Frases que dicen mucho

Nadie puede negar que el actual gobierno, a través de algunos de sus más encumbrados representantes, ha sido pródigo en frases, que rozan lo llamativo y a veces campean dentro de lo absurdo. Para el caso se pueden citar las del Presidente en Naciones Unidas respecto a las conversaciones sobre Malvinas; la de la canciller Malcorra diciendo que -después de su derrota en la candidatura a Secretaria General en Naciones Unidas-“empezaría a trabajar a tiempo completo” o la más reciente de Macri pidiendo que se juzgue su tarea de gobierno a partir de ahora… diez meses después de haber asumido. En esa tesitura particularmente desubicadas fueron las del ministro de Educación instando a “una nueva conquista del Desierto” y la más reciente descalificando los planes sociales para jóvenes al decir que “sirven para comprar balas” (sic).
Con toda la carga de singularidad, y hasta de exabrupto o ridiculez que tienen esas expresiones, nunca se había mezclado el quehacer político con la trascendencia espiritual, fiando los problemas materiales que nos acechan y acosan a una voluntad superior. Esa excepción acaba de ser cumplida por el ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable al quejarse por la reducción del presupuesto para su cartera.
Es que el rabino Sergio Bergman, titular de ese ministerio, admitió de hecho el gran riesgo que implica esa quita para la prevención y combate de los incendios forestales, una amenaza siempre latente en las regiones boscosas de Argentina y que se cuenta entre los sucesos que más afectan y trascienden al medio ambiente.
Lo singular, sorprendente y hasta asombroso es que, no se sabe si con resignación o ironía pero evidentemente cansado de lidiar -y ser derrotado por las cosas terrenales representadas por el escaso presupuesto que le asignan- el religioso ha dicho en referencia a aquel riesgo, textualmente, que “Para el próximo verano lo más útil que podemos hacer es rezar”. La frase fue vertida durante la visita del ministro a las provincias patagónicas, generalmente las más afectadas por los siniestros que ocurren en su franja boscosa occidental, donde se nutre el recurso turístico.
Al margen de provenir de alguien que seguramente tiene en la oración una de sus herramientas personales, resulta asombroso que esté motivada por una falta de recursos de su ministerio para abordar catástrofes que hasta cierto punto son previsibles y evitables. Si la expresión nace desde el fondo de su fe es comprensible, pero si está originada por la falta de apoyo económico, si quien habló es el funcionario político, cobra una carga de ironía formidable y se trasforma en una durísima crítica al gobierno salida desde su mismo seno. Esta última presunción se ve reforzada con otra declaración en el mismo contexto, aunque ésta de mayor índole terrenal: “No veo en el corto plazo que tengamos la envergadura de lo que necesitamos en el próximo verano (…) El Gobierno nos redujo el presupuesto general y nosotros lo queríamos ampliar”.
Las quejas por las disminuciones presupuestarias son habituales pero en este caso sorprendería que provenga de un ministro y que tenga una marcada carga de sutileza metafísica. La frase se suma, claro está, a las de notable singularidad que mencionábamos al principio.

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