Francia decide más allá de lo propio con su voto

DOMINICALES

Es posible pensar, aunque en ello influya el propio deseo, que la elección de hoy en Francia tiene un significado que trasciende sus fronteras y puede incidir en el curso del acontecer político de los próximos años.
Las encuestas dieron, hasta que dejaron de hacerse, una franca ventaja para Emmanuel Macron, un ex banquero que fue ministro de Economía con el actual presidente Hollande. Expresa la línea conservadora, pero puede haberse hecho inesperado depositario de la mejor tradición liberal, esto es, la apegada al procedimiento democrático, al cual Francia ha sido fiel por el peso de sus propias tradiciones (Revolución Francesa y declaración de los derechos del hombre). Ahora mismo confía su futuro a una elección en la que el hombre del pueblo que siente que debe votar, es el que decide si se persistirá en lo esencial de la propuesta democrática o si esta vez Francia hará punta al extremismo que tuvo su expresión en el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán, que llegaron a provocar una guerra de todo o nada y fueron derrotados por una singular alianza entre democracias occidentales y el extremismo ruso de izquierda (II Guerra Mundial).
La última novedad significativa del breve interludio entre primera y segunda vueltas, que debe completarse hoy, fue el debate entre los dos contendientes, Macron y Marine Le Pen, en la que, a juicio casi unánime de la prensa francesa, Marine malbarató los pocos progresos que había logrado para descontar la ventaja de Macron, la de la primera vuelta y la de las encuestas. El ex presidente de Estados Unidos, Barak Obama, que ha sido espectador de esta elección como si en ella se jugara algo propio, se decidió a comunicar que espera y desea “que sepan que apoyo a E. Macron”. O sea que lee la elección francesa como ligada estrechamente a la de Estados Unidos. Como otro round contra Trump. Y si esto es así es porque ve claramente que lo que está en juego es el porvenir de la democracia y que ahora, quizás como nunca antes, hay una sincronía mundial (sobre todo en occidente) a favor de la posibilidad de un desarrollo que conjure el riesgo de un final para la democracia, no siempre con una idea clara de la densidad de este concepto y del compromiso personal que supone.

Siria.
El escenario bélico sirio es actualmente la expresión más cabal del punto crítico a que ha llegado la situación mundial, generando el riesgo de un estallido de mayor magnitud.
La conferencia de Kazajistan, entre Rusia, Turquía e Irán, con asistencia de un representante de las Naciones Unidas y de observadores sirios de ambos bandos, ha concluido con la propuesta de crear cuatro zonas “seguras” en Siria, o sea sin enfrentamientos armados ni sobrevuelo de aviones. La ONU, en su primera expresión, se congratula de esta propuesta, mientras que sectores de la oposición al actual gobierno sirio no han dado su conformidad, quizás porque no admiten otra alternativa que la renuncia del gobierno de este país desarticulado por una guerra que va para siete años de duración y que ha dejado centenares de miles de muertos, desaparecidos y migrantes, al tiempo que ha convertido a ese país en el escenario de conflictos mayores que lo trascienden largamente, como lo revela el hecho de que Rusia apoya al gobierno y los occidentales (USA y Europa) comenzaron por intervenir activamente en apoyo de los rebeldes. Este desarrollo hizo que un conflicto interno perdiese significación al transformarse en escenario de colisiones mayores, como son las fuerzas que representan el extremismo del mundo musulmán (que ensaya formar su propio territorio de dominio), la incidencia de la colisión entre Israel y el mundo árabe, encaminado por Tel Aviv hacia el asentamiento en territorios palestinos y contra las expectativas de musulmanes más moderados que quieren que el Estado Palestino sea reconocido como tal. El presidente Trump acaba de decir que propicia este reconocimiento y que va a Medio Oriente con esa idea, pero es seguro que no lo hace en la medida que sí lo hicieron las últimas presidencias demócratas. Queda por ver si Trump va en busca de una solución compatible o para refrendar las expansiones de Israel como base para un acuerdo.
La importancia de la reunión en Kazajistán estuvo dada inicialmente por la presencia de Turquía, una nación que ha aspirado a ser aceptada como miembro de la Unión Europea, pero que ha estado modificando su posición por entender que sus aliados de occidente no respetan tal aspiración y vienen ayudando (a juicio de Ankara) los intentos de perturbación interna en el actual territorio turco, heredero de un imperio cuya constitución en el lado más próximo a Medio Oriente supuso absorber con violencia a una diversidad de pueblos tradicionalmente asentados en esas tierras. Turquía ha sido, de hecho, un aliado de posguerra de los Estados Unidos, al punto de albergar en su territorio una base misilística de USA que apunta hacia Rusia. La suma de estos conflictos milenarios y actuales, ha acercado a Turquía y Rusia, hecho que inicialmente benefició a Damasco. Actualmente, uno de los obstáculos principales para poner final a la guerra en Siria es el choque con los intereses estratégicos de Israel, cuya alineación con Estados Unidos no ha dejado de afirmarse en los últimos años.
De tener éxito las zonas de seguridad que propone la conferencia de Kazajistán, quedaría por lograr una victoria decisiva sobre el Estado Islámico y, también, la ardua posibilidad de un acuerdo mínimo entre gobierno y oposición para resolver el entredicho en una elección general. Las propias divisiones en el mundo árabe, a partir de la antigua división entre dos tendencias del mahometismo (sunnitas y chiitas) son otro obstáculo difícil, sobre todo por la relación estrecha de los emiratos con los Estados Unidos.
Lo cierto es que Siria se constituyó trabajosamente como una nación, pero nunca fue reconocida por los pueblos preexistentes, entre ellos el kurdo (del Kurdistán)

Brexit.
El proceso de separación del Reino Unido de la Unión Europea se torna complicado porque la UE ha dicho muy claramente que Londres debe esperar una larga y dura negociación, entre otras causas por la deuda del país insular con la organización europea, por el problema de los millones de europeístas (europeos radicados en el Reino Unido y británicos radicados en lugares continentales, incluyendo España, preferida por muchos ingleses por su clima y sus playas) y por la posibilidad de que grandes bancos y empresas multinacionales dejen Londres para establecerse en Europa, donde está el grueso de sus negocios.
Jotavé