Hasta el 15 de mayo, la cúpula agropecuaria va a hacer el mayor ruido político

Después de la negativa del gobierno a aceptar que no paguen las retenciones dispuestas el 11 de marzo, la cúpula agropecuaria mostró los dientes y dispuso una protesta de ocho días. Tiene menor acatamiento que el primer lock out.
EMILIO MARÍN
El detonante de esta segunda etapa de la pelea del campo enriquecido con el gobierno fue la negativa de éste a modificar las retenciones a las exportaciones de soja. Este fue el meollo del asunto desde el 11 de marzo y volvió a serlo el 6 de mayo, cuando fracasó la última reunión entre los ruralistas y el jefe de Gabinete.
La anécdota que siempre pone la nota de color aún en las situaciones más dramáticas fue si Alberto Fernández había dicho o no lo que le endilgaban Eduardo Buzzi y Mario Llambías. Estos juraban que aquél les había reconocido el “problema” o el “error” de las retenciones móviles, y el supuesto autor lo negó de plano. Luego de esta polémica, amplificada por los medios, ya no hubo más reuniones y la cúpula agropecuaria quedó con las manos libres para disponer su “plan de lucha”.
El 7 de mayo se supo en qué consistiría: presencia en las rutas sin cortarlas, no envío de granos, asambleas de productores, audiencias con gobernadores e intendentes, y uso de la escarapela. Los diarios volvieron a utilizar la expresión “paro del campo”, como en marzo y abril, a pesar de que en ningún momento las entidades agropecuarias emplearon la palabra “huelga”. Mal podrían usarla cuando se trata de organizaciones patronales que pagan mal a sus empleados y tienen al 70 por ciento de éstos en la informalidad. Sus “paros”, en rigor lock out, en todo caso, son siempre “tranqueras afuera” porque “adentro” aprietan a sus trabajadores para una mayor plusvalía.
Nunca segundas partes fueron buenas, dice el refrán que el energúmeno de Gualeguaychú debe recordar. Esta vez se nota menor adhesión a la medida. En localidades como 25 de mayo, en Buenos Aires, la asamblea que decidió el “paro” reunió menos de 50 personas. “La Nación”, tribuna de la Sociedad Rural, cronicó que en varias ciudades de la misma provincia en el primer día de protesta había grupos de 20 manifestantes. Incluso en Gualeguaychú, en el mayor acto con dirigentes nacionales y gente venida de otros pueblos cercanos, el acto del viernes reunió sólo a unos centenares de asistentes.
¿Por qué esa baja de las acciones de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, que con Elisa Carrió serían cinco? Una explicación posible sería que ahora se han deslindado muchos productores pequeños y medianos que en marzo fueron arrastrados a las rutas. El gobierno aceptó pagar las compensaciones a quienes exporten hasta 500 toneladas de soja y subsidiar los fletes a quienes estén a 450 kilómetros del puerto, para diferenciar las retenciones según el capital de los productores.
En cambio, para fundamentar su vuelta a las rutas, los dirigentes de la Sociedad Rural, CRA, Federación Agraria y Coninagro plantearon que lo central eran las retenciones. Eso reveló con total claridad el sentido político y de clase de sus demandas, en línea con el modelo sojero exportador que algunos de ellos, como la FAA, dicen rechazar. Cuando se les acerca un micrófono dicen que su programa es vasto: soja, carne, trigo, economías regionales, etc. Pero lo que más les importa, y que galvaniza la unidad de las entidades mencionadas, es oponerse a pagar los impuestos a la exportación de soja. Esto quedó bien a la vista con el lanzamiento de la nueva fase de sus protestas. Que cada quien saque sus conclusiones sobre el supuesto contenido popular de esa medida.

Las maniobras políticas.

