Fronteras en estado de guerra y desbordada por los refugiados

TURQUIA Y UNA ZONA CALIENTE EN MEDIO ORIENTE

Turquía se ve involucrada abiertamente desde hace unas semanas en la guerra contra el EI y los kurdos en Siria e Irak y por lo tanto se ha decretado el estado de alerta máxima en todo el país.
Carlos del Urabá*
El gobierno turco de Erdogan ha decidido bloquear la frontera sur en un intento por detener el flujo de voluntarios que desean sumarse a las filas del Estado Islámico (EI) y las milicias kurdas. Turquía se ve involucrada abiertamente desde hace unas semanas en la guerra contra el EI y los kurdos en Siria e Irak y por lo tanto se ha decretado el estado de alerta máxima en todo el país. Por tal motivo existe un férreo control en las carreteras y aeropuertos para identificar a los extranjeros que se dirigen a las ciudades limítrofes con Siria e Irak. Su acceso está restringido sino acreditan un correspondiente permiso o documentación que justifique su presencia en la zona. A pesar de que Turquía desde el inicio del conflicto sirio intentó mantenerse al margen ahora se ha comprometido -presionada por EEUU- a unirse a la coalición internacional que lucha contra el EI. Turquía es un país integrante de la OTAN y por lo tanto debe cumplir con las obligaciones que le exigen sus aliados.
Y es que sobre el campo de batalla los kurdos van ganando terreno y se hacen cada vez más fuertes en Irak y también en Siria. Esta es una circunstancia que no le conviene a Turquía pues los kurdos reclaman un estado independiente y parte del mismo se encuentra en su territorio.
En Turquía el 15 o 20% de la población es de origen Kurdo y se localiza principalmente en el sureste de la península de Anatolia (Kurdistán). Los kurdos son un pueblo sin estado de unos 30 millones de habitantes repartidos en un marco geográfico que se extiende por Irak, Irán, Turquía y Siria.

Guerra civil.
El resultado de las últimas elecciones legislativas en Turquía es bastante aleccionador ya que la victoria del Partido Democrático de los Pueblos pro Kurdo y de izquierdas -que obtuvo un 10% de la votación- le ha restado la mayoría absoluta al partido Justicia y Desarrollo de Erdogan. Una afrenta imperdonable que la cúpula gobernante no está dispuesta a tolerar.
El PKK ante los bombardeos indiscriminados de la aviación turca contra sus bases y campamentos ha decidido romper la tregua unilateral de alto el fuego que había establecido en el año 2012. El líder supremo del PKK Ocalan, quien tras ser detenido en Kenia en 1999 con la colaboración de los servicios de inteligencia turco, la CIA y el Mossad y luego juzgado por los tribunales que lo condenaron a muerte -aunque la sentencia le ha sido conmutada por la de cadena perpetua- dijo en el 2013 desde la prisión que el PKK debía renunciar a la lucha armada para centrarse en la vía política.
No se puede descartar que la guerra civil, que en los últimos 30 años ha causado más de 45.000 muertos, vuelva a reactivarse. La persecución del ejército turco contra al pueblo kurdo ha sido feroz y despiadada cometiendo un atroz genocidio que intenta encubrir bajo el argumento de “lucha antiterrorista”.
Los combatientes del PKK han tenido que nuevamente empuñan las armas iniciado una campaña de atentados (en Silopi, Sirnak, Siirt y siete ataques armados en Estambul atribuidos a grupos de extrema izquierda) con el objeto de intimidar al gobierno de Erdogan.

Guerra total.
A raíz de las conversaciones de paz el PKK retiró los guerrilleros de Turquía aunque ahora con la escalada bélica es muy probable que retomen sus antiguas posiciones. Los peshmergas kurdos iraquíes y las Unidades de Protección Popular de los kurdos de Siria igualmente sufren los bombardeos de la aviación turca a pesar de que son una fuerza de choque que se enfrenta en primera línea de fuego al EI. Como es muy bien conocido el caso de la ciudad mártir de Kobane donde en sus alrededores todavía se libran feroces combates. Una muestra más de la inestabilidad reinante fue el atentado cometido por el EI en el mes de julio en Suruc contra las oficinas de reclutamiento de los kurdos y que se saldó con 33 muertos y más de 100 heridos. La respuesta del gobierno turco no se ha hecho esperar declarando “la guerra total al terrorismo” con una oleada de ataques aéreos sobre las posiciones del PKK en Irak y Turquía y también de los yihadistas en Siria.
Turquía como miembro de la OTAN tiene muy claro cuáles son sus intereses geoestratégicos. De ahí que el gobierno de Erdogan, ante las amenazas terroristas, haya tomado la decisión de atacar el EI en Siria e Irak con el objeto de crear una franja de seguridad en la frontera. Los EEUU y el gobierno turco entrenan a las milicias del ELS (Ejército Libre Sirio) que serían las llamadas a ocupar esta franja y frenar así el avance de EI, Ansar al Sunna y el frente Al Nusra de al Qaeda.
Mientras tanto el presidente del Kurdistán iraquí -gobierno regional kurdo protegido por los EEUU- Masud Barzani anuncia que en los próximos meses convocará un referéndum de independencia del pueblo kurdo ya que “Irak es un país dividido y en vías de extinción”. Este referéndum cuenta con el beneplácito de Gran Bretaña, Francia y EEUU pues los kurdos iraquíes o peshmergas entrenados por la CIA ha cumplido con un heroico papel en su lucha contra el EI.

