Franja de Gaza, la tierra donde reina la barbarie y el horror

Eduardo Lucita*
El mundo se está poblando de guerras locales y los conflictos bélicos se extienden como una mancha de aceite: Siria, Ucrania, Nigeria, otra vez Irak. Pero es la nueva ofensiva israelí sobre Gaza la que concita mayor atención.
Gaza otra vez. En estos días asistimos a la más profunda ofensiva militar sobre la estrecha Franja de Gaza. Para la organización Médicos Sin Fronteras es así no tanto por el despliegue militar, sino por la cantidad de víctimas -muertos, heridos, mutilados- que se computan y la presión psicológica que todo eso implica sobre la población civil.
Sentimientos de horror, de barbarie, de impotencia se superponen ante las imágenes y testimonios que muestran el despliegue de uno de los ejércitos mejor equipados y preparados del mundo sobre una población cuasi indefensa.
Las treguas se suceden una tras otra, pero fracasan una y otra vez. En los pocos momentos de negociación Israel propone como condición innegociable el desarme de Hamas, mientras que la representación palestina exige el levantamiento del bloqueo, el cese de las hostilidades continuas y ayuda para la reconstrucción. Así las treguas solo han sido hasta ahora un respiro para volver a empezar, o mejor dicho para continuar con la destrucción.
Al redactar esta nota, justo cuando comienza una nueva tregua y negociaciones bajo mediación egipcia, el saldo hasta ahora es de 1.948 palestinos y 67 israelíes muertos, 10.000 y 100 heridos respectivamente. De los muertos palestinos 1.400 son civiles y de los israelíes solo tres. De los primeros el 70 por ciento son mujeres, niños y ancianos.
Se estima que el 70 por ciento de la infraestructura palestina ha sido destruida. Según la Unrwa (organización de las Naciones Unidas para los refugiados) hay 10.000 edificios que han sido destruidos, entre ellos 11 hospitales, 142 escuelas y numerosas instalaciones de la ONU, 75.000 personas perdieron sus casas y 370.000 menores necesitan ayuda psicológica. Hay fuerte escasez agua potable, y casi nulo saneamiento de efluentes. El jefe del Comité Internacional de la Cruz Roja a dicho “nunca vi este tipo de destrucción antes”

Raíces del conflicto.
Son conocidas pero conviene recordar las raíces históricas del conflicto. En noviembre de 1947 la recién formada ONU -de la que no era parte la nación árabe- sancionó la Resolución 181 que proponía la partición de la Palestina Histórica en dos estados: uno “judío”, para el que destinaba el 56% del territorio y otro “árabe”, al que le asignaba el 43%, más una zona internacional en el 1% restante correspondiente a Jerusalén. Esta propuesta “que no fue consultada con los nativos de Palestina, ni tampoco aprobada por el Consejo de Seguridad”, buscaba una solución a los judíos perseguidos en Europa por el nazismo, aunque no les garantizaba la propiedad de la tierra.
A partir de diciembre de 1947, organizaciones sionistas comienzan a desalojar a los pobladores palestinos, arrebatándoles el territorio que no habían podido obtener por compra ni por decreto de las potencias. El 15 de mayo de 1948, un día después de retiradas las fuerzas británicas, Israel se fundó sobre el 78% del territorio de la Palestina Histórica, expulsando 800.000 palestinos. Hoy aquellos desplazados son 6 millones, que luchan cotidianamente para apenas vivir y esperan se respete su derecho al retorno, reconocido por la ONU en su resolución 194. Para la religiosidad judaica su derecho a esas tierras, particularmente Cisjordania, proviene de que son territorios bíblicos (Judea y Samaria).
Así la guerra, si se acepta llamar así al enfrentamiento entre fuerzas tan dispares, no tiene solución de continuidad.

