Gravedad y descuido

Las recientes denuncias sobre uso de glifosato en nuestra provincia han pasado a tener no solamente un inusual nivel de gravedad sino que demuestran un cierto descuido o indiferencia institucional para con un elemento de tanto cuidado.
Muy a menudo se olvida -con la ayuda de cierta publicidad intencionada-que ese elemento está relacionado con el tristemente recordado “Agente Naranja”, que usaran los norteamericanos en la Guerra de Vietnam para deforestar los bosques y envenenar los arrozales. En esas acciones para nada se consideraron los efectos cancerígenos y teratológicos que causaba y que el país asiático sufre todavía en la actualidad cuando evidencia una alta tasa con nacimientos con deformidades. Este herbicida es producido por una multinacional estadounidense que lo sigue promocionando, y ha llegado a mentir a la justicia de su propio país sobre los efectos nocivos del producto, muy discutidos en varios países.
Ya un par de años atrás el Colectivo Sanitario de La Pampa había advertido sobre un uso desaprensivo del producto (incluso en parque infantiles) y posteriormente consideró muy alarmantes unas lamentables declaraciones de un funcionario provincial de Agricultura en las que calificaba como “excelentes” los resultados de los análisis de agua para consumo humano donde se detectó la presencia de agroquímicos.
Aunque el tema había tomado estado público al comprobarse que en algunos lugares de Córdoba con uso frecuente de agroquímicos la tasa de enfermedades cancerígenas cuadruplicaba la media nacional, en La Pampa la circunstancia no tuvo demasiada trascendencia hasta hace algunos meses, cuando comenzó a exponerse y discutirse en instituciones públicas. La controversia se dio simultáneamente con la barbaridad de que en algunos lugares del país se autorizó a fumigar los campos a escasa distancia de sitios poblados, escuelas entre ellos. También hace pocos días se registró la difundida muerte de una persona relacionada con esa actividad.
Entre nosotros, el problema se evidenció e incrementó con la denuncia de un ciudadano guatrachense por uso indebido del herbicida, lo que motivó la intervención de la Justicia. Las comprobaciones fueron inquietantes, tanto por la cantidad de envases vacíos del herbicida como en la forma desaprensiva en que estaban dispuestos, en plena área poblada.
Hubo, además, otro elemento grave que hace a la parte institucional: se comprobó que el jefe comunal de aquella localidad había alterado la cantidad usada: contra un bidón declarado se opusieron pruebas, consignando que en realidad eran 140 los envases adquiridos por el municipio. En semejante irregularidad también aparecieron las responsabilidades del Concejo Deliberante por la aprobación de los gastos que originó el herbicida.
Cabe destacar que el propio ministro de la cartera de Producción pampeana señaló recientemente que “será necesario de aquí en más analizar qué medidas tomaremos con el fin de que no sigamos contaminando los recursos naturales”. El alerta del funcionario conlleva una autocrítica porque reconoce que las medidas que reclama no existían hasta la actualidad, lo que evidencia un cierto desconocimiento y consiguiente falta de prevención en las áreas responsables de control.
Como se advierte, el panorama sobre el uso de agroquímicos en Argentina es desordenado y peligroso. Sin embargo, el pasado gobierno había dejado un decreto con precisas instrucciones sobre investigación, uso racional y pautas, información y concientización, atención sanitaria y eventual eliminación de los productos. Que se sepa, ninguna de estas medidas ha sido aplicada.
¿Serían -también-parte de la “pesada herencia”?