Economía para la guerra.
El EI se financia en parte gracias a los catorce pozos de petróleo que posee en Irak y Siria que producen 100.000 barriles diarios. Lo que se traduce en unas ganancias de 4 millones de dólares diarios. Turquía importa gas y petróleo del Kurdistán iraquí e igualmente se surte del tráfico de petróleo de los pozos que controla el EI (especialmente en Mosul). Gracias a la cooperación de intermediarios turcos, kurdos e iraníes ese petróleo incluso puede estar llegando hasta Europa.
El EI vende el petróleo a precios de saldo y cuentan con una extensa red de proveedores que los distribuye en camiones. Se da paradoja que el régimen sirio de Bachar Al Assad también se beneficia de estos envíos.
Pero quizás el negocio más lucrativo sea sin duda alguna el contrabando de armas. La demanda de munición y arsenales bélicos por parte de las distintas facciones enfrentadas es constante y pagan cualquier precio por obtenerlas. De ahí que exista una extensa red de tráfico de armas procedentes del Líbano, Turquía, Irak, Jordania, Irán, Qatar, Arabia Saudita, Israel, Rusia, EEUU, China y un sinfín de países e intermediarios imposibles de identificar. De esta forma la guerra se perpetúa y el desastre humanitario se hace cada día más pavoroso.

Refugiados.
La situación política de Medio Oriente se encuentra en uno de los peores momentos de su historia. Nosotros ya reseñamos en el año 2012 cuando visitamos el campamento de refugiados de Zaatari en Jordania -donde se hacinan más de 160.000 sirios dependientes por completo de la ayuda humanitaria que les brinda la ONU y las ONGs- que los refugiados no se iban a conformar con sobrevivir en medio de un maldito arenal donde no hay más que culebras y alacranes. Los refugiados Sirios repartidos entre Jordania, el Líbano, Turquía, Egipto o Irak ya se elevan casi a los cinco millones, a los que hay que sumarle más 7 millones desplazados internos. ¿Deben resignarse a ser esclavos de la miseria y el hambre? Buscan paz y seguridad que son derechos humanos inalienables.
Como era de prever esta crisis humanitaria sin precedentes que no ha podido ser atajada por los organismos internacionales tales como la ONU o la Liga Árabe ya se encuentra a las puertas de Europa.
Turquía ha invertido más de 5.000 millones de euros para atender a 300.000 refugiados sirios estos últimos cuatro años (son en realidad 1.300.000 más aunque no cuentan con el estatuto). Pero hace tan solo unos días el gobierno turco anunció que se le agotaron sus recursos y que no puede acoger a más refugiados.
Seguramente ese presupuesto lo necesitan invertirlo en la guerra como lo hemos podido comprobar in situ con el impresionante despliegue de miles de soldados, tanques, artillería pesada, aviones y helicópteros.
El paso de los refugiados por la frontera turca es constante y los campos de refugiados se encuentran al límite. No se sabe a ciencia cierta cuántos son aunque se calcula pueden superar los dos millones. Lo han perdido todo; su casa, sus bienes y patrimonio. Además los pueblos y ciudades han sido prácticamente demolidos y las infraestructuras colapsadas. El éxodo de miles de familias que huyen cargando unas cuántas maletas donde guardan celosos sus pocas pertenencias que han podido rescatar es algo que hiere el alma. ¿acaso ellos no tienen también derecho al futuro?
La política del gobierno turco es deshacerse de una carga social tan insoportable y los conminan a marcharse rumbo a la Unión Europea (Grecia o a Bulgaria).
En todo caso ningún sirio o iraquí, kurdo o afgano va a conformarse con seguir pudriéndose en un campo de refugiados o engrosando los cordones de pobreza de las grandes ciudades. En Turquía su destino no es otro que surtir el mercado de mano de obra barata o ejercer la mendicidad en las calles.
Los refugiados no sólo proceden de Siria e Irak sino también de países como Afganistán, Libia o Somalia donde la situación social es igualmente calamitosa. Su meta es Europa, esa Europa próspera y moderna que sale en la televisión y en las películas. En Europa, supuestamente, podrán asegurarse un porvenir y sacar adelante a sus familias e iniciar una nueva vida y obtener una nueva identidad que los dignifique. O sea, recuperar su condición de seres humanos. Ese es un sueño al que difícilmente van a renunciar. Y no habrá obstáculos geográficos, ni ejércitos o muros que los detengan. Por la costa Libia vía Italia, por Túnez, por Ceuta y Melilla o por las islas griegas del Mar Egeo, por tierra, mar y aire seguirán infiltrándose en el continente europeo.