Hablan de Venezuela pero no de Colombia

Erika Castaneda* – Un gran número de colombianos piensan que la situación de Venezuela es sumamente grave. Desde su perspectiva, el gobierno de Nicolás Maduro viola los derechos humanos, tiene presos políticos y agrede de manera injustificada a los cientos de venezolanos que de forma permanente salen a las calles para protestar. Esta manera en que muchos colombianos interpretan la situación del vecino país hace que salgan a flote muestras de solidaridad y fraternidad para los venezolanos. Sin embrago, cuando se trata de Colombia la cuestión cambia de forma radical. Frente a la enorme cantidad de líderes sociales asesinados, así como con las huelgas y movilizaciones reina la indiferencia y la apatía.
La diferencia en la forma en que reaccionamos ante lo que sucede allá y lo que pasa acá es tan radical, que resulta legítimo preguntarse cuál es la razón que la justifica. Si bien es probable que no exista una sola razón, considero que, en parte, sea ésta una consecuencia de la manera en que los medios nos informan de los hechos de cada país.
Si prestamos atención en la forma en que los espacios informativos representan la situación venezolana, encontramos que mientras se ridiculiza al presidente Maduro, se exalta la heroicidad de quienes se oponen a su gobierno. Por lo general escuchamos acerca de multitudinarias marchas de valientes estudiantes venezolanos que se enfrentan, pacíficamente, a un gobierno opresor. Si cualquiera de ellos se ubica frente a un tanque del ejército, los medios colombianos, de forma inmediata crean la imagen de un héroe, al que, inevitablemente, comparan con el hombre que en 1989 desafiaba los tanques en la Plaza de Tiananmen. Si Leopoldo López envía algún mensaje a sus seguidores, éste es presentado como una oda a la democracia. Cada vez que Lilian Tintori se reúne con algún presidente o informa, de manera sesgada, sobre su país, tiene asegurado un lugar importante en la agenda informativa.

No es lo mismo.
Cuando se trata de lo que ocurre en Colombia los medios cambian su forma de presentar los hechos. Ante las marchas y las huelgas, los noticieros y periódicos siempre nos hablan de disturbios y bloqueos, de forma que se identifiquen estas manifestaciones con hechos violentos que perturban el orden e incomodan a los ciudadanos. Cuando se menciona el asesinato de un dirigente social se usa una fría estadística que presenta su muerte como un número más, muy pocas veces se dan detalles de su vida o de las causas que lideraba en su comunidad. Si algunos de sus familiares o amigos quiere hacer una declaración pública sobre los hechos que condujeron a la muerte de su ser querido, esta será muy breve y realizada por un sujeto anónimo, al cual nunca volveremos a ver en la pantalla o en la prensa.
Esta comparación sobre el proceder de los medios no tiene como fin deslegitimar las múltiples luchas sociales que se generan en Venezuela. Tampoco se busca cuestionar la solidaridad que las noticias sobre estos hechos puedan promover. El único objetivo que tiene esta comparación es mostrar que si las grandes industrias comunicativas informaran sobre Colombia como lo hacen con Venezuela, tal vez esto habría llevado a que la sociedad exigiera un pronto esclarecimiento sobre los asesinatos de líderes sociales o una negociación justa y rápida entre el gobierno colombiano y aquellos sectores que, a través de la movilización social, reclaman por sus derechos. (Nodal).
N de la R: Los grandes medios continentales tampoco hablan demasiado de México a pesar de los continuos asesinatos de periodistas que se vienen registrando en ese país y de los frecuentes descubrimientos de fosas comunes repletas de cadáveres. Solo en lo que va de 2017, ocho periodistas fueron asesinados mediante el uso de una violencia brutal. Sin embargo las cadenas de la prensa corporativa latinoamericana están lejos de escandalizarse por ello y la situación de extrema violencia social que padecen los mexicanos no se retrata con el mismo énfasis que exhiben ante la realidad venezolana.
*Académica y escritora colombiana.