Ganadores y perdedores en una litis no definida

Señor Director:
En el curso de la pasada semana el diario New York Times publicó una nota editorial, en la que dice que el caso argentino “no tiene ningún vencedor, pero sí muchos perdedores”.
Se refiere al pleito iniciado por el “fondo de inversión” Elliot Management contra el Estado argentino en un tribunal de Nueva York, un asunto que desbordó rápidamente el ámbito inicial, dicho esto porque otros fondos buitre se sumaron a la demanda y porque el universo de los tenedores de bonos de esa deuda quedó de hecho en expectativa de beneficiarse si la demanda prospera desde el núcleo reconocido por el juez neoyorquino (el pari passu: igualdad de condiciones). Que no haya un vencedor y sí muchos perdedores cobra sentido si se tiene en cuenta que los efectos del pleito se hacen sentir en el universo entero de las deudas soberanas, es decir, de los estados que contraen deudas por haber solicitado créditos. De hecho, el pleito ha obligado a replantear las condiciones en que se acuerda ese tipo de deudas en default, habida cuenta que los fondos buitre no marcaron su presencia al entablar el juicio aludido sino tan pronto la Argentina se declaró incapaz de pagar tanta deuda y acordó con notable mayoría de los poseedores de bonos (los que aportaron dinero para esos préstamos). Una sustancial mayoría de bonistas aceptó en 2005 la oferta del gobierno surgido en 2003 y desde entonces, hasta que la justicia de Estados Unidos emitió un fallo que favorece a los “buitre”, se ha estado pagando regularmente según lo comprometido. Los buitre iniciaron su trabajo comprando los bonos cuyos propietarios no dieron su conformidad, a partir de lo cual litigaron contra el Estado argentino, planteando embargos que tuvieron notoriedad con el caso del buque escuela, retenido en un puerto africano. Los buitre fueron de juez en juez, hasta dar con uno, en Nueva York, que les dio la razón al tiempo que colocó a la Argentina ante una exigencia de imposible cumplimiento, pues los buitre reclaman el pago en las condiciones convenidas de origen y si se les hace ese pago, entonces, por la cláusula pari passu, hay que pagarles lo mismo a los bonistas que acordaron cobrar con una quita sobre el contrato original con más los intereses acumulados. En esta situación, la Argentina vendría a quedar en peores condiciones que hasta el momento en que declaró el default de principios de este siglo.
¿Quiénes serían los perdedores de mantenerse el fallo neoyorquino? La Argentina, desde luego, pero también toda nación con una deuda soberana desmesurada. Y son muchas, en especial desde la crisis que comenzó en 2008 y cuyos efectos se prolongan hasta hoy. Los ganadores serían, en primer lugar, los fondos buitre y, luego, en menor medida, todos los contribuyentes que compraron los bonos ofrecidos por gobiernos argentinos entre los 70 y el fin de siglo.
Esta singularidad de un estado de cosas terminó de tomar forma con el fallo de un tribunal de Nueva York. La injerencia judicial norteamericana estaba aceptada en el contrato inicial para los posibles contribuyentes que confiaran en otras jurisdicciones.
Abrevio aquí este relato para decir que la Argentina se ha rehusado a aceptar el fallo y ha logrado un apoyo internacional muy significativo, al punto de que las Naciones Unidas están trabajando en nuevos fundamentos para los casos de deudas soberanas en default. El motivo de esta conmoción es, como dice el editorialista neoyorquino, que este fallo contra la Argentina “les da a los bonistas una razón para no entrar en futuras reestructuraciones de deudas internacionales”. Se podría decir que la Argentina, al objetar el fallo, ha ganado una causa para las naciones, pero no para sí misma.
El New York Times cierra su comentario con una frase significativa: que así será, ganarían los buitres y el universo de acreedores: “si el fallo se cumple”. Y eso es lo que sigue en debate.
Atentamente:
JOTAVE