Fin de la historia como tendencia que está ahí

Señor Director:
Si hay quienes me leen en este quehacer de dar opinión puedo decir que al hablar de conflictividad permanente como rasgo característico de la aventura del hombre, he estado tratando de advertir que la tendencia a creer o a divulgar expectativas según las cuales se puede llegar a un punto final, aceptado el cual estaríamos en el mundo feliz, es un error que se ha repetido y que, desde mi punto de vista, es insustentable. Es más, creo que se lo difunde para demostrar que lo malo es el conflicto.
Lo que he llegado a tener por cierto es que el conflicto es lo característico de lo que llamo “la aventura del hombre”. Me repito al decir que solo cuando éste dejó de someterse a su condición animal, cuando comenzó a hacerse preguntas, a dudar y a proponerse soluciones alternativas, recién ahí, en ese punto, tuvo comienzo la marcha del hombre, la apertura del proceso de humanización o de personalización. Si el hombre es el único ser viviente que tiene una historia es porque cambia. Genera sin cesar situaciones nuevas, que son su forma de aplicar lo que la ciencia llama el método del ensayo y el error. Si hay un relato atractivo en la aventura del hombre es por esta búsqueda incesante de una verdad que no está hecha ni lo estará nunca, porque cuando el hombre crea haber llegado al mundo feliz lo que realmente podrá haber alcanzado es el fin de la historia: su propio final. A esto es lo que llamo el conflicto y es esto lo que explica la importancia de la política entendida como una manera de gestionar el conflicto, porque aplica un saber que ha aprendido en su marcha, aunque la aceptación de este sentido de lo histórico implique entender que porque somos diferentes, porque incluso cada uno de nosotros cambia durante su existencia, porque ignoramos lo que nos deparará el futuro, pero hacemos planes y elaboramos proyectos, este quehacer es nuestro modo de ser, el que nos da protagonismo, aunque a veces se configure como un protagonismo trágico.
Hecha esta declaración de principios, abordo el momento actual de la política argentina y prefiero el análisis de Edgardo Mocca (en Página/12), cuando dice que ahora, hay “un nuevo momento político en el país”. Los rasgos de este momento consisten en que ha concluido la etapa inicial que tuvo Macri, como gobierno nacido del voto ciudadano. El nuevo momento político supone que entramos en un período de tensiones. O sea que reentramos, después de un momento de suspenso del conflicto, en la normalidad del acontecer del sujeto histórico (el conflicto). No hay un único factor que haya clausurado la etapa en que predominó la tendencia a dejar hacer para que el nuevo gobierno ponga en marcha su propuesta. El factor determinante es la proximidad de una elección (la de 2017, dentro de algo menos de un año). El plazo hasta dicha votación es el que tiene el gobierno para recomponer su imagen, pues ha estado perdiendo puntos, pero también lo es para quienes aspiren a tener presencia electoral significativa con vistas a la más distante fecha de renovación del gobierno nacional.
Hay tres escenarios: el del gobierno, que deberá producir hechos que permitan llegar a elecciones sin decepciones que puedan ser mayoritarias; el del kirchnerismo, si damos este nombre a lo derrotado por el macrismo el año pasado: mantener el ascendiente que lo convierte en uno de los núcleos fuertes y que debe intentar reforzarse, ya porque reintegre líneas peronistas, ya porque se integre con fuerzas de distinto origen que coincidan con su proyecto; y para el massismo (Frente Renovador), que se muestra como la alternativa entre las dos opciones anteriores, pero que debe entender que le será necesario perfilar su propio espacio, sobre todo con relación al macrismo, como se lo están reclamando algunos de sus militantes (Moyano, el diputado, entre ellos). Ahora hay que atenerse a la realidad del conflicto y definir posiciones.
Atentamente:
Jotavé