Fundamentalismo.

COSAS QUE PASAN

En la segunda mitad del siglo pasado la irrupción del Estado de Israel en el conjunto de naciones fue observado con cierta simpatía por buena parte del mundo. Aparecía como reivindicación -aunque arbitraria- ante el genocidio sufrido por los judíos en el auge nazifascista y el nuevo país se mostraba como un experimento social armónico, donde convivían ideologías diversas. En nuestro país los sectores progresistas apoyaron aquel proceso político social, por más que se había concretado en desmedro del pueblo palestino, el que fue olímpicamente ignorado en el arrebato de sus tierras. Pero bastaron unas pocas décadas para que aquella visión idílica se hiciera trizas con el avance de la derecha israelí en el gobierno y el apoyo incondicional de EE.UU. Los avances de las ideas fundamentalistas se tradujeron en matanzas de palestinos (la mayoría civiles indefensos) a manos de un ejército que hasta incorporó armas nucleares.
Los fundamentalistas judíos demostraron haber aprendido bien poco de las tragedias de la historia al darle a los palestinos similar tratamiento al que ellos sufrieron bajo el horror del nazismo. Desde hace unas semanas se vive en un clima de alarma ante la ola de agresividad de ultranacionalistas religiosos israelíes, con atentados incendiarios en los que murieron varios palestinos, entre ellos un bebé. Un dirigente de esos grupos, citando a un teólogo judío del medioevo, propuso que las iglesias cristianas “y otros centros idólatras pueden ser quemados”. Un diputado de la derecha religiosa del Parlamento rompió un ejemplar del Nuevo Testamento cristiano, arrojándolo a la basura y alegando que “este libro abominable galvanizó el asesinato de millones de judíos durante la Inquisición y en los autos de fe”. El legislador consideró una provocación el hecho, habitual, de que las sociedades bíblicas de Tierra Santa envíen ejemplares del Libro a los diputados. Para que no queden dudas, el acto fue realizado ante las cámaras de televisión.
Semejante muestra de fanatismo y ferocidad causó alarma en las comunidades cristianas que viven en Israel, tanto por el agravio directo como por el giro político a la derecha que avala la creencia de que el país está fuera del alcance de la ley internacional. Al margen del campo de la política, la significación espiritual del territorio israelí es mucha y hasta el mismo Vaticano está implicado en acuerdos de custodia a los llamados “lugares sagrados”. Dentro de Israel se observan manifestaciones críticas frente a este estado de cosas, especialmente por parte de los sectores de la izquierda política, que acusan al aparato estatal de proteger y dejar actuar a los grupos violentos porque favorecen su política expansionista. (RAM).