Golpe a la ciencia

El cierre de una de las empresas argentinas dedicadas a desarrollar y aplicar técnicas espaciales (STI, Servicios Tecnológicos Integrados) agrega un nuevo galardón negativo a la administración macrista. Esta vez el cierre de las persianas ocurrió por la falta de pagos de los organismos oficiales, lo cual sumó otra evidencia del supino desinterés gubernamental por el desarrollo de la ciencia y la tecnología en nuestro país.
La compañía había aportado su larga y reconocida experiencia para que Argentina ingrese al selecto grupo de países capaces de fabricar satélites de alta complejidad y eficiencia, por más que debiera colocarlos en órbita en cohetes espaciales ajenos. Con el cierre de la empresa nuestro país resigna su participación en ese grupo, apartándose de la búsqueda de la independencia tecnológica que había desarrollado. Detrás de esta aciaga noticia, claro, está no solamente el desinterés del gobierno, también la rapiña que plantea el presupuesto dictado por el Fondo Monetario Internacional.
Con este cese de actividades la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conea) recibe un muy duro golpe a su ya maltrecha estructura, avalada por una ley nacional que el gobierno desoye olímpicamente. Después de todo, esta nueva calamidad reconoce un antecedente muy claro en la recordada frase del presidente de la Nación cuando, al referirse a la inversión destinada a sostener al Invap -organismo pionero en los más modernos desarrollos tecnológicos-, dijo de los contratos rubricados con el Estado Nacional que “no estaba la plata y ellos fueron firmados en la época de la magia”, aludiendo despectivamente, como de costumbre, a un acto del gobierno anterior. Toda una definición de la importancia que el macrismo le otorga al desarrollo tecnológico nacional.