Hay dificultad para dar un juicio equitativo sobre ciertos sucesos

DOMINICALES

En un Londres todavía convulsionado por la decisión de separarse de la Unión Europea acaba de darse a conocer el demorado informe sobre la intervención del Reino Unido en la guerra llevada contra Irak en mayo de 2003.
Se recordará que esa acción de Estados Unidos y el Reino Unido se produjo poco menos de dos años después del impresionante atentado del 11 de septiembre de 2001. Las dos naciones mencionadas obtuvieron distintos grados de apoyo en el sector occidental porque no resultaba clara la relación que podía establecerse entre esta acción y el acto terrorista, dado que Al Qaida no era una creación iraquí.
El informe inglés sobre aquella decisión del Reino Unido de sumarse a esa acción de guerra de los Estados Unidos, producido por la comisión especial encabezada por sir James Chilcot, dice repetidamente que el primer ministro, el laborista Tony Blair, tomó esa decisión basado “en una certeza injustificable”. Las cartas de Blair a Bush, que también están en el Informe Chilcot, revelan que el primer ministro tuvo dudas y temores y que propuso elaborar un verdadero y nuevo orden posterior a la guerra fría.
El argumento usado para desatar esa guerra se basó en informes de inteligencia que procuraron dar certeza de que el gobierno iraquí, encabezado por Saddam Hussein, tenía “armas de destrucción masiva” y que el ejército de ese país árabe estaba poderosamente equipado.
La amenaza de las armas de destrucción masiva quedó descartada por la misma guerra, porque esas armas no aparecieron en momento alguno y se ha terminado aceptando (antes de este Informe) que fueron un invento para justificar la acción bélica ante la opinión del mundo. Queda por saber si Tony Blair, que obró contra la opinión mayoritaria de su partido, sintió de alguna manera que no se le podía fallar a Estados Unidos, que acudió a la II Guerra ante el reclamo de Winston Churchill. Francia vencida, Europa Occidental en poder de Hitler y un ejército ruso que inicialmente fue arrinconado por las tropas germanas, pero que finalmente se sobrepuso, estaba avanzando hacia Alemania y también hacia extremo oriente, podía significar que la URSS se acercara al sueño zarista de establecerse en occidente. Este estado de cosas dio el argumento a Churchill y probablemente resultó decisivo para provocar la participación norteamericana.

Saldo.
El Informe Chilcot deja sentado que ninguno de los argumentos aducidos para justificar la guerra contra Irak tenía fundamento y resultaron ser erróneos. También da cuenta que esa guerra provocó la muerte de 150 mil soldados iraquíes y más de un millón de civiles desplazados de sus regiones de residencia. También hace notar que murieron 200 británicos.
Lo que el Informe no dice, porque no correspondía a su cometido, es que el saldo también ha incluido la ruina de la nación iraquí, tanto por la enorme destrucción material y las muertes citadas, como porque dio aliento a la reacción de minorías étnicas y religiosas que reclaman tener estabilidad y reconocimiento político en sus lugares de asentamiento.
En estos días, Estados Unidos anuncia que, contra lo dispuesto anteriormente, parte de sus tropas seguirán en territorio iraquí, para apoyar al actual gobierno de Bagdad, que ensaya sin fuerzas suficientes la reconstitución del Estado.
La guerra de Irak incluyó, asimismo, la agitación de todo medio oriente. Cuando se repitió la operación iraquí contra el nación libia, se abrió el camino que ha desarticulado ahora a la nación siria, al tiempo que se ha instalado un Estado Islámico que ocupa territorios sirios y ha podido armarse lucrando con el petróleo sirio y que no ha tenido ni tiene dificultad para hacerse de armamento moderno producido por las potencias vencedoras de la II Guerra más Alemania.

Terror.
El terrorismo ha producido en estos días varios hechos con un crecido saldo de víctimas humanas y daños materiales: en Turquía y en otros países de Medio Oriente y sudeste asiático. También algunos tiroteos en el territorio de Estados Unidos han sido reivindicados por el Estado Islámico. Dado que este grupo panárabe está perdiendo la guerra en Siria, hay motivos para temer más terrorismo.
Carlos Raimundi, secretario general de Solidaridad e Igualdad (FpV, Buenos Aires), propone “Cambiar para erradicar el terrorismo” (en Página/12, jueves 7). Y argumenta que “no se trata del choque de civilizaciones, sino de reconocer el valor de otras culturas y religiones, de su historia, de su padecimiento”. Y concluye proponiendo “el diálogo de civilizaciones sin el cual será imposible erradicar el terrorismo”.
Jotavé

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