Cárcel a cielo abierto.
El conflicto ha tenido tantas variantes como modificaciones políticas y sociales en el tiempo, pero una constante, la necesidad israelí de ampliar su territorio. En el período 1948-1967 Gaza estuvo bajo gobierno militar egipcio. Entre 1967 y 1994 Israel asumió el mando del gobierno militar. Los once años posteriores la región vivió en una suerte de autonomía coexistiendo con colonias y bases militares israelíes. En 2005 el Estado hebreo repliega sus bases militares y colonias. La actual ofensiva por aire, mar y tierra, es un eslabón más en una cadena de hechos bélicos a partir del 2006 cuando Hamas -un desprendimiento de los Hermanos Musulmanes, originariamente reformista y asentado en tareas asistenciales y redes sociales- ganara las elecciones con el 65 por ciento de los votos y un año más tarde tomó por la fuerza el control de la franja luego de que tanto Israel como la Autoridad Palestina desconocieran su victoria.
Desde entonces las 1,7 millones de personas que habitan esa franja de solo 360 kilómetros cuadrados viven hacinados en una virtual cárcel a cielo abierto. La franja es un territorio sometido a bloqueo, sus fronteras son vigiladas por Israel y Egipto que controlan todos los movimientos de personas y mercancías y limitan las ayudas solidarias. El bloqueo alcanza a las aguas marinas. Los palestinos sólo pueden pescar hasta once kilómetros de sus costas lo que excluye las mejores zonas de captura, y este límite a veces se reduce a la mitad. Todo bajo la mirada pasiva y cómplice de EEUU y la UE.

Operaciones a la carta.
Desde 2005 Gaza fue invadida por Israel en seis oportunidades: operaciones militares “Lluvias de Verano”, “Nubes de Otoño”, “Invierno Caliente”, “Plomo Fundido”, “Eco de Retorno” y la actual “Margen protector”. En 2008-2009, cuando “Plomo Fundido”, el entonces premier israelí Ehud Olmert decía que estaban “cerca de cumplir sus objetivos”. ¿Cuáles eran esos objetivos? No otros que garantizar la paz y la seguridad en las ciudades israelíes del sur, liquidando a Hamas.
Ahora, el actual premier Benjamín Netanyahu declaró que se trataba de “una campaña prolongada” para neutralizar los ataques de Hamas. El objetivo es destruir las lanzaderas de cohetes y el llamado “Bajo Gaza”. Esto es la red de túneles de 1 a 3 kilómetros de extensión, construidos, hasta 30 metros bajo tierra, originalmente para sortear el bloqueo de mercancías, luego como coberturas defensivas ante los bombardeos y por último como vías ofensivas.
Tanto el alto mando militar israelí como sus dirigentes políticos no desconocen que esos objetivos son inalcanzables. Las ofensivas militares, el bloqueo y los cortes de las ayudas -indispensable para el funcionamiento limitado del proto-Estado palestino- pueden golpear y condicionar el poder de Hamas pero no erradicarlo definitivamente, por el contrario este se recreará una y otra vez, aunque su poder de fuego resulte muy limitado.
Tal vez ante el arrollador triunfo electoral de Hamas en las dos zonas y el debilitamiento de la ineficiente y corrupta Autoridad Palestina resulten solo excusas para ocultar el verdadero objetivo de tanta barbarie: terminar con la idea de un Estado nacional palestino. Mirado desde esta óptica cobra sentido porqué los objetivos militares de Israel son civiles, buscan anarquizar la situación social en Gaza, impedir cualquier forma de gobernabilidad y de administración de la gestión pública por menor que esta fuera.

Terminar con la barbarie.
En oportunidad de la ofensiva del 2008-2009 escribí un artículo para esta columna que terminaba con el párrafo que reproduzco a continuación ya que no veo razones para cambiarlo: “En 60 años el pueblo palestino no ha logrado recuperar sus territorios, tampoco ha podido construir su propio Estado, sin embargo puede decirse que su causa ha ganado legitimidad internacional. En el largo plazo la única solución posible es la de un solo Estado democrático, laico y plural para toda la Palestina, como fue históricamente la reivindicación de la izquierda palestina, aunque su viabilidad requiere de una ruptura con el orden capitalista existente. Pero en lo inmediato se trata de parar la barbarie, poner fin a los bombardeos, a las razias, a la matanza de civiles, al bloqueo y al Muro del Apartheid, liberar a los prisioneros y exigir que Israel vuelva a las fronteras vigentes en 1967”.
Sería una base razonable para comenzar un debate democrático que ponga fin a tanta atrocidad criminal.
* Integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda