Función del dato en el proceso de humanizar

Señor Director:
Al momento de escribir no se sabe si el amparo otorgado por una jueza local ante una traba al derecho básico de informar, será o no apelado.
Apruebo que nuestro diario haya presentado tal recurso y me he sentido expresado por la decisión judicial conocida.
El libre acceso a la información es una de las bases, si no la principal, del sistema democrático para ordenar el gobierno de una sociedad. La información no es un entretenimiento intrascendente. Si nos remontamos a la historia, vemos que es también, una forma de poder o un recurso necesario para acumular poder.
Hay una palabra que es pertinente para abordar el tema en la forma que me es habitual: oscurantismo.
En la historia de la educación se llama oscurantista a la etapa de resistencia a la universalización de la enseñanza. Quienes conocen este relato saben que costó tiempo y energías llegar al sistema educativo de nuestro tiempo. Condorcet le recordó a la aristocracia que su oscurantismo acerca de los problemas sociales fue la causa de la Revolución Francesa, que costó la vida de reyes y aristócratas. Más cerca, Nietzsche estimaba que “el elemento esencial del oscurantismo no es que se quiera oscurecer la comprensión individual sino que se quiera ennegrecer nuestra imagen del mundo y nuestra idea de la existencia”.
La historia es el relato de la lucha por la apropiación del saber, no ya por una clase dominante, sino por todo individuo humano. Puede que alguien pregunte cómo el ocultamiento de un accidente de tránsito o un homicidio pueden oscurecer la mente de la mayoría, pero lo que sucede es que somos parte de una comunidad y que la comunidad es también un logro histórico nunca completo, Como partes de esta cosa común, que es básica para la organización social democrática, necesitamos estar comunicados con los otros protagonistas: lo que le sucede a Fulano puede que se repita con uno o varios Mengano, de modo que tal saber permite hacer de la experiencia un bien común. Cuando se prohíbe, limita o se oscurece la información, trabajamos en sentido contrario a la comunidad. El hombre ha superado la animalidad en la medida en que fue capaz de compartir saberes y recursos con los otros y ha llegado a comprender que la convivencia unida al reconocimiento de la igualdad es lo que nos ha permitido alcanzar índices de libertad personal que hubiesen sido imposibles de vivir aislados por no aceptar que todos dependemos de todos. Por eso leemos las noticias, aunque no se relacionen con nuestras necesidades actuales. Lo que le pasa al otro es siempre algo también mío, porque somos con el otro.
Me pregunto por qué se pudo haber dispuesto no dar información en el nivel policial, que es la primera intervención ante el acontecimiento y la que inicia un proceso que culminará en el poder judicial. Es cierto que suele haber detalles escabrosos que generan la tentación de ocultarlos o disimularlos, pensando que el lector puede ser un individuo no desarrollado, un menor o alguien que ha quedado al margen de la educación. Para eludir ese riesgo hay maneras de elaborar el relato, pero eliminar la información significa que se tiene por cierto que la masa social debe ser excluida de la deliberación y, por ende, de toda participación protagónica. Asimismo, hay casos en los que miembros de las fuerzas de seguridad o de la justicia, ante la notoriedad que da conocer un suceso notable de primera mano, ponen su persona como intermediación necesaria para saber o para entender. Estos excesos son frecuentes y se ensaya corregirlos con advertencias o críticas, pero no alcanzan para justificar la exclusión de la masa social del conocimiento de lo que, al cabo, es el equivalente del dato, a partir del cual se construye el saber.
Recalco la voz oscurantismo, oscurantista, porque da cuenta del mayor obstáculo a superar para construir lo social, lo colectivo, sin extinguir al individuo.
Atentamente:
Jotavé

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