Grasa.

COSAS QUE PASAN

Alfonso Prat Gay confirmó que es un muchacho de alta alcurnia y no solo por su currículum. Educado en universidades privadas de Argentina y Estados Unidos, se desempeñó en el J.P. Morgan, en el Banco Central argentino y fue albacea de la familia Fortabat. Pero para recibir el carné definitivo en el club de la aristocracia argentina también hace falta “actitud”. Con su calificación de “grasa militante” a los miles de echados en el Estado (Arsat incluído) terminó de aprobar el test imprescindible para ser admitido en el cenáculo del paladar negro criollo. No está solo, faltaba más. Otro apellido de alcurnia, Bullrich, Esteban, se solidarizó con PG y también disparó contra los “grasas”. Como para que no queden dudas de que estamos hablando de una cuestión de clase. ¡Y pensar que muchos creen que se acabaron las ideologías y que el viejo Marx es cosa del pasado!

Apagón.
Parece que llegó la “solución final” para las estadísticas oficiales argentinas. Cerraron el Indec y a otra cosa; ya no habrá más números de inflación con qué entretenerse en el debate político por mucho tiempo. Tanto que pataleaba la escuadra PRO-UCR contra el Indec desde la oposición y ahora, ya en el gobierno, en lugar de afinar el lápiz y demostrar todo lo que alardeaban, prefirió decretar el apagón numérico. Ante las duras (y justificadas) críticas, el Indec había sido auditado durante el gobierno K por el FMI y cambiado su metodología de medición. Pero ni siquiera esa intervención del organismo financiero, tan venerado por el macrismo, lo salvó de la furia destructora contra todo lo que venga de la gestión anterior. ¿Será que se vienen las negociaciones salariales? ¿Que la inflación se descontroló con el tsunami devaluatorio? ¿Que las recetas antiinflacionarias neoliberales necesitan de estas artimañas? Nada; preguntaba no más.

Herencia.
Varias noticias están llegando de Ataliva Roca por estas horas, y no muy buenas. Primero fue la sorpresa de la flamante estación de servicio que pinchó al mes de arrancar. Inaugurada el 5 de diciembre por la gestión jorgista, ya tuvo que cerrarse por fallas constructivas. Enseguida llegó otra mala nueva: la intendenta Nelli Otamendi enfureció porque su antecesor (Horacio Wilberger, del PJ como ella) le dejó de “herencia” (palabrita muy de moda últimamente) un rojo de tres millones de pesos en las cuentas comunales y otras sorpresas nada agradables: mal estado de los edificios comunales y del parque automotor, ladrillera y huerta municipal abandonados, etcétera. ¡Menos mal que los dos son del mismo partido! (RAM).