Gran verso I

COSAS QUE PASAN

Las denuncias de corrupción despiertan, lógicamente, la irritación de la gente. Lo saben muy bien los grandes medios de comunicación a la hora de demoler a los dirigentes o fuerzas políticas que no comulgan con sus intereses. Las acusaciones del Grupo Clarín contra Martín Sabatella por “desviar” dineros de la Afsca en favor de su fuerza política, Nuevo Encuentro, arreciaron tiempo atrás en todos sus medios satélites (que no son pocos). Ahora, un fallo judicial determinó que no hubo ilícito sino aportes “sin coacción y en forma voluntaria” de los afiliados como funcionarios públicos, tal como lo permiten los estatutos de ese espacio al igual que los del PRO, la UCR, el PJ, etc. Claro que la aclaración ocupó un espacio mínimo respecto de la acusación inicial. La mentira tiene patas cortas, pero causa mucho daño político.

Gran verso II
Con tal de tirarle piedras (y otras cosas más malolientes) al gobierno anterior, en el macrismo no se hacen demasiado problema a la hora de dibujar números. Eso pasó con el “crecimiento cero” del último año del gobierno de CFK que luego el propio Indec se encargó de desmentir. El crecimiento no fue “cero” sino del 2,1% del PBI. Y en un escenario global de bajo crecimiento de todos los países, incluso los desarrollados. Otro dibujo fue el del déficit fiscal. Según Alfonso Prat Gay, fue del 7% el año pasado. Pero ahora, y con datos oficiales, el periodista económico Alfredo Zaiat, descubrió que fue mucho menor, apenas el 1,9%, entre los más bajos de la región y el mundo. Si las mentiras tuvieran en los funcionarios macristas el mismo efecto que en Pinocho, en lugar de pañuelos deberían usar sábanas para pasar los resfríos de este crudo invierno.

Gran verso III
La detención de José López con casi nueve millones de dólares, armas y joyas parece que no fue suficiente para los funcionarios ávidos de notoriedad y los medios oficialistas. Como si no fuera tan grave lo sucedido con ese funcionario corrupto y se necesitara un estímulo extra, se afirmó que el ex funcionario K había querido sobornar a los policías que lo detuvieron con unos cuantos fajos de dólares, para que lo dejen escapar. La versión se repitió a los cuatro vientos hasta el cansancio. Pero después, ante el fiscal que investiga, los policías desmintieron absolutamente el episodio. O sea: otra tremenda mentira. Y otra vez la aclaración apenas si se pudo ver con lupa en los grandes medios. Por suerte hay todavía algunos que no practican el ultraoficialismo M ciego, sordo y mudo. (RAM).

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