Hay que explorar otros horizontes

¿Cuál es la política de promoción industrial de La Pampa y qué resultados ha dado hasta el momento? La pregunta se impone al reflexionar sobre el tercer fracaso consecutivo en la licitación del frigorífico de Bernasconi, que tuviera lugar poco menos de un mes atrás. A primera vista resulta llamativo ese desinterés de la empresa privada (no se presentó ninguna oferta) por unas instalaciones que, aunque pueden tener algún inconveniente, son nuevas, adecuadas a las tecnologías modernas y pueden aceptarse como bien ubicadas. Además están previstas para que puedan readecuarse rápidamente a la preparación de cortes vacunos para la exportación.
Es cierto que el nuevo escenario macroeconómico que se dio en el país a principios del corriente año obligó a un replanteo a los siempre cuidadosos inversores capitalistas, pero desconcierta esa indiferencia ante un negocio de esta clase, en el que generalmente hay una buena tasa de recuperación. Pero el chasco de las autoridades ante la nueva licitación frustrada se emparenta con otros similares en cuanto a ilusiones previas: la curtiembre de La Adela, los lácteos de Anguil, la zona franca de General Pico… Ninguno de ellos dio el resultado que se esperaba o que se había prometido.
Es entendible que el apoyo que a estos emprendimientos industriales dieron distintos gobiernos tiene la misma motivación: desarrollo fundado en posibilidades de trabajo en base a oportunidades favorables al capital privado. Pero esa fórmula, que en algunos casos similares dio buenos resultados en otras provincias del país, en La Pampa no ha prosperado. Acá el Estado invierte dineros públicos pero no los recupera bajo la forma de beneficio alguno. Por cierto que la generosidad oficial, que se ejemplifica en esa y otras manifestaciones, rara vez o nunca se ve compensada solidariamente por los grandes capitales.
Es sabido que el capital no tiene por función la beneficencia ni la acción social pero tampoco el Estado puede caer en la ingenuidad del apoyo irrestricto y el funcionamiento únicamente en las épocas de bonanza. De hecho la Provincia debe tener un mínimo reaseguro por parte de los inversores -y llegado el caso puede crear las herramientas jurídicas necesarias-que evite la instalación de las llamadas “industrias con ruedas”, que abandonan rápidamente cualquier radicación apenas se insinúa una merma de las ganancias.
Esta llamativa tercera frustración en la falta de oferentes para el frigorífico del sur de la provincia quizás sea una oportunidad adecuada para buscar otras perspectivas para el desarrollo de nuestra economía, más audaces o menos convencionales. El gobierno debe tener presente que la actividad agropecuaria actual de La Pampa se encamina hacia un techo de producción y empleo que puede ser un obstáculo muy serio, definitivo acaso. Es necesario, tal como se pensó en otro tiempo, abrir otras alternativas agroindustriales, tanto en las olvidadas e irredentas zonas del oeste como sobre el valle del río Colorado, este último hoy reducido a una expresión mínima, incompatible con sus grandes posibilidades.