que insinuara siquiera una inclinación a la pedofilia ni sus historiales de búsqueda y navegación en la web daban una pista de que ése fuera su interés.

III – Por suerte para la seriedad de la justicia pampeana, una sala del STJ leyó el expediente y, en vez de hacer la plancha como hizo vergonzosamente el tribunal que los juzgó y el de alzada que debió revisar ese fallo, descubrió, no sin horror, la ausencia total de pruebas para condenar a cuatro docentes por un delito aberrante como el que se les imputaba. Ahora es la propia Corte Suprema la que confirma que el fallo pampeano del Superior Tribunal ordenando se dicte un fallo absolutorio, es la doctrina. Pero a los pampeanos nos queda una duda: ¿seguirán en funciones todos los que fueron partícipes necesarios del armado de una causa tan horrorosa contra cuatro ciudadanos inocentes? Si así fuera ¿qué garantías podemos tener de no ser objeto de una desconexión con la realidad tan criminal que fue capaz de intentar condenar a quienes no eran los autores? Y por último ¿por qué no se investigó ni se investiga hasta ahora la conexión familiar de los abusos? Es sabido que la enorme mayoría, en algunos casos más del 90 por ciento, de los abusos a menores se realiza en el entorno familiar. Más aún, uno de los niños dijo en la cámara Gesell que a uno de sus compañeros lo abusaba un allegado a la familia al que menciona con un nombre. No hubo siquiera un atisbo de investigación de esa pista.

IV – Pero así como la justicia debe dar explicaciones sobre el papel que cumplió cada uno de sus integrantes en este armado de una causa, también deberían hacer su autocrítica una runfla de publicaciones que, sin el más mínimo respeto por la verdad, se sumaron a los linchadores. Fogoneros de la mentira, pese a las evidencias de inocencia que la causa arrojaba día a día, se empeñaron en ocultar la verdad y seguirle la corriente a los padres, funcionarios judiciales y abogados que construyeron uno de los embustes legales más espantosos que recuerde la historia judicial de La Pampa. Aún después del fallo de la Corte, que no dejó margen alguno a la especulación sobre la inocencia de los docentes, en estos días, esas mismas publicaciones han difundido una carta anónima, que adjudican a los «padres», en la que se llega a afirmar que el TIP puede aún condenar a los docentes. Semejante afirmación publicada sin un cuestionamiento los desnuda en su intención de perseverar en la mentira y el engaño de sus lectores pero, más que nada, en la ignorancia del derecho que, con claridad, indica que el único camino que le queda a los jueces al que el STJ les ordenó un nuevo fallo, es la absolución. (LVS)