Fragilidad y cansancio

La fragilidad extrema del abastecimiento de agua a Santa Rosa volvió a dar su enésima muestra de que está muy lejos de una solución. Sin proponérselo, los vecinos de esta capital se han vuelto expertos en materia de ingeniería hidráulica de tanto escuchar a funcionarios y técnicos hablar de “golpes de ariete”, “juntas” o “hermeticidad” cuando deben justificar los continuos cortes en el servicio.
Esta vez se sumó un factor irritante: una ola de calor impiadoso que azota la provincia y que quita todo vestigio de tolerancia o comprensión ante la falta de agua en los sufrientes habitantes de esta ciudad. Es tan abrumadora la situación que algunos funcionarios suelen perder el buen tino cuando son acosados por el periodismo que no hace otra cosa que transmitir la inquietud del vecindario por la carencia de un servicio tan importante.
Ayer un secretario municipal, evidentemente superado por la presión, llegó al extremo de despotricar contra el “amontonamiento” de personas en la ciudad y proponer una suerte de deportación masiva a localidades vecinas. La Pampa es una de las provincias con menor crecimiento demográfico del país y su capital, Santa Rosa, una de las menos pobladas; por lo tanto el problema está muy lejos de pasar por los carriles que planteó el munícipe.
En verdad la cuestión de fondo es conocida por todos: el calvario de los santarroseños tiene su origen en una obra mal proyectada y peor construída, con altísimas dosis de corrupción en el medio tal como lo demostró la Justicia en una recordada sentencia condenatoria.
Lo que muchos se preguntan es qué sucederá cuando el acueducto llegue a General Pico y, por lo tanto, tenga que transportar más agua y con mayor presión desde el río Colorado.