A partir del 7 de mayo, con los piqueteros de la abundancia cortando rutas en muchos puntos del país, aunque sin la virulencia delictuosa de antes, era lógico que cada sector buscara anudar las alianzas políticas conducentes a fortalecer su posición.
El gobierno mantuvo su mirilla apuntada a la rentabilidad de los productores más grandes, a los que llamó “minorías egoístas e insolidarias que nunca comprendieron el país ni lo comprenderán”. Así habló Cristina Fernández desde Jujuy, donde inauguró una escuela y dio apoyo a la cooperativa textil Tupac Katari.
El kirchnerismo buscó cerrar filas, para evitar que la cuña agropecuaria le ganara más posiciones que las que tenía de antemano, caso del senador Carlos Reutemann, que fue en su moto todo terreno a uno de los piquetes de Santa Fe para solidarizarse. Luis D´Elía, preguntado sobre el particular, respondió que eso era lógico porque “Lole” es un fuerte productor con 5.000 hectáreas de soja.
La política propiamente dicha tiene un mayor valor en este revival del lock out, pues la cúpula sojera quiere acercar gobernadores e intendentes a su bloque. El lunes será recibida con bombos y platillos por Juan Schiaretti, el cuestionado gobernador de Córdoba, y el jueves llegará a Santa Fe a verlo a Hermes Binner, el socialista aliado de la Coalición Cívica. Carbap presiona sobre Daniel Scioli, al que acusa de ser “funcional” al Ejecutivo para ver si puede atraerlo de su lado.
El martes los responsables del lock out van a ser recibidos en Diputados por un arco de legisladores afines: Coalición Cívica, PRO, Recrear, UCR, Partido Socialista y duhaldistas. Otra muestra de que la jugada actual es más política.
Una jugada inteligente del gobierno fue recibir en Balcarce 50 a cinco organizaciones de campesinos pobres, minifundistas y pueblos originarios. Alberto Fernández dialogó con representantes de Misiones, Formosa, Santiago del Estero, Jujuy y Santiago del Estero, acercados allí por gestión de Hebe Bonafini. Hace tiempo que se formó el Frente Nacional Campesino, integrado por esos movimientos y otros similares del resto del país, que reclaman para sí la condición de campesinos y critican el lock out. También denunciaron varias conductas de los dirigentes de la Federación Agraria, que han promovido desalojos contra familias campesinas menos pudientes como parte de la sojización.
Si a alguien le llama la atención que el gobierno se haya reunido por vez primera con lo que puede ser la punta del renacer de las “Ligas Agrarias” de los ´70, ¿qué decir de la alquimia política de Buzzi con la Sociedad Rural? El titular de la FAA dijo el viernes que “lo más probable es que (15 de mayo) el paro continúe, con más movimiento y hacia la construcción de un gran movimiento nacional”. ¿Un movimiento nacional con la oligarquía? Hasta ahora ese dirigente decía, a modo de justificación, que a la SRA lo unía el espanto, en tono borgeano. Pero ahora idealiza esa unidad en términos de un futuro movimiento político compartido. Es como para creerle a Fernández, de que algunos miembros del Comité de Enlace se volvieron locos.

Dos extorsiones.

En los cortes de ruta habidos entre el 13 de marzo y el 2 de abril, la extorsión a la población fue muy directa. Es que los rentistas y productores no dejaron pasar camiones con alimentos ni materias primas para elaborarlos, con lo que las góndolas y carnicerías se quedaron vacías. Ese desabastecimiento impactó en la gente, parte de la cual había apoyado el lock out en la creencia de que se trataba de una legítima protesta social. Después le llovieron cenizas y un aumento de precios que en buena parte, no totalmente como dice el gobierno, tuvo que ver con esos cortes.
Ahora los dirigentes, sojeros y estancieros tienen una táctica más cuidadosa, de no cortar totalmente, aunque en Gualeguaychú y Jesús María lo han hecho de tanto en tanto. En estos casos no dejan pasar camiones con granos y hacienda en pié, con el argumento en el primer caso de que van a puerto y con ningún argumento en el segundo, o porque a Alfredo de Angeli se le ocurrió.
Habrá que estar atento al mal humor del sojero que arrienda 800 hectáreas de Entre Ríos, porque si antes o después del 15 de mayo decide endurecer los cortes, la extorsión a los argentinos habrá tomado cuerpo otra vez. El valor que dice tener para tomar esas medidas debería demostrarlo diciendo que sí al desafío de D´Elía para sostener una discusión pública con un moderador, que hasta ahora no aceptó.
La otra extorsión, que está en marcha desde el mismo 2 de abril y se hizo más ostensible desde el 7 de mayo, es que los productores tratan de vender menos que lo imprescindible en granos, además de bloquear los puertos para impedir su exportación.
¿Adónde apunta esa jugada? A resentir la economía, procurar su enfriamiento por las vías de hecho, cortar la cadena de pagos, llevar a dificultades a las fábricas de maquinaria agrícola, fomentar suspensiones y despidos allí y en los frigoríficos, y mermar la recaudación fiscal.
Lo dijo con todas las letras Carlos Garetto, el vicepresidente de Coninagro: “las comunidades del interior se van a ver muy especialmente afectadas con esta medida y el desarrollo de la economía local de las poblaciones va a quedar totalmente paralizado”.
Algunos gremialistas, como el titular del sindicato de la Carne, son funcionales a esa maniobra de las clases dominantes. En vez de protestar contra la SRA y la patronal frigorífica concentrada, ponen de blanco a la presidenta y a Guillermo Moreno, el malo de la película.
Dos extorsiones, sumadas a todos los delitos cometidos en el lock out anterior, son mucho para que ninguno de los dirigentes ruralistas tenga siquiera pintados los dedos en alguna comisaría. Por muchísimo menos hay legiones de “cabecitas negras” en las cárceles. ¿Luciano Miguens y los piqueteros de 4×4 tienen coronita?