Gente de Lynch que ya enfrenta juicio necesario

En uno de los desgraciadamente tan repetidos femicidios, en mayo de 2015 la joven Katherine Moscoso “desapareció” y días después sus restos fueron hallados en un terreno medanoso (enterrados) en la ciudad balnearia de Monte Hermoso, en la costa sur bonaerense.
Este crimen, que queda finalmente sin esclarecer, fue atribuido por familiares y vecinos de Katherine a un hombre mayor, llamado Juan Carlos González, que residía cerca del sitio donde hallaron los restos. Algunos de esos familiares fueron hasta la vivienda de González, ya acompañados por otros vecinos (mientras un grupo mayor los seguía aunque en el papel de espectadores). Sacaron a González de su casa a los gritos y comenzaron a golpearlo, derribándolo sin cesar de descargar sus golpes, mientras gritaban “asesino” y anticipaban que “lo vamos a violar”. Llegaron policías cuando ya le bajaban los pantalones y trataron de disuadir a los cabecillas de la turba, pero los mismos policías fueron golpeados mientras proseguía la agresión. Una ambulancia no pudo llegar hasta el lugar. Finalmente González quedó en el suelo, malherido, cuando fue recogido para llevarlo al hospital, ya sin vida.
La policía tiende a admitir alguna participación del hombre linchado, pero avanzó más la hipótesis de que la autora fue una amiga de Khaterine, quien le habría abierto el cuello de una cuchillada “por celos”. Luego la asesina pudo haber recabado la ayuda de González para hacer desaparecer el cuerpo. Esta mujer no pudo ser llevada a juicio por su avanzada “incapacidad intelectual”. De la turba, fueron detenidos y acusados siete individuos. El juicio se estaba desarrollando en Bahía Blanca al momento de redactar esta nota.
La llamada “ley de Lynch”, versión del ojo por ojo, diente por diente, ha reaparecido en la Argentina en estos últimos años. Si bien los casos más notorios se produjeron en Rosario, el de Monte Hermoso tiene todos los rasgos popularizados por el far west de Estados Unidos (y el cine). Una variante, infortunadamente repetida, es la que se produce por acción de policías, ya organizados en bandas, ya como consecuencia de la tendencia a eliminar sospechosos.

Policías.
Casos recientes de policías que hacen uso abusivo de armas y luego tratan de armar un escenario para acusar a la víctima, se alternan con el de mayor resonancia que los muestra constituidos en organización criminal para realizar asaltos o para imponer contribuciones mensuales a comerciantes de su jurisdicción, titulándolas como protección especial.
El hecho más reciente afecta al titular de la comisaría 18° de la policía de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), que ha sido desplazado y puesto en disponibilidad. En el proceso investigativo se allanó la propia sede policial (zona de Constitución) donde fueron hallados 50.000 dólares y una cantidad importante de pesos que no constaban en los informes. El comisario Julio Alfredo González y otro policía de la seccional van a juicio. Poco antes en otra seccional de la CABA hubo que remover a los principales por coimear al comercio.
Más notorios fueron los casos de dos jefes: el de la CABA y el de la provincia de Buenos Aires, removido de sus cargos. El primero, José Potocar, lucía el antecedente de un período de formación en un centro de los Estados Unidos. Debió renunciar y su decisión fue aceptada. También el bonaerense terminó renunciando (o renunciado) ante acusaciones varias, entre ellas la insistente de la diputada Carrió, aliada del gobierno Pro.

Sirios.
Dos familias sirias, que habían llegado a la Argentina meses atrás y se habían radicado en Córdoba, resolvieron retornar a su país. Explicaron que no podían vivir con una economía tan inestable, que produce aumentos de precios todos los días. Estas manifestaciones provocaron una oleada de respuestas en la red virtual. Hubo quien dijese; “Que se vayan a morir a Siria, aquí no los queremos”. Otras familias de refugiados sirios acaban de llegar a Chaco.
Jotavé