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Hasta Macri habla ahora de “soberanía”

LA GUERRA DE MALVINAS

En una Argentina gobernada por los CEOs de las corporaciones, y con la economía monitoreada por el FMI, la palabra “soberanía” no forma parte del lenguaje presidencial. Sí está muy presente en amplias capas del pueblo.
IRINA SANTESTEBAN – En el acto oficial de ayer, Mauricio Macri dijo que el reclamo por la soberanía era “legítimo e irrenunciable”. Sin dar precisiones, dijo que había que “avanzar” (sin hablar de recuperar) a través del diálogo, la “construcción de confianza” y el derecho internacional. Como es un año electoral y su imagen se encuentra en abrupta caída, sus asesores se han visto obligados a apelar a conceptos como el de “soberanía”, ajeno al ideario neoliberal que sostiene su gobierno. ¿Será que hasta Durán Barba ha captado que es un sentimiento muy arraigado en los argentinos?
¿ABSURDA O JUSTA? Desde varios sectores, incluso progresistas, se califica a la guerra de Malvinas como “absurda”, condenada al fracaso de antemano, por haber sido un intento de la dictadura militar para salir del atolladero político, económico y social en el que se encontraba. Los reclamos obreros y de organismos de derechos humanos ganaban las calles, y el desembarco en Malvinas le sirvió al dictador Leopoldo Galtieri para que la movilización le fuera amigable.
Es cierto que ese 2 de abril, miles de argentinos y argentinas apoyaron la recuperación de las dos “hermanitas perdidas”, en lenguaje de don Ata. Sin embargo, tres días antes, hubo manifestaciones en todo el país, convocadas por la CGT conducida por Saúl Ubaldini, en reclamo de “Pan y Trabajo”, con represión y detenidos. Desde 1977, la Plaza de Mayo era escenario de las rondas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, a las que cada día concurría más gente, para reclamar por los desaparecidos y denunciar el terrorismo de Estado.
El plan para recuperar las islas fue aportado por el entonces jefe de la Fuerza Aérea, brigadier Basilio Lami Dozo, cuyo asesor era el periodista Mariano Grondona. La errónea evaluación de la Junta Militar fue que Gran Bretaña no tenía gran interés en Malvinas, y que no iba a embarcarse en una guerra. También se equivocaron cuando pensaron que los EE.UU. no iban a intervenir a favor de la potencia británica, en “agradecimiento” por la colaboración prestada por los militares argentinos en la “guerra sucia” que estaban librando en América Central, contra el gobierno sandinista de Nicaragua, y las guerrillas de El Salvador, Guatemala y Honduras.
Sin embargo, ninguna de estas circunstancias justifica la calificación de “absurda” para esa guerra; por el contrario, fue una “guerra justa”, tal como lo define el derecho internacional y las Naciones Unidas, cuando se trata de un conflicto bélico entablado contra una ocupación extranjera.
UNA REMORA COLONIAL. Fue durante el gobierno cavallo-menemista que se puso bajo un “paraguas” la soberanía sobre Malvinas, para volver a tener relaciones comerciales y diplomáticas con Inglaterra. Por más que Macri hable hoy de “reclamo legítimo e irrenunciable”, su política exterior es “desmalvinizadora”.
Es que un reclamo legítimo sobre la soberanía territorial, no puede estar desvinculado de una posición clara sobre los intereses británicos en la Argentina. Por caso, la empresa Shell, anglo-holandesa, es una de las que más ganancias obtuvo desde que asumiera Macri y su ministro de Energía, Juan José Aranguren, con las importaciones de gas vía Chile, y con el aumento de precios de combustibles. La soberanía también pasa por la defensa de los intereses nacionales al interior del territorio.
Es difícil de creer que un gobierno cuyos funcionarios provienen de las gerencias de los grupos monopólicos relacionados con el imperialismo inglés y norteamericano, las dos potencias unidas en el conflicto por Malvinas, vaya a defender el reclamo de la soberanía argentina en los territorios usurpados por Inglaterra.
Malvinas es uno de los 17 territorios no autónomos cuya situación trata el Comité de Descolonialización de las Naciones Unidas. Este organismo fue creado en 1961, para monitorear e impulsar los procesos contra las administraciones coloniales, que eran más de 80 en 1945, cuando se fundó la ONU, en las que vivía más de la tercera parte de la población mundial.
HÉROES. Hubo muchos soldados, suboficiales y algunos oficiales que lucharon heroicamente en esa guerra; a ellos no les cabe esa descalificación de la guerra, aún habiendo sido luego ninguneados por gobiernos y parte de la población.
El soldado Oscar Ismael Poltronieri fue uno de ellos. Es el único soldado vivo que fue condecorado con la máxima distinción de nuestro país: la Cruz de la Nación Argentina al Heroico Valor en Combate. Su accionar en la guerra fue reconocido incluso por las fuerzas enemigas, ya que hasta Gran Bretaña le otorgó también una condecoración.
Sin embargo, recién en los últimos años se ha conocido su historia y fue reconocido en 2014 por la ex presidenta Cristina Fernández, cuando se inauguró el Museo de las Islas Malvinas, en el espacio de Memoria de la ex ESMA. Esos mismos espacios de Memoria que están siendo desfinanciados por el gobierno del PRO-Cambiemos.
La historia del soldado Poltronieri debería formar parte de los contenidos escolares, lo mismo que una visión de la guerra que supere la tristeza por las víctimas y los padecimientos de los soldados en ella.
Es necesario que la reivindicación de los derechos territoriales y soberanos de Argentina sobre las Islas Malvinas, sea algo más que un discurso conmemorativo cada 2 de abril. Claro que al macrismo no le interesa hablar sobre una guerra donde el enemigo era el colonialismo inglés, hoy imperialismo inglés, que dispone de parte de nuestro territorio como una base de la OTAN, amén de robarnos muchos recursos naturales.