Genocidios y variedad de medios para la matanza

Señor Director:
Produjo alguna sorpresa el voto del parlamento alemán, el pasado jueves, por el cual se reconoce que el tratamiento dado por lo que es hoy Turquía a los armenios, en l915, al expulsarlos del territorio que les había pertenecido, se configura como un acto de genocidio.
El voto fue concluyente. Solamente un legislador se pronunció en contra. La reacción del gobierno turco, indignada, fue inmediata.
Si bien el actual gobierno pudo entender que lo sucedido con los armenios no es de su responsabilidad, puesto que ha pasado todo un siglo, sucede que, si bien Armenia se ha constituido como país independiente en el territorio que le quedó, quedan armenios en el territorio turco que son políticamente contrarios al gobierno turco de Ankara y éste ha negado insistentemente que haya existido un genocidio porque esto podría llevar a que reclamen un estatuto especial y alguna forma de compensación.
Para entender el tema conviene recordar que en l915 todavía existía el Imperio Otomano, un vasto territorio que tomaba partes de Europa Oriental, la zona que es actualmente Turquía, más tierras de Oriente medio. En l915 Turquía participaba de la I Guerra Mundial como aliado de Alemania, cuyo gobierno de entonces no se sintió llamado a decir algo acerca de la suerte de la comunidad armenia. Alemania ha tardado un siglo y un año en entender que debe calificar esos hechos como genocidio: “el exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad”. Suele decirse que “más vale tarde que nunca” y en este caso valdría decirlo porque daría cuenta de un reconocimiento del erróneo silencio anterior y una voluntad de ordenar la conducta nacional con nuevos parámetros.
He comentado más de una vez el caso armenio, sobre todo cuando se cumplió el centenario, en 2015. De acuerdo con los relatos que he podido leer creo que se trató de un genocidio.
La eliminación sistemática, hasta el exterminio, puede haber existido, pero rara vez se ha consumado en la historia. Como intento y como acción ordenada a terminar con una comunidad, es un crimen que se ha repetido a lo largo de los milenios. Cuando se dijo que “el hombre es lobo para el hombre” (homo homini lupus) se expresó una verdad cruda, lacerante, pero que da cuenta de un comportamiento que, por repetido, revela una ilimitada disponibilidad para el mal. También la acción alemana de la II Guerra con respecto al pueblo judío y al pueblo gitano, califica como genocidio. Los campos de concentración con sus cámaras de gas fueron, en esta ocasión, apenas una variante de los métodos utilizados en otros intentos. Si hoy pudiésemos decir que ya no habrá más genocidios sentiríamos que hemos ganado una batalla contra el mal. Pero, ¿quién puede decirlo?
Arriba mencioné el genocidio del pueblo gitano, también ensayado por la Alemania de Hitler. Ahora, por la noticia que a veces se filtra, sabemos que los gitanos son expulsados de las naciones europeas de occidente, buscando que retornen a sus lugares de origen, donde no son esperados ni aceptados por las nuevas comunidades nacionales que allí se han instalado. ¿No estamos, pues, ante un genocidio continuado contra un pueblo que es mirado como diferente porque difiere en algunas costumbres y porque esa diferencia no se considera compatible con la cultura que presumen tener quienes lo expulsan? ¿Y qué pasa ahora con el pueblo kurdo al cual no quieren ni los iraquíes ni los sirios ni nadie le abre las puertas?
No preguntemos qué pasó con las poblaciones aborígenes de América ni preguntemos sobre las formas de ocupación y de dominio que se aplicaron durante el largo periodo colonial en todo el mundo y particularmente en África y Asia. ¿Y qué decir de los migrantes o refugiados que hoy se arrojan al Mediterráneo por ver si del otro lado alguien les espera con las puertas abiertas?
Atentamente:
Jotavé

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